David Alarcón Folgado (Valencia, 1968) es un compositor o músico muy particular e independiente en el panorama valenciano y español. Su principal creación está basada casi toda en la música electroacústica y en vez de ser un compositor académico encerrado en su laboratorio o conservatorio, muchas de sus obras son trabajos sonoros o radio teatro para la escena, destacando en los últimos años la realización de unas 20 obras de este estilo para el Institut Valencià de Cultura (IVC).

Joan Gómez Alemany
5 febrero 2024
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Gabi Benito

David también ha trabajado para bandas sonoras de cine mudo, documentales, vídeo, acciones, instalaciones, talleres didácticos, etc. Pero Alarcón no es un músico que viene de la nada. Su trabajo tiene una clara influencia de la escuela francesa de electroacústica, nada más claro que el mismo título de una de sus pieza, en homenaje a uno de los "padres" de la electroacústica francesa: Olvidar Pedro (Homenaje a Pierre Schaeffer). Su lenguaje sonoro es muy variado y ello se debe a su formación con algunos de los grandes referentes. Apuntando algunos datos biográficos de David, aprendió  algo de guitarra y armonía con Ximet Sanz. En Ensems hizo un curso de electroacústica con el sistema UPIC y Alain Despres, de ahí estudió con Gabriel Brncic en el Gabinete de Música Electroacústica de Cuenca, siendo la primera generación que estudió Composición con medios electrónicos e informáticos. También realizó algunos cursos con J. M. Berenguer, E. Polonio, C. Dodge, H. Vaggione, L. de Pablo, C. Haffter, C. Barlow, C. Zulián, F. Kroepfl, G. Becerra-Schmidt, entre otros. En el libreto del disco COLECCIÓN AMEE Volumen 03 donde participa, podemos leer la interesante declaración de Alarcón que nos da varias pistas de sus preferencias sonoras: «Me interesa el grito (como expresión concentrada) y la ausencia (sonoridades que sugieren existencias irreales) y saltos (voladuras y cambios de suelo) y los mares (superposición de formas similares con diferentes evoluciones temporales) y los arrastres (aceleraciones de la fricción) y la celebración y la cualidad de lo sonoro».

El día 5 de noviembre acudimos a la Sala Ultramar a ver la pieza teatral Viva de Begoña Tena, donde David Alarcón realizó una elaborada banda sonora. Hemos de tener en cuenta que en esta pieza solo actúa Begoña, quien también es la autora de la obra, y la música casi es un segundo personaje de la escena, dada la gran importancia que tiene en la pieza. Begoña realiza un largo monólogo en solitario, pero los sonidos y las voces que David emitía por los altavoces en vivo, pueblan el escenario creando un diálogo muy rico entre la acusmática y la voz en directo de la actriz. Tena se situaba en el escenario, mientras que Alarcón estaba detrás de las butacas, con su ordenador controlando varios altavoces. Así creaban un fructífero intercambio y original simbiosis entre el directo, la voz en off, la manipulación electrónica, la espacialización del sonido, etc.

Una de las peculiaridades de la obra de Alarcón es la gran utilización del "instrumento más antiguo que existe", que es la voz humana. Esto no solo se pudo escuchar en la obra Viva, sino también es patente en varias de su piezas electroacústicas. La ya nombrada Olvidar Pedro (Homenaje a Pierre Schaeffer), como también "yo vivo" (del despertar) o Rouviereriebenbauerrosseau, donde la voz es uno de los protagonistas sonoros que además es manipulada electrónicamente. Antes de analizar la parte sonora de la pieza teatral, para entender cómo la música y los sonidos dialogan con el teatro, expliquemos el resumen de la pieza. VIVA se divide en cinco escenas donde la protagonista, una mujer inmersa en una mudanza, va recorriendo etapas de su vida, desde sus orígenes en un barrio de la periferia de cualquier ciudad de provincias en los años 80, hasta la precariedad de su presente donde el mayor temor es no poder encender la estufa. En el trayecto, la protagonista recorre diferentes espacios y tiempos, desdoblándose en diversos personajes y/o colectivos. Es la mujer solitaria que vive en la mudanza, pero también es la hija de aquellos obreros emigrantes de los años 70; aquellos hijos, primera generación con estudios universitarios, que no han cumplido las expectativas de sus padres, de su tiempo; es la madre que naufraga en la conciliación laboral y familiar; es la precaria que no se atreve a encender la estufa en invierno; es la que no tiene aval bancario para alquilar un piso; es la que echa de menos ser grandilocuente, barroca, sobreactuada, desaforada, en las puestas de escena posdramáticas y políticamente correctas.

Mientras veíamos y escuchábamos la pieza, tomamos algunas notas del maravilloso guión de la obra. Para deleite del lector, le citamos solo dos preciosas frases para que pueda apreciar la calidad y contundencia del texto recitado. «La constitución, nuestra Patria en papel», recita en un momento Begoña Tena, y más adelante, también en crítica política comenta: «Los acomodados tienen frío en el alma». Si su personaje tiene frío en el cuerpo, porque no tiene dinero para encender el calefactor, hay algo peor, que es tener frío en el alma... Una sensación que los billetes no puede remediar, a diferencia del otro caso.

