La Fonoteca SONM ofrece este viernes 11 de diciembre un concierto octofónico y una masterclass (presencial y vía streaming) del artista, referente de la música electroacústica.

[NdP]
10 diciembre 2020
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Continúa celebrándose la década del SONM con actividades muy interesantes para los amantes del arte sonoro y la experimentación. El viernes 11 de diciembre, Eduardo Polonio (Madrid,1941), pionero de la música electrónica española, recalará en la Fonoteca de Música Experimental y Arte Sonoro de Murcia en sus recién estrenadas instalaciones del Cuartel de Artillería (Pabellón 1). El artista, nombre de referencia de la experimentación sonora, ofrecerá una masterclass titulada «El músico permeable» (18.30h) y un concierto octofónico (20.30h). Ambas actividades son gratuitas y podrán seguirse presencialmente o vía streaming con la retransmisión en el canal de YouTube del SONM y los de sus colaboradores Morada Sónica y Audiotalaia. La entrada del evento físico será libre hasta completar aforo (máximo 34 personas) y se realizará con todas las medidas de seguridad oportunas.

Desde 1969 la obra de Eduardo Polonio se caracteriza por el casi total abandono de los instrumentos tradicionales y el uso de los medios electroacústicos. Suele ser intérprete de sus propias obras en conciertos donde se mezclan cintas magnetofónicas, sintetizadores y procesadores en tiempo real y se incluyen vídeos y otros elementos realizados en colaboración con artistas visuales.

Formado en instrumentación con Gunther Becker en los Cursos de Verano de Darmstadt, becado por Fundación Juan March para realizar un stage en el Instituto de Psicoacústica y Música Electrónica de la Universidad de Gante, seleccionado para el Concurso del Festival Gaudeamus… Como compositor e intérprete formó parte del grupo Koan en su primera etapa (1967-70). A partir de 1969 trabajó en el Laboratorio Alea de Madrid y entre 1970 y 1972 fue integrante del grupo Alea Música electrónica Libre, primera formación española de música electroacústica en directo. En 1976 trasladó su residencia a Barcelona vinculándose al Laboratorio Phonos de dicha ciudad. En 1983 fundó, con Rafael Santamaria, Obert-Art Actual, que durante los años 1983, 84 y 85 organizó en Barcelona el festival Sis Dies d’Art Actual, dedicado a los multimedia. En 1985 creó, junto con Gabriel Brncic y Claudio Zulian, Multimúsica, grupo especializado en música electroacústica en vivo.

Es autor de tres óperas electroacústicas: Uno es el Cubo · fantasía kepleriana en cinco sólidos perfectos, Dulce mal y Ritmos de vidrio roto, estrenadas todas en el Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante (1995, 1999 y 2010). Cofundador de la Asociación de Música Electroacústica de España, fue su presidente entre 1988 y 1994, realizando la primera y segunda edición (1990 y 1992) del Festival Internacional Punto de encuentro. En la actualidad es miembro de la Academia Internacional de la Música Electroacústica de Bourges y de la Fundación Área de Creació Acústica de Mallorca. Desde 1994 posee el Magisterium del Gran Premio Internacional de Música Electroacústica de Bourges. También ha sido fundador de Creación M musical y Nuevas Tecnologías y el estudio de música electroacústica Diáfano, el ciclo Confluencias, arte y tecnología al borde del milenio, auspiciado por la Junta de Andalucía, el Concurso Internacional de Miniaturas Electroacústicas o el Congreso Internacional de Música y Tecnologías Contemporáneas de la Universidad de Sevilla.

Con más de 50 años de trayectoria musical y una propuesta estética fuertemente repetitiva –característica del minimalismo americano de los años 70–, Polonio ofrecerá en Murcia un concierto octofónico. El programaserá el siguiente:

La metáfora del tiempo (2011) 15m 48s, con video de Santiago Torralba (profesor de fotoperiodismo e imagen digital y tecnología de medios escritos en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Castilla-La Mancha y comisario de la Sala de Exposiciones Ricardo Ortega de la misma universidad).  Y Lábrys (2007) 47m, una pieza en cinco partes.

