Llega el primer aniversario de esta sección Interacciones, que celebraremos a partir de varias reflexiones que retoman uno de los protagonistas con que se inauguró este espacio, con el proyecto Interaccions sonores realizado por Josep Lluís Galiana y yo.

Joan Gómez Alemany
1 noviembre 2020
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Joost Evers/Harry Pot/Anefo

INTRODUCCIÓN

Para celebrar este noviembre de 2020 el primer aniversario de esta sección Interacciones (inaugurada el noviembre del 2019) dentro de la revista Sulponticello, se apuntan sin ningún ánimo sistemático o transcendental a lo largo de diversos artículos, varias reflexiones que retoman uno de los protagonistas con que se inauguró esta sección, con el proyecto Interaccions sonores realizado por Josep Lluís Galiana y yo. Ahora se partirá de varios libros y un CD de Galiana. Músico y colega de diversas aventuras tan difíciles y complejas que sólo pueden llevarse a cabo desde la resistencia. Incluso en los peores momentos o errores, deben y quieren seguir caminando a toda costa, sin ceder y perder la libertad que las caracteriza y que todo buen creador debe merecer portar, como única bandera. Por el contrario, un músico tan poco clandestino y marginal como Pierre Boulez (o similares), tan aceptado, conocido y venerado por la Institución Musical (sobre todo con la bandera nacional francesa y estadounidense), nos sirve para ver cómo éste último «compra la libertad» y nada tiene que ver con nuestra actitud, en las maneras de entender y practicar la música. A lo largo de estos artículos podremos comprobar cómo las categorías musicales (y otras) son significadas o imposibilitadas de significar, mostrando su inutilidad y desvarío.

DE LA MISIÓN DEL ARTE Y TRES ÍNTIMOS ESCRITOS (DE UNA INTRODUCCIÓN A UN LIBRO Y DOS CARTAS)

«Desde siempre, el arte ha estado íntimamente ligado al compromiso social. Cualquier manifestación artística es un posicionamiento frente a algo, representa la perfecta conjugación de pensamiento y praxis, y constituye un acto de comunicación reforzado y aupado a la necesidad de expresarse en libertad.

La música, en su esencia abstracta y excepcional carga simbólica y asociativa, nunca ha escapado a su destino revolucionario. La música ha jugado y sigue jugando (quiero creer) un papel decisivo en la evolución del pensamiento y en las nuevas ideaciones y formas de expresión. Desde tiempos inmemoriales, la música ha estado en los grandes cismas políticos, ideológicos, sociales y religiosos. Cada nuevo posicionamiento o cambio político, social y económico ha ido unido a una nueva manera de hacer música, nuevas maneras de pensar, practicar y dar forma a las ideas musicales.» [1]

Citamos aquí un texto escrito por Josep Lluís Galiana. Citaremos otro remarcable texto escrito (con el «tono íntimo» de una carta) por Pierre Boulez para el 80 aniversario del gran improvisador-compositor-intérprete, etc. (resumiendo, podemos llamarlo un completo artista sonoro), del que comprobaremos enseguida el punto clave que marca las diferencias y antagonismos entre ambos escritos:

«Mi relación con Vinko Globokar siempre ha sido, sobre todo, personal. Siempre he apreciado su punto de vista, ya sea por la espontaneidad que implica la traducción de sus ideas musicales, o por sus intentos constantemente renovados de asegurar que la vida artística esté firmemente, a veces incluso con vehemencia, comprometida con una sociedad que supuestamente respalda la invención. Aunque estas ideas a menudo distan mucho de coincidir con las mías, y aunque nuestro vocabulario no respete las mismas reglas, me asombra constantemente su persistencia en una justa lucha.

El resultado ahora es un cuerpo de obras cada vez más controladas, siempre inventivas y en contacto con la época y sus principales problemas. Esta preocupación es sorprendente, ya que muchos músicos con algún tipo de perspectiva social se han hundido en una especie de populismo antielitista que poco ayuda a su causa. En Vinko Globokar, esencialmente, se encuentra una actitud crítica que no admite compromiso y conserva toda la fuerza y ​​excepcionalidad de un individuo que se siente impulsado a crear su propio universo. Ciertamente no es el camino más fácil, ni el más vendible, pero es, con mucho, el más valiente y esperanzador.» [2]

En este final (la tesis del escrito), queda remarcadamente claro que hay una gran diferencia entre Boulez y Globokar (este último con una visión similar a la de Galiana).

«Mi relación con Vinko Globokar siempre ha sido, sobre todo, personal.» Puede haber demasiada ambigüedad en ese concepto de «persona», pero casi se puede entender que a Boulez, la obra del artista-músico Globokar con un marcado carácter político, le importa muy poco (algo que previsiblemente a Globokar no le haría mucha gracia). Como mucho a Boulez le interesa la persona de Globokar en el bar, tomando unas buenas cervezas o en una buena fiesta, donde la conversación raya el sentido más idiota…

«Aunque estas ideas a menudo distan mucho de coincidir con las mías, y aunque nuestro vocabulario no respete las mismas reglas». Ante todo las reglas (por no decir la Ley). Para Boulez, la anti-regla, sigue siendo la regla… El concepto de Jacques Derrida de la différance, la diferida diferencia de la deconstrucción que imposibilita toda significación cerrada de cualquier concepto, no puede tener cabida en el pensamiento de Boulez. Ya que el antisistema, para él, ha de ser parte del sistema. Las oposiciones, dentro del parlamento y vestidas con traje de chaqueta, fuera, ninguna… Así piensa el Estado bouleziano…

