En el día de publicación de este editorial ya sabemos que el Ministro de Cultura y Deportes ha aplazado al 5 de mayo la aprobación de medidas para el llamado «sector cultural», que se iban a determinar en el Consejo de Ministros del 28 de abril. Sí hemos conocido la hoja de ruta para ir caminando hacia la posible salida, pero se olvida el «hasta entonces» y el «entonces cómo lo haremos».

Redacción
1 mayo 2020
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1 de mayo, diario de crisis: nada nuevo en el horizonte

Pensábamos que este editorial podría ya redactarse teniendo frescas las noticias de las medidas del Gobierno que había prometido aprobar el pasado martes 28 de abril en el Consejo de Ministros, pero no, las ayudas se retrasan (¿deberíamos sorprendernos?), aunque el Gobierno mantiene que hubo una confusión de fechas y que están dentro del plazo prometido para aprobarlas. Según el Ministro de Cultura y Deporte, se dan una semana más para solventar algunos detalles relativos a la protección por desempleo de los trabajadores del «sector». Así que este primer paquete de medidas se aprobará –según el ejecutivo- el próximo martes 5 de mayo. Es decir, 53 días después de decretarse el Estado de alarma, una auténtica barbaridad de tiempo para una cantidad de profesionales que, en el caso de las artes escénicas, ya habían visto cómo se cancelaban conciertos y espectáculos antes de esta fecha del 14 de marzo.

Eso sí, derivado de ese mismo Consejo de Ministros hemos conocido las medidas de «desescalada» (suenan extraños estos palabros, junto con contradicciones en sí mismas como «nueva normalidad» o «distancia social»), que dejan la apertura progresiva de la actividad escénica algo más cerca de lo que se pensaba. Aun así, la incertidumbre sobre la viabilidad de la reducción de aforos y otras normas todavía no digeridas, hacen que el problema no desaparezca, ni mucho menos. Se suma al del «aquí y ahora».

Somos conscientes de que este editorial puede quedar obsoleto en cinco días. Sin embargo, nos gustaría incidir en cómo se percibe la inacción evidente de un ministerio –o, mejor dicho, de un ministro- que tiene al mundo de la cultura totalmente abandonado. Si bien algunos creyeron percibir un cambio de discurso después de la deplorable comparecencia inicial, Rodríguez Uribes –como demuestra una entrevista del pasado 26 de abril en Telemadrid– continúa excusando esta inacción en que el ejecutivo quería tomar medidas para todos, sin marcar ningún tipo de especificidad sobre el ámbito profesional de la cultura, queriendo que quedara claro que la «idea fuerza» era no otorgar privilegios a nadie (no nos olvidemos de cómo lo dijo en la comparecencia del 7 de abril, dando a entender que el mundo de la cultura quería estos privilegios por encima de los que estaban en primera fila combatiendo el virus, sanitarios, fuerzas de seguridad, etc.).

Sin embargo, esos privilegios sí se han visto en su ministerio en lo que respecta al deporte, autorizando el pasado 11 de abril la convocatoria de ayudas a las federaciones deportivas por valor de 50 millones de euros, como se informa en el diario Marca. Dicho sea de paso, algunas Comunidades Autónomas –como Andalucía o Madrid- también se han apresurado a destinar ayudas millonarias a estas federaciones. Lo primero es lo primero. Tampoco es ajeno el Ministerio a articular otras medidas en colaboración con el ámbito privado, como la creación de una fundación, gestionada por el propio ministerio, para ayudar al deporte con 200 millones provenientes de los derechos audiovisuales. Está claro que este ministro se siente como pez en el agua en el entorno de la segunda parte del nombre de su ministerio, y la primera le resulta, cuando menos, incómoda.

Los autónomos sí están cobrando, todo hay que decirlo. Es la respuesta que concuerda con esa «idea fuerza» de que no se otorgarían privilegios a ningún sector pero no se dejaría en la cuneta a nadie. Un 90% de las solicitudes, unas 74.500, ya se han aceptado y están ya cobrando el subsidio. El problema es que muchos profesionales en este ámbito de la cultura no son autónomos y esa es una de las razones principales por la que se piden acciones específicas.

Préstamos ICO: usura bancaria sin respuesta

Pero tomemos por un momento la tesis de Rodríguez Uribe respecto a que el «sector cultural» tiene a su disposición las mismas medidas que otros sectores para evitar el desastre. Pues no exactamente, la parte más débil del tejido cultural –por ejemplo, pequeñas librerías, teatros  alternativos o compañías de reducidas dimensiones- se están quejando amargamente de que una de las medidas que ha articulado el ejecutivo “sin discriminación por sectores”, los préstamos ICO, no les están llegando. Aun con el aval del 80% del Estado, las entidades bancarias hacen un estudio de riesgos y, lógicamente, el resultado es un negro panorama para estos pequeños empresarios. Consecuencia: intereses al doble de lo que marca el Real Decreto, esto para los casos que tienen suerte y se les concede el crédito. Como siempre, la banca hace negocio con la tragedia, algo que no es nuevo y no debería sorprendernos. Pero sí que la inyección, en forma de avales, de 20.000 millones en «chute de liquidez» a los bancos para estos préstamos, no tenga la vigilancia lógica del cumplimiento de unas condiciones mínimas. La usura se combate con normas, vigilancia y sanciones, algo que no parece entender el Ministerio de Cultura, aunque –como ya es habitual- algunas de sus fuentes indican que trabajan «en habilitar las mejores fórmulas para que la liquidez llegue al sector de la cultura». Más claro, agua.

En definitiva, con esta pesada losa que parece que nadie está dispuesto a sostener, hoy 1 de mayo, Día de los trabajadores, los de la cultura tienen poco que celebrar y mucho que reivindicar. El problema es cómo hacerlo en un colectivo que no lo es realmente, con intereses de industria que se erigen como voces autorizadas y con interlocutores sordos a todo lo que no sea mercado. Negro panorama para el resto, muy negro, aunque nada nuevo bajo el sol.

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