Inauguramos esta nueva sección conducida por Alfonso Noriega con un texto que nos habla de uno de los clarinetistas y compositores importantes de nuestro tiempo: Jörg Widmann.

Alfonso Noriega
1 mayo 2026
Share Button
Don Carlo, la humana impotencia del poder

Marco Borggreve, 2019

Adentrarse como instrumentista en la música de Widmann de la mano del propio Widmann implica situarse en un lugar muy particular, en un espacio donde el sonido renace y se descubre constantemente, casi desde el instante mismo de su creación. Hay, en el caso de Jörg, en su manera de hacer música, en su faceta de compositor, de clarinetista y de director, una coherencia musical extraordinaria, casi religiosa, tan poco frecuente por humilde y por generosa, una asombrosa vinculación sin artificios entre el sentimiento, el gesto y su personalidad, la musical y la humana.

En la gira alemana de este mes de abril pasado de Jörg y Carolin Widmann con la Orchestre Philharmonique de Radio France, fui una vez más testigo privilegiado de esa coherencia creativa, esa forma tan inspiradora de entender la música, visible desde el primer ensayo, alejada de grandilocuentes discursos, focalizada en la precisión constante en el detalle, en el hermoso acto compartido de recorrer la música juntos, desde el apoyo y la escucha, desde el cómo y el dónde se origina el sonido, y desde la producción, individual y colectiva, de esa propia energía que la activa.

Antes de esta última gira, he tenido la fortuna de trabajar con Widmann en varias ocasiones, hace años en un tour de force del Ensemble Modern y la Joven Orquesta Nacional de Alemania en el que interpretábamos la extraordinaria Dubairische Tänze con el propio Widmann a la batuta, y más tarde, en su faceta de excepcional músico de cámara, con el Remix Ensemble de Oporto y la fascinante Male über Male 2 de Wolfgang Rihm, mentor absolutamente imprescindible para comprender al Widmann compositor. Debo confesar que, en cada una de estas interacciones artísticas, he sentido el redescubrimiento de un artista total, cándido y humilde, completamente entregado a la música desde todos sus ángulos, los importantes, los puramente artísticos.

Como instrumentista y gran virtuoso del clarinete, Jörg Widmann desarrolla, en su faceta de director, una conciencia extraordinariamente fina y precisa del nacimiento del sonido, no como un simple medio, sino como material de vida propia, flexible, moldeable, capaz de desplazarse entre ruido y altura, entre tensión y liberación. Esa experiencia se traslada de forma directa a su escritura, en la que el sonido no se presenta como algo fijo, sino como un ente en transformación constante, conteniendo en su interior una vitalidad propia, en la que los materiales se expanden, se contraen, se reorganizan, y donde nada aparece completamente cerrado, y, precisamente por eso, todo permanece intensamente vivo.

En Con brio, esta forma de pensar la música alcanza una claridad especialmente luminosa, que no se limita a dialogar con Beethoven, sino que lo reactiva desde dentro, que no trabaja sobre la superficie estilística, sino sobre la energía que sostiene este lenguaje. Los impulsos, los contrastes, los ataques, todo aquello que reconocemos de su séptima sinfonía en La Mayor, aparecen aquí revigorizados, atravesados por una vitalidad contemporánea y personal que no lo cita, sino que lo proyecta e impulsa de nuevo en un movimiento constante. Desde dentro de la orquesta, tocar Con brio con Jörg Widmann en el podio es una experiencia especialmente estimulante, una escritura que propone un nivel de precisión altísimo, cada uno de sus gestos con la capacidad de invitar a la propuesta y al desarrollo en una clara dirección, sin imponer formas externas, aportando y acompañando ese proceso antes mencionado de activación del sonido, de escucha colectiva, siempre en su lugar exacto, sin estridencias, sin exageraciones.

En estos últimos días compartidos, recibo además con alegría la noticia de su nombramiento como director de la Academia de Música Contemporánea del Festival de Lucerna, un lugar especialmente significativo en mi propio recorrido artístico, donde tuve la oportunidad de formarme en los últimos años de Pierre Boulez, trabajando más tarde como miembro del ensemble contemporáneo del festival. La elección de Widmann para este puesto no podría ser más acertada, su manera de entender la música lo sitúa en esa posición privilegiada y única para dar continuidad a ese legado, el músico ideal para tan monumental tarea.

A excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, éste artículo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International Licencia.

Share Button