«obras cada vez más controladas, siempre inventivas y en contacto con la época y sus principales problemas. » Uno no puede más que sorprenderse que Boulez caracterice las obras de Globokar con el calificativo de controladas… Globokar que escribe obras muchas semi-improvisadas o improvisadas, para grandes conjuntos de músicos sin director, justamente tan anti-controlables para que nadie ajeno a los mismos músicos dicte ni controle lo que se ha de hacer, etc. No cabe duda que cuando Boulez habla de control, se refiere a sí mismo… A diferencia del artista ligado al compromiso social (en expresión de Galiana) ese que está en contacto con su época, Boulez vive en su torre de marfil, sin ningún contacto con la sociedad. Su música «hace sonar constantemente esta idea». Una música etérea y formalista que sólo se autorefiere a sí misma como una serie que gira eternamente sin cambios, dando la espalda a todo «presente populista» (en expresión de Boulez). Una música sin evolución y repetitiva, que en más de 60 años que engloba el conjunto de obras compositivas de Boulez, apenas contiene rupturas ni diferencias.  Una música que  pretende no tener presente y presencia, es algo que está muerto, pero sugiere estar vivo. Las personas, sólo pueden vivir en presente (la hibernación por ahora no está a la venta en el mercado), quien niega esto, está muerto. En Boulez, su música (aunque no sus negocios), vive en el más allá inalcanzable…

«Ciertamente no es el camino más fácil, ni el más vendible, pero es, con mucho, el más valiente y esperanzador.» No cabe duda, no es el camino de Pierre Boulez… No hace falta ni que lo diga explícitamente, se delata a simple vista… Su camino es el de lo fácil y vendible, pero también el del cobarde y el que niega todo sueño, utopía o cambio, para ser un conformista alienado (que va de anti-político, para esconder su fachada hipócrita, ya sus razones políticas son sinónimo de sus razones económicas).

Las diferencias y similitudes entre el primer escrito y el segundo son evidentes, así que no hace falta extenderse más en ello. Pongamos otro escrito, una carta de la pluma de un joven y en ese tiempo no famoso Stockhausen, dirigida a dos de los mayores cineastas que ha habido, el desgraciadamente muy poco conocido matrimonio Straub-Huillet (obviamente marginados conscientemente por el sistema porque no se acoplan ni ceden a sus intereses).

«Usted mismo sabe perfectamente que ha tomado el camino difícil. Por eso le escribo, para que sepa que ha conseguido hacer un buen trabajo. En el terreno de la mente, no cuenta la abundancia, sino la verdad y la eficacia creadora.

El tema proviene de nuestro presente. Es verdadero, preciso, tiene un valor que es universal. El que culpa a la perspicacia no sabe nada sobre la necesidad artística de afilar las ideas hasta el extremo, para que nos alcance verdaderamente. […] En esta afilada arista entre la verdad, la concentración y la agudeza (que penetra, exponiendo la percepción de lo real), el progreso será posible. No en ninguna otra parte. Hoy sabemos perfectamente que incluso esa ilusión en pedazos es una ilusión. Usted no quiere “cambiar” el mundo, sino grabar en él la huella de su presencia, lo que me permite decir que usted ha visto, que ha abierto una parte de este mundo, tal y como se le ofrece. Eso me ha gustado.

Espero con impaciencia sus próximos trabajos…

Colonia, 2-5-1963- Stockhausen» [3]

Una carta noble, sincera y que Stockhausen dirige cuando era muy joven a unos cineastas también muy jóvenes en ese momento (justo en el estreno de su primer film). En definitiva un gesto gratuito y que no busca nada a cambio, ni pretende nada más que ser, ese mismo gesto de gratitud. Lo mismo se puede decir del texto de Galiana que aunque no sea un carta, podría serlo perfectamente al dirigirse a un receptor imaginario, en ese tono íntimo y comprometido, como comprometido es su mensaje. ¿Qué ocurre en el texto firmado por Boulez? En el «tono íntimo» de la carta se nota que hay algo que no cuadra… No es la «carta» que escribiría un buen amigo a otro (y recibir el encargo de un texto para una «importante editorial» que celebra el octogésimo aniversario de un compositor, es algo que sólo los buenos amigos merecen hacer). Tal vez la carta que escribe Boulez, es como la carta que escribiera un amigo hipócrita a un amigo que para vivir y trabajar en condiciones, no tiene más remedio que tratar con tales calañas… No es nada nuevo que la dirección (el Estado sería la figura en su nivel más alto), contrate a gente de la que no es del todo a favor (los anti-regla), pero lo hace para limpiarse la imagen de dictador solipsista, por una más demócrata y consensuadora. Como también es una estrategia para integrar aquellas tendencias contrarias a sus intereses (es decir, sus enemigos), porque así las puede controlar y someter en los puntos que más le interesan (y le hacen daño),  y dejar «en libertad» los más superficiales que no hacen peligrar sus intereses. Nada que el Estado-Capital no siga practicando, incluso hoy más que nunca. Cuando la derecha, se viste de izquierda, y la izquierda se vista de un parnaso universal, igualitarista e incoloro…

Finalizando esta primera parte, aquí hubo tres escritos «íntimos» con sus diferencias y similitudes, como apuntes primeros de una continua y progresiva reflexión sin fin…

Notas

  1. ^ Galiana, Josep Lluís. Escritos desde la intimidad. 2016. EdictOràlia. p. 18
  2. ^ https://www.ricordi.com/en-US/News/2014/06/Boulez-on-Globokar.aspx
    La cita puede encontrarse en inglés también en la página 60 (la traducción es nuestra desde este idioma, aunque también está disponible en francés y alemán) del libro Vinko Globokar editado por Ricordi, 2009: https://issuu.com/durand.salabert.eschig/docs/vinko_globokar_brochure
  3. ^ Edición de Manuel Asín. Jean-Marie Straub y Danièle Huillet escritos. 2011. Editorial Intermedio. p. 99-100

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