Crítica pormenorizada de este CD publicado por el sello francés Klarthe Records, y protagonizado por el Quartet Gerhard.
Introducción al Quartet Gerhard
Con título AD ASTRA, el último trabajo discográfico del Quartet Gerhard, graba música de dos compositores como son Claude Debussy y Ramon Humet. Editado el 2023 por el sello francés Klarthe Records, el disco[1] contiene unas muy hermosas notas del mismo Humet, que nos introduce en las dos composiciones. Nosotros comentaremos básicamente su obra, ya que es la más personal y única de este trabajo discográfico, tratándose de una world premiere recording. Pero primero introduzcamos el reconocido Quartet Gerhard. En su página web se puede leer en referencia al nombre de su formación:
Robert Gerhard es uno de los compositores catalanes con mayor renombre internacional del s. XX. Nacido en Valls, muy cerca de nuestro lugar de nacimiento en Catalunya, fue discípulo de Arnold Schönberg en Viena y Berlín. Gracias a Gerhard, personas como Webern, Alban Berg, o el propio Schönberg visitaban Barcelona muy a menudo. Se puede leer en su correspondencia cómo les sorprende la ciudad y la cultura de aquella época, justo antes de que la guerra civil y el fascismo acabaran con cualquier progreso en España[2].
El Quartet Gerhard escribe una declaración de intenciones que apuesta por la modernidad y el respaldo de la música progresista y del tiempo presente, no de la barbarie y la estética fascista-conservadora.
Delante del maestro Debussy, nos quedamos sin palabras...
El disco empieza con la obra de Debussy, un revolucionario de su tiempo que sólo escribió un único cuarteto de cuerda, porque no tuvo la oportunidad de componer otro o tal vez porque su espíritu inconformista no se adecuaba bien a esta forma musical de origen clásico. Es su Opus 10, por tanto, una obra de juventud. Ello incluso se nota al señalar en su partitura la tonalidad de Sol menor, aunque más bien es un "Sol modal" (huyendo de la escala tonal ordinaria). Esto ya nos indica la incipiente modernidad de la escritura debussysta. Pero tampoco se comentarán los aspectos técnicos de este tan conocido cuarteto y del que se ha escrito tanto. Acertadamente Ramon justo al inicio de sus notas escribe:
Cualquier aspecto técnico que se pueda explicar sobre el cuarteto de Claude Debussy será trivial, en el mejor de los casos, o incluso perjudicial, en el sentido de que pueda apartar peligrosamente la mirada del sentido verdadero hacia donde apunta la música. Más aún cuando se trata de una obra que escapa del discurso clásico, guarda sólo un perfume muy lejano con sus reglamentarios cuatro movimientos, de la tangibilidad (si es que existe alguna música tangible) y que oscila como un ramillete acariciado caprichosamente por una suave brisa, volando con decisión hacia direcciones imprevisibles.
¿Pero qué decir más? ¡¡¡Qué impotencia!!! ¿Nuestra modesta inteligencia simplemente no repetirá lo que ya ha sido escrito por otros? Después de escuchar varias veces el cuarteto de Debussy en la magnífica interpretación del Quartet Gerhard ¿Qué más decir, sino simplemente recomendar su escucha y olvidarse de cualquier lectura, para focalizar con el oído el puro sonido? ¿Para qué centrarse en el primer movimiento donde se respira un aire arcaico como un templo griego en donde vemos en sus frisos sacerdotisas bailando? ¿O el gusto a la música de guitarra española de su segundo movimiento? ¿Y ese tono tan elegíaco y desnudo del melancólico tercer movimiento? ¿Y ya el final, en el cuarto movimiento, con su expresiva construcción a veces disonante que se avanza a la música de Schönberg?
Y si asociar los nombres de Debussy y Humet tal vez para algunos resulte extraño (o incluso chocante), hay algo que sin duda los conecta muy bien. Ello es la sensibilidad tímbrica que podemos encontrar en la música francesa, como en una música que influencia mucho la obra de Ramon, que es la música japonesa. Como queda bien claro en esta cita:
Es evidente, sin embargo, que es perfectamente posible asociar determinadas características tímbricas o estéticas de la música japonesa -o, mejor dicho, del Este asiático- con determinados procedimientos de composición contemporáneos. De hecho, también encontramos ejemplos de ello en Europa, empezando por Debussy hasta llegar a Messiaen y Boulez[3].