El argumento de la pieza aunque al leerlo pueda parecer lineal, para nada lo es. Ya que las mezclas, saltos, incluso asociaciones surrealistas son muy frecuentes a lo largo de la obra (y de la música). David Alarcón musicalmente sigue las cinco escenas de la pieza tratándolas cada una de manera muy peculiar y característica. Para nada unifica la banda sonora de toda la obra con un wagneriano leitmotiv u otras estrategias similares (hoy en día totalmente convencionales y muy explotadas en el cine comercial). Más bien Alarcón produce grandes contrastes (como ocurre en el texto), revelando el polifacético estilo del compositor, creador de una música inquieta para multitud de registros y espacios diferentes. Dado que Viva está entre la autoficción y el teatro documental, Alarcón toma estas ideas para algunas de las escenas, donde crea un auténtico paisaje sonoro. Por ejemplo, cuando la protagonista se sitúa en medio de su barrio (aunque el escenario sea un fondo negro), sabemos de su localización no solo por el texto que recita la actriz, sino sobre todo por el cúmulo de sonidos callejeros que Alarcón emite y manipula. En un clásico ejemplo de Musique concrète (concepto inventado por el compositor que Alarcón homenajea, Pierre Schaeffer), el escenario vacío y totalmente neutro, se convierte gracias al sonido en una auténtica ciudad en ebullición. Justamente la vacuidad real de la escena, crea un contra sentido, porque el público se ve inmerso en una sonoridad típica de barrio urbano, pero potenciada gracias al elaborado trabajo en la manipulación electrónica que realiza Alarcón.

Otro interesante ejemplo que aparece en la pieza y en este caso, ya no es un creación propia, sino como un ready-made duchampiano o mejor una cita, es cuando para caracterizar la época de la protagonista, Alarcón lanza en escena un tema de Rafael Conde "El Titi". Con una sonoridad tipo flamenco o de copla popular, el espacio teatral deviene otra realidad, en una estrategia que podríamos llamar de arqueología sonora. Siguiendo con la temática del canto andaluz, en un momento diferente de la pieza, la misma actriz se pone a cantar en un bello estilo flamenco, pero Alarcón subvierte las expectativas ordinarias y en vez de escuchar en los altavoces guitarras y palmas, encontramos una música electrónica que muy ritualmente marca un pulso casi como de campanas. Se crea así un interesante resultado de lo que habitualmente se conoce como "flamenco experimental".

Sergio Serrano

Begoña Tena cantando en Viva

Alarcón también trabaja otro tipo de situaciones sonoras desviando la música hacia terrenos diferentes, por ejemplo, cuando cita la conocida canción Soy rebelde de Jeanette. Pero a diferencia del uso que Alarcón hace de la música de Rafael Conde "El Titi", que utiliza sin manipular, Soy rebelde, tiene una ligera modificación muy expresiva. La canción es cantada por una niña (no por Jeanette), provocando que esta canción ya de por sí dulce e infantil, sea aún mucho más, ocasionando como un cortocircuito. Esto también es potenciado por el contexto en que se desarrolla la escena, ambientada en un barrio pobre donde oímos la voz de un yonqui gritando a su madre, porque no quiere darle dinero para su dosis. El onírico y embelesado mundo de Jeanette y su artificial espectáculo mediático, es transportado a la realidad más cruda de los suburbios abandonados. Se constata la original estrategia de David Alarcón al utilizar materiales sonoros muy conocidos y por tanto muy significados, pero a los que una inteligente manipulación, puede subvertirlos de manera auténticamente rebelde.

En otra escena, Alarcón genera una atmósfera de música disco muy directa y con un fuerte volumen, cuando la protagonista luce un vestido de brillantes y se pone a bailar. Pero por contraste, David también sabe crear una música que se infiltra sutilmente entre las palabras. Por ello en la obra podemos escuchar diversos "drones", algunos creados a partir de música de cuerda (como el violín o el violonchelo), que acompañan la voz de la protagonista. Un momento muy especial que apuntamos, fue cuando al son de esta música la actriz dijo: «La máxima revolución, sigo viva». Vemos aquí el título de la pieza teatral en su mismo guión, y esta frase nos sirve como buena síntesis de esta potente y bella pieza.

Concluimos luego de haber explicado algunas de las estrategias que David ha realizado en la obra de teatro Viva de Begoña Tena.  Su creación sonora es una elaborada composición en igualdad con el texto teatral. Para nada es una mera música de acompañamiento, dado que se integra totalmente en la escena. Incluso el mismo texto deviene música al ser emitido por los altavoces (al estilo de la voz en off). En un mundo frágil e inestable como el que nos relata Begoña Tena, las mejores sinergias e hibridaciones producen los resultados más interesantes que se están realizando en las artes más vivas de nuestra contemporaneidad, y Viva es un claro ejemplo de ello.

Notas

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