Evidentemente es una pregunta retórica pero urge un debate sobre cómo enfocar la oferta cultural sonora para que el público acceda de una forma informada y, sobre todo, que vuelva por allí porque algo le ha fascinado.
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Comienza la temporada y te das cuenta de que cada vez hay más oferta en creación musical, improvisación, artes vivas, performance, teatro musical, ópera, electroacústica en vivo… Festivales, ciclos, talleres, actividades de todo tamaño y pelaje (unos con más recursos y otros con menos o casi ninguno, como se puede colegir). Obviamente, me refiero a poblaciones de un cierto tamaño y no en todas las comunidades autónomas (hablo de España en este caso). Pero incluso en pequeños pueblos también hay actividad. Desde luego, esto es un ideal para la creación, sin duda, pero…
la pregunta es obvia: todos hacemos, creamos, interpretamos lo que otros hacen, pero ¿hay realmente un público para tanta actividad? Es muy frecuente el solapamiento de actividades de un mismo tipo y ya sabemos que esto, desde la producción lo saben muy bien, es imposible de evitar. Indudablemente es muy sano que haya tanta creación en marcha, pero es inevitable pensar que también es imprescindible captar público, y hacerlo de una manera inteligente y también generosa. Público con ganas de sorprenderse y de llevarse a casa una experiencia diferente lo hay, de eso no hay duda. Dar algo que sea de calidad para recibir que ese público vuelva, haya encontrado algo que le ha sorprendido y despertado la curiosidad y que crea que es interesante volver o explorar en otros espacios.
No vale solamente con un modelo de márquetin burdo, hay que ser sugestivo y no infravalorar al que no está en el meollo. Si no, siempre seremos los mismos viendo y escuchando lo que producimos los mismos. Urge un debate serio sobre esto. Se dio en el Festival Contemporáneo de Canarias en lo que vinieron en llamar “Tagoror” (nombre en guanche que daban los aborígenes guanches de Tenerife a un tipo de recinto donde se reunían los dirigentes de la comunidad ad discutir sobre sus problemas). Allí se tocaron temas como la programación o la comunicación, cómo pueden ser sus enfoques de futuro. Es un ejemplo, sólo un ejemplo de lo que realmente hacen todos los que se plantean montar un proyecto artístico. Y discutirlo, es totalmente necesario si no queremos encontrar los espacios vacíos de público perdiéndose actividades muy interesantes.
Y ahora que la pregunta es si somos muchos, va y se apunta el novio de Ayuso con su saxofón subvencionado....
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