La música del presente vivo frente a la música del pasado fosilizado
Es difícil tener paciencia para no saltarse a Debussy e ir directamente a la música de los vivos, porque ¿es que acaso queremos estar muertos y estar siempre invocándolos? Por ello que nos disculpe el gran Debussy, pero estamos seguros que hubiera deseado que no le tratásemos como una momia y que como él nos enseñó, hablemos de la "impresión impresionista", que siempre está en presente. Así que damos por terminado el muy muy breve comentario sobre este cuarteto para pasar al siguiente, haciendo una pirueta (no demasiado elegante) pero que esperemos que sea mínimamente aceptable para nuestro amado lector...
Desde hace tiempo conocemos la música de Ramon porque tuvimos el placer y honor de ser alumno suyo en el Conservatori del Liceu, allá por la lejana fecha de 2015-2016. Pero aunque conocemos sus obras anteriores, nada más interesante que poder escuchar y escribir sobre una world premiere recording suya (algo que caracteriza la originalidad de este CD y su apuesta innovadora). El cuarteto de Debussy, es muy bonito, pero ha sido grabado innumerables veces. Es lo de siempre para los de siempre... En cambio, aquél intérprete que busque realmente destacar su personal repertorio, fuera de la media mercantil, ha de apostar por las obras únicas y por ello nada mejor que encargar y estrenar las composiciones que nacen de ellos mismos. Tal y como es el cuarteto de Ramon Humet estrenado por y dedicado al Quartet Gerhard.
En nuestra opinión, lo más interesante (y a su vez lo más arriesgado y difícil) es escribir sobre compositores vivos, aquellos que crean su música en nuestra contemporaneidad. Por eso su trabajo (casi) nunca se encuentra en las estanterías (polvorientas) de las bibliotecas. Sobre los vivos prácticamente no existe una bibliografía académica o análisis musicológicos. El presente es resbaladizo porque está desarrollándose en el instante inmediato y no está fosilizado como el pasado. En ese sentido, la escritura sobra la actualidad no puede ser "acartonada" como cuando se analizan las obras ya consagradas del repertorio clásico. La intuición y la poesía deben ocupar un lugar privilegiado, allí donde algunos (erróneamente) apostarían por la erudición y el bagaje enciclopédico. Pero esto sería una confusión, porque la música contemporánea que nace en nuestro presente para muchos es desconocida (por ahora). El paso del tiempo y el reconocimiento (casi siempre) post mortem, hacen que una persona adquiera mayor difusión y popularidad, siendo esto el resultado del desarrollo histórico y de la petrificación de lo vivo. Son muy poco reales las figuras idealizadas y marmóreas de los clásicos consagrados en el Parnaso. Si ellos estuviesen vivos para verse allí, seguro que no se reconocerían...
Origen y estructura del cuarteto I fa l'aire visible
En las notas del disco, Ramon describe de manera bella y poética los orígenes de su cuarteto de cuerda:
El verso del poema que da título a la obra manifiesta un fenómeno natural cautivador: en una noche placentera de luna llena, la luz puede llegar a ser muy intensa e iluminar el espacio, haciendo el aire tangible, denso, visible, como si poseyera corporeidad. Un aire dotado de dos atributos contrapuestos: por un lado, oscuridad y silencio, porque es de noche; por otro lado, forma visible, rayos de luz.
Este es el segundo cuarteto del compositor catalán, titulado I fa l'aire visible, y que está precedido por su primer cuarteto (con electrónica), Fràgil. Su próximo cuarteto se estrenará próximamente, Vers l'infinit para cuarteto amplificado y cuencos tibetanos de cristal, con una duración de casi una hora. Continuemos citando las notas firmadas por Humet y que nos explican la construcción formal de I fa l'aire visible:
En los diez movimientos del cuarteto coexisten cuatro elementos: Aire, Silencio, Luna y Estrellas. El elemento Aire contiene masas de sonido tenue condensado en arcos ligeros, en el límite del ruido blanco, con actividad densa. El elemento Silencio se basa en un stasis circular donde las armonías justas resuenan cíclicamente en un mar de silencio. En los elementos Luna y Estrellas destaca una línea.