Notas al programa escritas por el propio artista

La metáfora del tiempo

«Algo tienen los pueblos y lugares abandonados que transmiten una fascinación profunda. El paso del tiempo trastocado en abandono y la vida, perdida y casi olvidada, haciéndose imagen de permanente ausencia. Unos quedaron desiertos para dar paso a inmensos pantanos alguno de los cuales, a pesar de que sus gentes fueron exiliadas a la fuerza, nunca llegaron a construirse; a otros la guerra civil los dejó heridos como si fueran ellos también los combatientes a los que les sobreviene siempre la derrota; todos ellos, sencillamente fueron apagándose hasta que les llegó el olvido de la muerte.

Hay tristeza contenida en cada una de sus paredes. Calles rotas que ya no conducen a ningún sitio y dinteles que no sostienen más que al aire. Las hierbas y las zarzas van conquistando un territorio que no debió de pertenecerles nunca y los espacios se van desfigurando hasta convertirse en un vago recuerdo de lo que fueron en otro tiempo. Luego está el silencio como único habitante que se resistió a marcharse o tal vez, como nuevo inquilino que también se apoderó del sitio ajeno. Los muros desmoronados son como una especie de metáfora del tiempo o de la vida misma. Al alejarse y tomar distancia las ruinas vuelven de vez en cuando como fantasmas inertes a rellenar insomnios. Adoptan formas y se crecen; pululan por las esquinas de la casa declamando historias viejas, desenterrando voces y melodías que van conformando una triste canción que tiene el sabor de lo perdido. Amagan su presencia de tanto en tanto pero no desaparecen nunca como si permanentemente reclamaran su lugar en el tiempo. Tal vez sea por eso por lo que ejercen una seducción tan poderosa y por lo que sus ruinas se quedan fijadas en la memoria como recuerdos propios, esos que se quedaron dormidos en un rincón como desgarros que nunca llegan a desprenderse.»

Lábrys

Desde Platón a Saramago, pasando por Calderón y Huxley, la “caverna” ha hecho verter ríos de tinta.

La idea de componer una obra electroacústica sobre ese tema me llevó inmediatamente a asociar el renombrado mito con otro no menos famoso: el Minotauro, y el laberinto que lo acompaña. Desde la entrada del palacio de Cnosos, presidida por el signo del Toro, se desciende al reino del secreto, de la purificación y el re-descubrimiento de uno mismo y de la libertad. Es curiosamente el recorrido contrario al descrito por Platón hacia el universo de las ideas (hacia la libertad, al fin y al cabo; la liberación frente al mundo de la ilusión representado por las imágenes).

En ese ahondar nos topamos con el símbolo amenazador de la Lábrys, el arma que mata a la Bestia. La Lábrys, hacha de doble filo, que simboliza la justicia hacia la derecha y hacia la izquierda (emblema del Talasocrátor), sea quizá también la estilización de los dos cuernos del toro. Pero no es el toro lo que me interesa del mito (animal, por otra parte, tan común en cuevas: toros en Lascaux, bisontes en Altamira, etc.), sino el laberinto. Todas las definiciones del mismo inciden acerca de la facilidad de entrar y la dificultad de salir. Es por tanto lugar potencialmente peligroso, con toro o sin él, con hacha o sin ella.

Pero no es el hacha (lábrys) la etimología de laberinto, sino más bien labra: caverna con abundantes galerías y pasadizos. Una sencilla asociación fonética nos lleva a orotinto: montaña en cuyas laderas se abren innumerables oquedades que animan a los visitantes a entrar. (Umberto Eco, prólogo a El libro de los laberintos de Paolo Santarcangeli).

Estos orificios pueden ser de entrada (si son hacia arriba) o de salida (si son hacia abajo), y a aquel que por desventura entre por una salida le será difícil volver a ver la luz del sol o de las estrellas.

Las ocho cajas acústicas (altavoces) de la instalación octofónica son, desde luego, salidas. Salidas del flujo sonoro. Pero también son entradas. Entradas a un universo mágico, rizomático, laberíntico. Un lugar de fácil acceso, pero del cual quizá sea difícil salir.

(Eduardo Polonio).

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