Texto inaugural de la serie “Crónicas de los relatos”, dedicada al ciclo de escuchas y debates sobre música experimental en España titulado “Relatos del ruido”.

El subtítulo del ciclo “Relatos del ruido” incluye un término —“experimental”— que, aunque ya ha devenido habitual en nuestro ámbito, quizá merezca aún alguna reflexión, siquiera tan breve como exigen estos apuntes. Efectivamente, la iniciativa antes mencionada complementa su título con las palabras “Hacia una historia escuchada de la música experimental en España”. El punto de partida más habitual cuando se trata de rememorar la genealogía de esta expresión dentro de la creación sonora es, una vez más —pero vale recordarlo, siempre—, John Cage, quien hace ya más de setenta años dejó escrito que “la palabra ‘experimental’ es adecuada, siempre que se entienda no como descripción de un acto que más tarde habrá que juzgar en términos de fracaso o éxito, sino simplemente como un acto cuyo resultado es desconocido”[1].
Ahora bien, las siempre vertiginosas y tentadoras aperturas que nos propone el pensamiento cageano deben contraponerse, ahora, con ese elemento que se oculta en la propia etimología de la palabra “definición”, en cuyo centro está el verbo latino “finire” (que significa limitar, terminar, acabar, poner límites… —es decir, lo contrario de abrir, que es esencialmente a lo que se dedicó, continuamente, Cage—). Y es que cualquier ejercicio historiográfico —y “Relatos del ruido”, de alguna manera y entre otras cosas, lo es— asume unas ciertas definiciones en su modo de operar (sea éste cual sea, y por muy expansivo que aspire a ser) que permiten incluir determinados elementos, mientras que indefectiblemente otros quedan excluidos.
Esta complicada cuestión de las definiciones —sobre todo cuando se trata de conceptos estéticos relacionados con prácticas artísticas que están vivas en el mismo momento de la investigación— ya ocupó un lugar destacado en el contexto del que probablemente haya constituido el foro más importante, dentro de nuestro contexto cultural, dedicado a pensar —junto a voces muy autorizadas— sobre el arte sonoro y las prácticas artísticas y académicas que lo rodean. Nos referimos al Encuentro de Arte Sonoro en España (EASE) que se celebró en La Casa Encendida (Madrid) los días 8 al 10 de junio de 2010, en el contexto propiciado por la exposición ARTe SONoro que comisarió el llorado José Manuel Costa (1949-2018).
Dado que la web de La Casa Encendida no conserva información alguna sobre este evento (que ideamos y organizamos conjuntamente Ferrer-Molina, José Iges y yo mismo), es desde la página de la artista e investigadora María Andueza (participante en el encuentro, dentro de una mesa redonda titulada “Espacios para el arte sonoro” junto a Concha Jerez, José Luis Espejo y Guillermo Lorenzo) donde podemos recabar el listado de participantes (que recuperamos aquí junto con las respectivas adscripciones institucionales —¡y las auto-definiciones de cada cual!— propias de aquel momento):
- María Andueza, artista e investigadora en Teoría del Arte.
- Llorenç Barber, artista sonoro y escritor.
- José Manuel Berenguer, compositor, artista sonoro y miembro de Sonoscop.
- José Manuel Costa, crítico, comisario de exposiciones y director de “Vía Límite” (Radio Clásica/RNE).
- Marta Cureses, musicóloga (Universidad de Oviedo) y comisaria de exposiciones.
- Xabier Erkizia, artista sonoro, director de Audiolab/Arteleku y del Festival ERTZ.
- Bartolomé Ferrando, poeta sonoro y performer (Universidad Politécnica de Valencia).
- Isaac Diego García Fernández, musicólogo, performer y artista sonoro.
- Rubén Gutiérrez del Castillo, economista especializado en cultura y políticas culturales (Fundación Autor).
- Concha Jerez, artista intermedia (Universidad de Salamanca).
- Juan-Gil López, musicólogo y artista sonoro (Escoitar.org y Mediateletipos.net).
- Pedro López, improvisador y programador (Modisti.com).
- Adolfo Núñez, compositor y coordinador del LIEM-CDMC.
- Carmen Pardo, musicóloga (Universitat de Girona).
- Abraham Rivera, historiador del arte y comisario de exposiciones.
- Henar Rivière, historiadora del arte (Freie Universität Berlin y Universidad Complutense de Madrid).