Vemos ya desde el inicio la originalidad formal del cuarteto. Todo y que cada movimiento se toca sin interrupción, cada uno se diferencia claramente por sus materiales. Se podría hablar de un cuarteto sin pausas y en una sola sección, pero es más interesante concebir sus movimientos de manera separada. Lo habitual entre los compositores actuales es escribir cuartetos de cuerda de un solo movimiento o muy pocos, por contra, el planteamiento formal de I fa l'aire visible destaca por su originalidad.
Los movimientos de un cuarteto y los haikus
Si en el pasado, el canónico cuarteto de cuerda tenía cuatro movimientos, fue Beethoven uno de los primeros en destruir esta estructura para ampliarla. En su cuarteto de cuerda n.º 14 Opus 131 concibió el número de 7 movimientos. Durante esa época no era nada común y sin duda es el genio de Bonn el originario de una nueva manera de entender la forma y la relación entre sus partes. Los últimos cuartetos de Beethoven no son frívolas piezas de entretenimiento para diversión de la aristocracia, sino mundos poéticos y de gran profundidad filosófica y metafísica. Por ello, el compositor revoluciona la forma del Streichquartett, abriéndola definitivamente a la modernidad con sus propias reglas originales, contra toda tradición y convencionalidad. Posteriormente ha habido otros compositores que han ampliado el número de movimientos, por ejemplo, Harrison Birtwistle (1934–2022) en su Nine Movements for String Quartet. Humet elige el número estable de 10 para subdividir su obra, que en total tiene una duración de 24'44''. Ninguno de los 10 movimientos superan los 5 minutos, siendo esta la máxima duración y la mínima 1 minuto justo. Todo está trabajado desde la miniatura, algo que le emparenta con la música para cuarteto de cuerda de Anton Webern. Quien escribe una música muy minuciosa y pura en sus concentradas "perlas sonoras", a su vez, características comunes de la música japonesa. Por ello, estas músicas se conectan muy bien con la estética de Ramon Humet.
La herencia cultural y la religiosidad meditativa [es] lo que constituye la verdadera esencia musical de lo japonés -y no ciertos elementos procedentes de fuentes tradicionales-. Desde el punto de vista técnico, hay más similitud con los principios de la composición de Webern [...] incluso se consideró expresamente como una forma de oponerse al expresionismo de Schönberg -ajeno a su mundo [el japonés]- y de simpatizar con las estructuras tan reducidas como precisa de Webern. La atracción que ejercían lo abstracto y lo objetivo fue uno de los principales factores, ya que la música en Japón -y aquí sí que se refleja con toda claridad la influencia de ciertas tendencias tradicionales- es fundamentalmente estática y no dinámica[4].
Vamos a citar el nombre y disposición de cada uno de los movimientos del cuarteto que escribe Humet, porque nos revela el espíritu pulcro y la cuidadosa elaboración de materiales concisos y mínimos, que caracterizan su obra:
I. Aire
II. Silenci
III. Estels
IV. Aire
V. Silenci
VI. Lluna
VII. Estels
VIII. Aire
XIX. Lluna
XX. Silenci
Se podría leer la sucesión de títulos como un haiku, que con pocas palabras asociadas a la naturaleza, distribuidas en un bello orden con sus repeticiones y ritmos, son una belleza muy concentrada y especial. Porque «un haiku es poesía pura, ajena a los engranajes meramente intelectuales que estructuran un poema. [...] El haiku no expresa pensamientos o ideas sino la realidad misma de las cosas: la esencia pura de las cosas, basada en la intuición, en la simplicidad y en la no-intelectualidad[5]». Pero para los lectores que no hayan leído nunca un haiku y así sepan a qué nos referimos, citaremos uno con varios de los conceptos utilizados en el "haiku" del maestro Humet. Este es el también musical y hermoso haiku del maestro Issa:
Frío crepuscular,
la campana
tañe nuestra vida lentamente.
