El presente texto se plantea como una reflexión concerniente a la tecnología y su uso en la música, y por qué no, en general en la vida. Es indiscutible que la tecnología ha abierto una infinidad de posibilidades sonoras, expresivas y de comunicación, pero aún así ¿hemos terminado cayendo en una homogeneización estética? Y si es así, entonces ¿qué es lo que verdaderamente nos ofrece la tecnología?

Gabriel Mora-Betancur
26 febrero 2024
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"En realidad no ha habido universalismo (al menos no aún), sino solo universalización (o sincronización): un proceso de modernización que la globalización y la colonización hicieron posible." (p. 29)

El presente texto surge de la experiencia que tuve al asistir a un concierto de música con electrónica en vivo. Inicio poniendo de manifiesto lo anterior, porque fue la experiencia de escuchar en vivo algunas de las obras allí interpretadas las que me llevaron, o incitaron, a realizar la presente reflexión.

Debo admitir que la primera obra interpretada me dejó pensando, lo que no sé si fue positivo o negativo porque durante todo el concierto le daba vueltas al mismo asunto, lo que me llevó a acordarme de un texto que había leído hacía mucho y que de alguna manera hacía resonancia con mis inquietudes. El texto del que hablo es el de Fragmentar el futuro del filósofo Yuk Hui.

Volviendo a la experiencia auditiva del concierto, la primera obra me sorprendió bastante ya que de inmediato me llevó a una vanguardia de hace varias décadas atrás. La obra, a manera de descripción sonora, era una constante puntillista, sonidos en diferentes octavas con una alternancia tímbrica. Esto me sorprendió y pensé que quizás estaban interpretando una obra con algún tiempo de haber sido escrita. Al revisar el programa de mano veo para mi sorpresa que había sido escrita en el 2023; No obstante, pensé que tal vez se trataba de una especie de cita estética y que posteriormente le iba a encontrar sentido, para mi sorpresa dicho recurso duró durante varios minutos y al leer el programa de mano no encontré nada respecto a lo que había pensado.

Ahora, vale la pena aclarar que todo el mundo puede escribir la música que quiera, y así mismo consumirla. Lo interesante, por lo menos para mí, es que no dejaba de preguntarme cuál habría sido la razón de escribir con una estética con tanto tiempo a cuestas.

Seguramente debido a esta primera experiencia dicha idea estuvo rondando mi cabeza durante todo el concierto y como ya mencioné antes, éste contaba con electrónica en vivo. Pero la electrónica en varias obras me llevó a cuestionarme lo mismo, la mayoría de las obras eran del 2023 y 2024 pero hubo algunas con gestos comunes y algo trillados como ese convertir un ataque del instrumento en vivo en un espectro inarmónico acampanado o como el presentar algo en el instrumento en vivo y luego después de un breve retardo, espacializarlo alrededor del intérprete. Así que aquí no solo me preguntaba por la estética sino ¿Por qué usar los mismos recursos de siempre?

Antes de proseguir, aclaro que lo que pretendo no es realizar un juicio de valor concerniente a si las obras eran buenas o malas, cosa que es muy subjetiva, sino el porqué del uso de algunos recursos. Evidentemente pueden responder a fijaciones estéticas; Sin embargo, para mí no hay nada menos contemporáneo y experimental que adscribirse a una estética determinada, es decir, la utilización recursiva de elementos sonoros. Y ni siquiera recursiva en términos de individuación (Simondon), sino de copiar y pegar. Cosa que nos puede llevar a ese mundo estéril de lo igual, lo homogéneo, o como menciona Hui:

Pero quizá deberíamos otorgarle al pensamiento una tarea opuesta a la que le asignó la filosofía de la ilustración: fragmentar el mundo según la diferencia, en vez de universalizar por medio de lo igual; inducir lo igual a través de la diferencia, en vez de deducir la diferencia a partir de lo igual.” (p. 40)

Fragmentar el mundo según la diferencia nos dice Hui, sin embargo, el remitirse a recursos comunes, como los mencionados anteriormente evitan precisamente dicha fragmentación. Se produce una homogeneidad que inevitablemente conduce a una esterilidad creativa, expresiva y en general de pensamiento.

Está claro, por supuesto, que se aprende en gran medida por medio de una inmersión cultural y dicha inmersión incluye costumbres, expresiones verbales y artísticas, entre otras. Por lo tanto, no se puede partir de la nada, o en otras palabras, no se puede ser cien por ciento original. Todo lo que se haga lleva algún tipo de influencia a rastras. Sin embargo, en algún momento de la vida los hijos dejan su hogar y crean sus propias ideas del mundo, o en el mundo. ¿No es acaso el arte una expresión del mundo y la sociedad que habita cada artista? Desde ese punto de vista no tiene lógica estar repitiendo las mismas expresiones más que como un proceso de aprendizaje, pero, por otro lado, nos deja observar cual es el pensamiento dominante en cuanto a una expresión artística.

Ahora, una objeción podría ser que la naturaleza de un modulador en anillo es precisamente producir inarmonías, así como la naturaleza de la espacialización sonora consiste en generar la ilusión de movimiento de una fuente sonora. Entonces ¿es simplemente una expresión del medio usado? Algo así como “si usas una guitarra, te sonará a guitarra” pues creo que es otro aspecto importante porque, aunque el producto de un modulador en anillo sea la inarmonía y el de la espacialización el movimiento, la manera en la que se usa, ni los momentos de su uso vienen condicionados por el objeto en sí. Así que es posible que haya otro aspecto que se oculta en la tecnología que va de la mano de una idea concreta sobre lo que debe ser el arte. Sin tener en cuenta que si llegásemos a fragmentar el pensamiento también deberíamos desarrollar diversas tecnologías que sirvan para las diversas formas de pensar el sonido, o como menciona Hui:

La tecnología no es un universal antropológico; es posibilitada y constreñida por cosmologías particulares que van más allá de la funcionalidad o utilidad. Por consiguiente, no existe una única tecnología, sino múltiples cosmotécnicas.” (p. 44)

No sé si sea oficio o no del artista el desarrollar nuevas tecnologías, claro que sí hay casos puntuales en donde esto sucede. Sin embargo, creo que sí hace parte de los artistas el abordar nuevas maneras, o por lo menos distintas maneras, de ver el mundo, y ese mundo incluye claramente a la tecnología. Es decir, deberíamos preguntarnos también cómo usar las diversas tecnologías en busca de una voz propia, una visión particular del mundo tecnológico y artístico. Evitar a cualquier costa la homogeneización de las expresiones artísticas y la tecnología ¿Cuántas versiones hay de Ryoji Ikeda o de Refik Anadol? ¿Cuántos artistas hay de Midyourney, Dall-E y más recientemente Sora? Ahora, mi intención no consiste en dejar de usar la tecnología, sino abrazar la diferencia. Si no es una nueva tecnología puede ser nuevas maneras de usar la que ya existe.

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