- José Antonio Sarmiento, artista sonoro, comisario, director del Centro de Creación Experimental de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca (Universidad de Castilla–La Mancha).
- Guillermo Lorenzo, artista sonoro.
- Javier Piñango, artista sonoro y director del festival Experimentaclub
Otro de los archivos que nos ofrece Internet para rastrear aquel importante evento (hasta donde sabemos, desde entonces no se ha vuelto a organizar una reunión semejante en nuestro país[2]) es la plataforma en línea Mediateletipos —también fundamental, en tantos sentidos, dentro del ámbito que nos ocupa—. Allí se presentó el EASE recuperando un texto de los organizadores que ya no es posible encontrar en otros lugares:
(…) surge la propuesta (percibida, en realidad, como una necesidad) de crear un foro abierto donde los distintos artistas, investigadores y demás profesionales relacionados con el arte sonoro en España puedan poner en común y manifestar sus experiencias, sus percepciones y sus expectativas. Una plataforma donde se puedan intercambiar conocimientos y opiniones en torno a este ámbito estético, aún carente de un soporte institucional específico, y donde —en fin— quienes participamos de la creación sonora en España podamos discutir las diversas formas de entender el arte sonoro que cada uno profesa y trazar nuevas cartografías simbólicas donde ubicarnos.
Mediateletipos, a través de José Luis Espejo, también se hizo eco de algunas de las diferentes actividades vinculadas a la exposición ARTe SONoro, como el programa dedicado a esta iniciativa desde Ars Sonora. El propio Espejo —que igualmente participó, como se ha indicado, en el EASE— escribió, bajo el título “ARTe SONoro: Conclusiones”, otro texto en el que se abordaban algunas de las cuestiones planteadas unas líneas más arriba:
Me parece que muchos a estas alturas se niegan a recorrer discursos dibujados en las salas, o a escuchar y leer religiosamente historias y definiciones que se desmoronan una vez contrastadas. Y para contra-replicarme, no creo que esto implique una postura cómoda e irresponsable con respecto a la teoría y la historia; es que además de que las maneras de leer y contar han cambiado mucho en poco tiempo, puede haber personas que no tengan ningún interés en engrosar o discutir la Historia y la Teoría (esa que se escribe con mayúscula y nota a pie de página).
[…]
Nos cuesta mucho admitir que una muestra sin aparentes pretensiones históricas o teóricas lleve como título un término tan discutido como confuso. Personalmente no tengo ningún interés en definir el Arte Sonoro y me preocupa muchísimo menos su relación con la música. Sinceramente creo que este punto debería estar ya más que superado. Más bien me interesan aquellos modos de producción y pensamiento que desde la estética aportan algo a la cultura aural, porque como se dijo en el EASE (Encuentro sobre Arte Sonoro en España), quizás sea más relevante lo que el arte aporta a los modos de escucha que lo que la manipulación del sonido puede aportar a la historia y la teoría del arte. En este sentido creo que la exposición ha funcionado generando espacios de escucha más allá del espacio y el público habitual del museo/centro de arte.
En cuanto a su intención manifiesta de dar a oír algunas de las tendencias actuales en el ARTe SONoro[,] la exposición ha dado por supuesta la madurez de esta tendencia, sin preocuparse de definirlo o discutirlo. Pero como decía, creo que esta es una actitud común en los festivales. Quizás no haya que llevar al sonido a los marcos de exhibición establecidos por las artes visuales, o quizás en efecto no haya interés en discutir ni definir.
Quizá tras la lectura de estas palabras podría argüirse, respecto de la necesidad (o no) de plantear definiciones —y, desde luego, analizarlas, revisarlas, actualizarlas, etc.—, aquello que tan a menudo nos toca recordar respecto a la política, en general: si no la haces, te la hacen. Efectivamente, nos guste más o menos, estemos de acuerdo o no, operamos con definiciones. Una propuesta como “Relatos del ruido” (o, en otro ámbito y con otra escala, un programa como Ars Sonora… por no hablar de una revista como Sul Ponticello) asume, de forma inevitable, una serie de definiciones, bien sea de manera expresa o —más a menudo— tácitamente. Cosa distinta es que esas definiciones no surjan de manera apriorística, ni como parte de un plan perfectamente estructurado… Ahora bien, si se tiene en cuenta todo lo anterior —y, sobre todo, el carácter necesariamente excluyente de cualquier ejercicio definitorio—, tal vez reflexionar de manera expresa sobre esta cuestión, intentando llevar al plano del análisis racional aquello que continuamente se esconde bajo el manto de lo “meramente práctico” o, peor aún, de lo “habitual” o lo “cotidiano”, pueda revelarnos con qué mecanismos y desde qué razones se han construido unas definiciones que —igual que esas cosas ante las cuales los niños y niñas se tapan los ojos para simular que no existen— siempre seguirán estando ahí.