El gatito
vacilando en la balanza
aquieta su juego.
Sacra música nocturna;
en las hogueras
aletean las teñidas hojas[6].
Culturas diferentes, y por tanto, formas de pensamiento diversas
Frente a la metafísica, el ultra-expresionismo individualista y la fuerte carga filosófica de por ejemplo, los últimos cuarteto de Beethoven; Humet opta por la estética de la sencillez (que ello no significa más facilidad), vinculada a un pensamiento oriental como ejemplifica el haiku. El enrevesado intelectualismo alemán, nada tiene que ver con la música del compositor catalán. Su expresión es la naturaleza sonora por sí misma en su simplicidad transparente, como ver caer una hoja de un árbol. Esa es una de las razones para que en el cuarteto de Humet, no haya espacio para grandes alardes virtuosísticos y de gran exuberancia, ya que su trabajo es el de un preciosista que cuida con gran esmero cada una de sus miniaturas o joyas. Incluso en algún pasaje rápido de I fa l'aire visible, con bariolage, trémolos u otras técnicas llamativas al oído, enseguida desaparecen. Son apariciones esporádicas que como el humo, se consolidan y enseguida se esfuman (nunca mejor dicho, atendiendo a la raíz etimológica de sfumare). Ello no quiere decir que el trabajo sea fácil, muy al contrario, requiere de una gran destreza compositiva. Por ejemplo, hay que tener en cuenta que el cuarteto está escrito en la muy poco habitual afinación justa. Y sin duda para los intérpretes tampoco es un cuarteto que en pocas horas se aprenda. Cuestiones como la afinación muy minuciosa requieren mucho trabajo y un oído finísimo, que sin duda el Quartet Gerhard tiene y es de resaltar, porque es una cualidad muy poco frecuente entre los músicos.
Técnica brava, musculatura de escalas, fortísimos estridentes y velocidades hipersónicas, son el pomposo y llamativo virtuosismo para el público de aplauso facilón, que no quiere esforzarse en apreciar una dificultad mucho más sutil, delicada y casi invisible, como la que tiene I fa l'aire visible. Pero nada mejor que recurrir otra vez más a la poesía, para comprender esto. Los versos de la Oda a la Alegría escritos por Friedrich Schiller, y que Beethoven inmortalizó en su Novena Sinfonía, aunque hablen de la naturaleza como hacen muchos haikus, no lo hacen en el mismo estilo... ¡Comprobémoslo!
Se derrama la alegría para los seres
por todos los senos de la Naturaleza.
Todos los buenos, todos los malos,
siguen su camino de rosas.
Ella nos dio los besos y la vid,
y un amigo probado hasta la muerte;
Al gusanillo fue dada la Voluptuosidad
y el querubín está ante Dios[7].
No es esta la "música de un haiku". Por cierto, el poema de Schiller leído en nuestra contemporaneidad suena bastante kitsch, por ello, mejor recurrir a una poesía fuera de toda "ampulosidad sentimentaloide", sin un trágico pathos, que renuncie a voluptuosidades metafóricas estrambóticas, etc. De esta manera uno se podrá conformar con la sencilla realidad en sí, las pequeñas cosas de nuestra día a día, más hermosas y cautivadoras, cuando aparecen sin adornos rocambolescos o florituras rebozadas. Así es el cuarteto de Ramon Humet, que además opta por una construcción del tempo musical alejado de la direccionalidad progresiva y evolutiva típica del desarrollo beethoveniano (una idea del tiempo vertical muy occidental). Por contra, en la música de Humet se escucha una concepción del tiempo más circular y/o horizontal, que se emparenta con las culturas orientales (aunque esto se comenta de manera muy general, siempre se puede matizar y concretar). En definitiva, una atmósfera estática, fuera de toda tensión y agresiva dialéctica, que viva en un tiempo natural para la paz y la tranquilidad eterna en la soledad, fuera todo caos, ruido y artificialidad cultural. No es la atmósfera que nos enseña Sun Tzu en su famoso El Arte de la Guerra, porque como se apunta (nada más y nada menos) que al inicio de esta famosa obra: «Sun Tzu dice: la guerra es de vital importancia para el Estado; es el dominio de la vida o de la muerte, el camino hacia la supervivencia o la pérdida del Imperio: es forzoso manejarla bien»[8]. Y si uno piensa que esta obra se escribió ayer, por su tremenda actualidad (especialmente en referencia al Imperio ruso o al "Imperio" de Israel-USA), ha de tener muy en cuenta que aproximadamente es del siglo V a. C.
El ruido social y la toxicidad del poder enfermo, ha provocado en algunos poetas occidentales que se inspirasen en la simplicidad de los orientales, para encontrar un mundo fuera de todos estos galimatías artificiales. Por ello el gran Bertolt Brecht al final de su vida, cuando se instaló en el Berlín Este, se propuso el «rechazo a algunas prácticas de la cultura oficial [...] para dar lugar a una poesía muy influida por los antiguos poetas chinos y japoneses: condensación, simplicidad. "Sus poemas estaban cincelados con precisión", afirma Ewen»[9]. De ese modo pudo escribir un bello poema como:
SOBRE UN LEÓN CHINO DE RAÍCES DE TÉ
Los malos temen tus garras.
Los buenos disfrutan con tu gracia.
Algo así
me gustaría oír decir
de mi verso[10].
Añadir también un breve y bello haiku escrito por Erza Pound:
EN UNA ESTACIÓN DEL METRO
La aparición de estas caras en la multitud;
Pétalos en una rama negra, húmeda.
Pero que el lector no piense que nos alejamos de la música, porque para Ramón Humet la realidad social en la que vive, es un tema también de su interés (dado que directa o indirectamente también afecta a la música). Como bien lo apunta en sus notas del disco: «La actual deshumanización en todos los ámbitos sociales, con la histeria tecnológica como abanderada de una época notoriamente superficial y banal, ha devaluado la Belleza y la Verdad en el mercado de valores colectivo. Por eso es urgente y necesario adentrarse en los misterios de las grandes obras maestras». Además, Ramon es un compositor muy concienciado con el respeto a la naturaleza y el medio ambiente. Esto también se relaciona con su pasión por la música japonesa, conociéndola de primera mano porque él mismo interpreta el Shakuhachi. Todo ello lo podemos escuchar y concretizar en su música, por ejemplo, en su composición para orquesta y Shakuhachi titulada Desert. Como también su amor por el zen se puede encontrar en sus preciosos Quatre jardins Zen.
Breve análisis de los cuatro primeros movimientos
Una vez señaladas brevemente algunas de las características generales de I fa l'aire visible[11], vayamos un poco al detalle. El cuarteto de Humet se inicia en su primer movimiento I. Aire, con unas bellas armonías que giran sobre sí mismas en ostinato, realizando como movimientos cíclicos que le dan a todo este inicio una atmósfera cristalina. Posteriormente las armonías se van desplegando por los diversos instrumentos mediante glissandos o barridos de armónicos. Ya hacia el final, las notas (como si estuviesen andando) alcanzan gradualmente un terreno ultra-agudo, ejemplificando la direccionalidad de la serie armónica. Además, el arco se mueve hacia el puente de madera, fusionando así la sonoridad brillante y casi pura del agudo (muy similar a un sinusoide), con la cualidad sonora de las cerdas del arco rozando el puente, lo que provoca un sonido muy parecido al del aire (también con una tonalidad aguda). De esta manera técnica y estética se entrelazan muy adecuadamente, ya que el título de este primer movimiento, Aire, se convierte en un concepto poliédrico. Citemos algún fragmento de haiku relacionado con este elemento invisible, para escuchar su sonoridad y relacionarla con el cuarteto de Humet. Un primer ejemplo del maestro Bashō:
Sopla el viento de invierno:
los ojos del gato
pestañean[12].
Y con ciertas conexiones con el anterior, ahora del maestro Buson:
Aire mañanero.
Se mueven
los pelos de las orugas[13].