Tendrá que ser, eso sí, en una futura entrega de estas Crónicas de los relatos cuando podamos emprender, con toda la carga autocrítica que seamos capaces de acumular, un análisis más específico de esas definiciones que, siquiera por la vía de la facticidad, orientan un proyecto como “Relatos del ruido”.
Como último apunte, cabe dejar rotundamente claro que el término “experimental” no es, por supuesto, el único sometido a controversia dentro de los incluidos en el subtítulo de la propuesta glosada en estas páginas. De hecho, está previsto que en este mismo espacio de reflexión puedan compartirse algunos argumentos acerca de cuestiones tan sujetas a debate como el concepto de “historia” —¡siempre en minúscula!—, la noción de “escucha” —la oposición entre oralidad y escritura es una de las cuestiones cruciales que fundamentan un proyecto como “Relatos del ruido”, además de una obsesión para este autor—, e incluso “España” —concepto cuya dimensión filosóficamente problemática ya señalaron autores tan distintos como Ortega y Gasset o Gustavo Bueno, por ejemplo— (puede añadirse, a este respecto, que la práctica consistente en incorporar como parte del título de una determinada propuesta elementos semánticos con los cuales los propios autores no están del todo de acuerdo —con el propósito de evidenciar, precisamente, el carácter polémico de esos términos— cuenta con notables antecedentes dentro incluso de la misma línea de investigación de la que forma parte el proyecto “Relatos del ruido”. En este sentido, ya en la introducción que Isaac Diego García Fernández y yo preparamos para el monográfico de la revista Enclaves titulado Figuras pioneras en el arte sonoro español escribíamos lo siguiente:
“Desde su propio enunciado, este estudio sobre las “Figuras pioneras en el arte sonoro español” cuestiona nociones que conciernen a la elaboración misma de los discursos históricos —mediante la problemática idea del «pionero», tan trabada con las narrativas características de la modernidad y sus vanguardias, tan cargada semánticamente desde el punto de vista de la ideología heteropatriarcal, y tan asociada a los discursos colonialistas—, a la propia configuración metodológica del objeto de estudio abordado —partiendo de que la expresión «arte sonoro» ni siquiera resulta satisfactoria para los propios editores de este volumen, quienes no obstante reconocen su evidente utilidad comunicativa—, e incluso al ámbito geográfico sobre el que se proyecta este análisis —cuyos confines políticos también son objeto de reflexión y cuestionamiento en buena parte de las páginas siguientes—. En otras palabras, el título mismo del trabajo aspira, por vía de la provocación, a agitar ciertos avisperos políticos y conceptuales que quizá hayan permanecido demasiado tranquilos durante demasiado tiempo en el seno de los campos de estudio aquí abordados”[3].
[1] John Cage, “Música experimental: Doctrina” (1955), en Silencio, Árdora, Madrid, 2007, p. 13.
[2] Las “Jornadas sobre arte sonoro «Rebecca Collins», cuya segunda edición (titulada “Tiempo, archivo y memoria en el arte sonoro y las músicas experimentales”) se celebró los días 3 y 4 de marzo de 2026, y que fueron organizadas conjuntamente por el Instituto de Física Teórica (IFT-UAM/CSIC) y el Instituto de Historia (IH-CSIC), con la colaboración de la Universidad Autónoma de Madrid —y del propio ciclo “Relatos del ruido”—, aspiran a convertirse, en el futuro, en un punto de encuentro y reflexión similar, al menos en cierto sentido, a lo que en su momento representó el EASE.
[3] Álvarez-Fernández, Miguel, e Isaac Diego García Fernández. «Introducción al monográfico “Figuras pioneras en el arte sonoro español”». Enclaves. Revista De Literatura, Música Y Artes Escénicas, n.º 2, diciembre de 2023, pp. 1-14, p. 4.
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