Frente al primer movimiento I. Aire, que se caracteriza por la homofonía de acordes y sonoridades en ostinato, el segundo movimiento II. Silenci, nos descubre una textura mucho más desnuda con bellos arpegios (que circulan entre las cuatro cuerdas de cada instrumento) acompañados de numerosos silencios (haciendo honor al título de este movimiento). Sobre todo se oyen pequeños intervalos microtonales e intervalos de 5a y 6a, que con su audible amplitud parecen mostrarnos los huecos que hay entre ellos. De esta manera se puede "escuchar el silencio" por medio del sonido. El silencio no es sólo ausencia de vibración sonora, esto es muy simple. El silencio también puede ser un espacio virtual, una disposición psíquica, una realidad compleja y ambigua, que va más allá de la mera nulidad.
El silencio se convierte en recurso y discurso en situaciones de exceso emocional debido a su carácter contingente -no esencialista-, a su poder metafórico, a su incuestionable ambigüedad, que deja en suspenso el contenido que reemplaza su lugar, y a su facultad proyectiva, en la que se enfatiza nuestra propia libertad[14].
En la contradicción y el juego de opuestos, hay todo un mundo a explorar. Esto bien se puede ejemplificar en los movimientos que Humet titula Silenci, como en el haiku, que es muy hábil en estas contraposiciones, donde a veces junta lo melancólico con el humor. Citemos de nuevo un bello ejemplo ahora escrito por Issa:
Cuando muera
ven a guardar mi tumba,
grillo![15]
El siguiente movimiento, III. Estels, añade un nuevo elemento al cuarteto. Este es la textura de solista para el segundo violín, tal vez para destacar como una estrella (así se traduce en catalán "estel"). Además, el título del trabajo discográfico, Ad astra, significa en latín "hasta las estrellas". Podemos ir observando que el cuarteto de Humet se basa en pocos elementos muy bien escogidos y repartidos conforme se va desarrollando la composición. Apenas algunas armonías recurrentes, muy pocos ritmos que marcadamente pulsan el espacio temporal del cuarteto, micro-variaciones tímbricas gracias a las diversas posiciones en donde toca el arco y las diversas cualidades al pulsar la cuerda con la mano izquierda (por ejemplo los armónicos), y no muchos más elementos. No encontramos una profusión de técnicas y enormes recursos, sino como un maestro zen, se conforma con muy poco porque de esa manera se consigue la auténtica riqueza.
Centrándonos de nuevo en Estels, dentro del movimiento esta vez existen dos materiales muy bien delimitados. Por un lado, un inicial cuarteto entero tocando rápidamente una sucesión de acordes ascendentes que con su alternancia de ritmos binarios y ternarios le da un cierto aire de hemiolia. Por otro lado, le sigue únicamente el violín segundo que toca una bella melodía donde podemos escuchar muy claramente las particularidades de la entonación justa. Además, en contraste al primer material, este segundo es senza mesura y muy lento. Cuando la melodía termina retornan los acordes iniciales brevemente como un ritornello (aunque con alguna ligera modificación). Posteriormente le sigue otra vez una nueva melodía sin mesura.
El uso de claras armonías (con reminiscencias tonales) junto con explícitas melodías hacen que la música de Humet se inscriba fuertemente en la tradición. En su trabajo no encontramos apenas rastros evidentes de las habituales corrientes de la música contemporánea, del serialismo al espectralismo pasando por la música postlachenmanniana, etc. Su camino es más bien independiente, donde los componentes clásicos no son boicoteados (como es habitual en la llamada Neue Musik), pero en gran medida se actualizan para no ser una mera copia del pasado.
En Estels, el dúo de materiales (acordes + violín solista) se repite en total durante tres ocasiones, para a continuación dar paso al nuevo movimiento IV. Aire. Y en referencia a este elemento natural, citemos un fragmento de un poema protagonizado por el aire, musicalizado por un compositor que Ramon Humet admira, como es Gustav Mahler. En su Das Lied von der Erde, basado en textos del poeta chino Li Bai, ponía música a un poema (justamente en el IV movimiento) titulado Von der Schönheit, "De la belleza". Como Ramon escribe en sus notas del disco, esa Belleza que nos alivia de vivir en un mundo que la está destruyendo. Aquí los versos escritos por Li Bai:
Y el céfiro levanta con caricias aduladoras la tela
de sus mangas, se lleva la magia
de sus agradables perfumes a través del aire[16].
El IV movimiento contrasta bastante con los otros, porque entre otras cosas parece estar escrito dentro de una estética neobarroca. El tipo de motivos y líneas melódicas que realiza la viola solista, la emparentan con la cadenza barroca típica de los conciertos para cuerda. Añadir que también se preparan todos los instrumentos con una sordina di piombo (una sordina de plomo), a excepción de la viola, produciendo como una sonoridad metálica que en nuestra opinión recuerda el timbre del clavecín. Todo ello junto a una rítmica muy marcada, danzarina y de nuevo una estructura tipo ritornello, parecería que (sobre todo al inicio) nos encontramos con un movimiento propio de una suite barroca. Pero esto sólo es un "perfume", una sensación subjetiva, en definitiva, una opinión. El breve movimiento justo de 1 minuto de duración (el más corto de todo el cuarteto), enseguida realiza un fuerte y veloz clímax sonoro algo violento, que hace destacar sorpresivamente esta parte frente a las otras, mucho más tranquilas y pacíficas. Siendo este segundo Aire muy diferente al primero que iniciaba el cuarteto.
Continua V. Silenci que recurre a una textura esta vez con mucha más similitud al anterior Silenci del segundo movimiento. Sin duda el cuarteto despliega nuevos materiales dignos de comentar, pero pararemos aquí nuestro modesto y breve análisis, porque el lector ya se puede hacer una idea general de por dónde va I fa l'aire visible. Como la Lluna (título de otro movimiento del cuarteto), vayamos a la oscuridad para poder visualizar el hermoso astro. Por ello concluyamos comentando de nuevo que en tiempos difíciles, la auténtica Verdad y Belleza han de ser nuestra guía. Aprendamos del maestro Issa quien «quizás la adversidad de su existencia se tradujo en compresión, y llegó así a conocer el lenguaje de las moscas o a saber que un gorrión tiene también la posibilidad de beber el reflejo de la luna»[17].
Qué mejor que finalizar definitivamente este texto agradeciendo la enorme amabilidad de Ramon Humet y el Quartet Gerhard por haberme enviado su disco para reseñarlo.
Notas
- ^ Puede escucharse entero en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=0PKHoLqGlak&list=OLAK5uy_nXecl1nnThVaPJI2FAUJ3H5gQoliVote0&index=2^ https://gerhardquartet.com/new-index#overview-1^ DIBELIUS, Ulrich. La música contemporánea a partir de 1945. Akal, Madrid, 2004, p. 259.
^ Ibidem. p. 259.
^ SVANASCINI, Osvaldo. Introducción a Tres maestros del haiku. En BASHŌ, BUSON E ISSA. Tres maestros del haiku. Editorial el perro y la rana, Caracas, 2008, pp. 9 y 11.
^ Ibidem. p. 97.
^ https://es.wikipedia.org/wiki/Sinfon%C3%ADa_n.%C2%BA_9_(Beethoven)
^ SUN TZU. El Arte de la Guerra. Biblioteca Virtual, 2003, p. 4.
^ GORTÁZAR, Alejandro. PRÓLOGO. En BRECHT, Bertolt. POESÍAS. Selección y traducción de José María Valverde. Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 2017, p. 19
^ Ibidem. p. 183.
^ Se puede previsualizar la partitura completa en la Universal Edition, casa editorial donde está publicada la composición: https://www.universaledition.com/ramon-humet-8116/werke/i-fa-l-aire-visible-35282
^ BASHŌ, BUSON E ISSA. En Tres maestros del haiku. Editorial el perro y la rana, Caracas, 2008, p. 9 y 11.
^ Ibidem. p. 58.
^ GARRIGA INAREJOS, Rocío. El silencio como límite comprensivo, cognitivo y estructural: una lectura estética en torno al arte contemporáneo. Tesis doctoral, Universitat Politècnica de València (2015), p. 189.
^ p. 81.
^ https://es.wikipedia.org/wiki/Das_Lied_von_der_Erde
^ SVANASCINI, Osvaldo. Introducción a Issa. En BASHŌ, BUSON E ISSA. Tres maestros del haiku. Editorial el perro y la rana, Caracas, 2008, p. 73.
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