Este artículo se centra en las aves como componentes de la biofonía nativa en ambientes del pastizal pampeano semiárido, donde pueden encontrarse ambientes valiosos para la conservación de la biodiversidad y distintas formas de interacción entre la sociedad y la naturaleza. A través de una colección de registros sonoros de aves y su reinterpretación artística en piezas electroacústicas, se pretende contribuir con la conservación del patrimonio sonoro de dicho ambiente, con el fin de fomentar su valoración y conservación, ejerciendo el arte como una vía de conexión con la naturaleza.

Martín Amodeo
1 junio 2020
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Paisajes sonoros pampeanos y valoración de la biodiversidad

UN ACERCAMIENTO AL PASTIZAL PAMPEANO A TRAVÉS DE SUS SONIDOS

Biodiversidad, conservación y paisaje sonoro

Durante las últimas décadas, el concepto de biodiversidad ha adquirido un valor central en la sociedad. Cuando hablamos de biodiversidad nos referimos a una amplia variedad de organismos, patrones, interacciones y procesos que son fruto de largos cursos evolutivos que han tenido lugar en la Tierra. La biodiversidad, a su vez, ha sustentado el desarrollo de las sociedades humanas, representando una fuente de recursos y servicios, así como un núcleo fundamental del patrimonio cultural que las define (Pullin 2002). La diversidad biológica es entonces un fruto de la evolución, un proceso de cambio en el cual pueden establecerse ancestros comunes entre las especies y linajes evolutivos que, como las ramas de un árbol, podrían remitirnos a un punto en común a todos los seres vivos: el origen de la vida. Dado que los seres vivos se desarrollan en el espacio, existe un vínculo entre la distribución geográfica de las especies y su historia evolutiva (Ridley 2003). El rango geográfico de una especie puede cambiar si sus miembros se mueven en el espacio, un proceso llamado dispersión. Los organismos se mueven en el espacio, ya sea de forma activa o pasiva, colonizando áreas desocupadas y respondiendo a cambios ambientales. Un caso extremo de dispersión, es aquel mediado por la especie humana, que traslada organismos vivos por fuera de su rango de distribución nativa, permitiendo la superación de barreras de dispersión imposibles de ser sobrepasadas por sus propios medios.

La especie humana, más que ninguna otra, ha generado en poco tiempo un proceso de cambio a nivel global cada vez más acelerado. La magnitud de su influencia sobre procesos climáticos, hidrológicos, geológicos y biológicos, han despertado un importante debate en la comunidad científica sobre la posible definición de una nueva época geológica llamada antropoceno, definida por la huella que la especie humana dejaría sobre la tierra (Erlandson y Braje 2013). El crecimiento poblacional humano es el causante principal de un proceso de erosión de la biodiversidad cada vez más marcado, conllevando la pérdida irreversible de ambientes y con ello la extinción de especies y reservorios genéticos. La actividad humana ha crecido globalmente involucrando un impacto negativo sobre la diversidad biológica a través de una homogeneización biótica. Este concepto de homogeneización es definido como un reemplazo de la biota local por especies no nativas (exóticas) implicando la pérdida de especies (McKinney y Lockwood 1999). Por lo tanto es importante promover la conservación de especies nativas tanto en ambientes naturales y seminaturales, como urbanos, con el objeto de preservar la biodiversidad local y, con ello, la identidad sonora de los espacios.

Durante la segunda mitad del siglo XX, una variedad de disciplinas han empleado de diversas maneras el concepto de paisaje sonoro haciendo referencia a la totalidad de los sonidos que ocurren en una determinada locación dentro de un marco temporal determinado (Pijanowski, Villanueva-Rivera y otros 2011). El concepto de paisaje sonoro tiene su origen en los 60´s con trabajos del psicólogo ambiental Michael Southworth (Southworth 1969) y el artista Murray Schafer (Schafer 1993). Recientemente, su uso ha recibido un fuerte impulso en la ecología como una forma de análisis de los ecosistemas conformando una nueva disciplina (Gasc y otros 2017, Pijanowski, Farina y otros 2011). En un paisaje sonoro pueden identificarse tres fuentes sonoras principales: aquellas de origen biológico (biofonía), geofísico (geofonía) y antrópico (antrofonía, Pijanowski, Villanueva-Rivera y otros 2011, Pijanowski, Farina y otros 2011). La ecología acústica, ha destacado la importancia de una escucha atenta y el registro sonoro de ambientes naturales y su conservación como parte del patrimonio cultural y natural. La ecología del paisaje sonoro analiza entre otras cosas las variaciones en la biofonía (variaciones espectrales, temporales, espaciales) en relación a cambios ambientales a gran escala como la alteración del hábitat, el cambio climático y la expansión de especies exóticas (Gasc y otros 2017). En este sentido, el análisis del paisaje sonoro nos permite comprender procesos de transformación que se dan en un ambiente, pudiendo detectar la acción antrópica sobre los ambientes más allá de la propia antropofonía. La alteración del hábitat y la introducción de especies exóticas pueden modificar fuertemente la biofonía de un ambiente. Entonces, ¿Qué sucede con la biofonía nativa?

Arte sonoro y aves del pastizal pampeano

Arte Sonoro y Aves del Pastizal Pampeano (Amodeo 2015a) es un proyecto que se focaliza en las aves como componentes de la biofonía nativa en ambientes del pastizal pampeano del sudoeste de la provincia de Buenos Aires, donde pueden encontrarse ambientes marginales valiosos para la conservación de la biodiversidad. Desde 2015, con el apoyo del Ministerio de Cultura de la Nación a través del Fondo Argentino de Desarrollo Cultural 2015, se han realizado registros sonoros mediante micrófonos parabólico y estéreo, en reservas naturales, bordes de rutas y campos, abarcando distintas formas de interacción entre la sociedad y la naturaleza. Basándose en observaciones del comportamiento de las especies (Ratcliff 2016), las grabaciones intentan registrar las vocalizaciones más típicas de cada una (empleando el micrófono parabólico), pero además su contexto, el paisaje sonoro en el que se encuentra (micrófono estéreo).

Por otro lado, a partir del material registrado se realizó un trabajo artístico y, mediante su procesamiento digital, se construyó un repertorio de diseños sonoros que forman parte de una serie de piezas de arte sonoro. Estas piezas acusmáticas intentan reflejar y reinterpretar la identidad sonora de cada especie, así como de su entorno que incluye elementos antrópicos típicos del paisaje pampeano semiárido. Estos materiales fueron utilizados para dar difusión, principalmente en adolescentes, teniendo como eje la valoración de los ambientes de pastizal, sus paisajes sonoros y las aves autóctonas. Mediante charlas y talleres realizados en establecimientos educativos públicos de la zona de Bahía Blanca, se propuso promover la vinculación con dicho patrimonio sonoro y natural. Dichas piezas sonoras, pretenden actuar como disparadores en torno a la valoración de la diversidad biológica nativa y ejercer el arte como una vía de conexión con la naturaleza.

Las aves

Se concretó una colección de grabaciones de cantos de aves típicas del pastizal pampeano (Amodeo 2015b). Las aves registradas pertenecen a una diversidad de familias con diferencias anatómicas y distintas formas de generación del sonido. A continuación se describen seis de las especies registradas, incluyendo un espectrograma de su vocalización característica (Figura 1) y fotografías (Figura 2). Los espectrogramas mostrados en este artículo fueron construidos utilizando el software libre R (R Core Team 2017) y los paquetes seewave (Sueur, Aubin y Simonis 2008), tuneR (Ligges y otros 2018), ggplot2 (Wickham 2009) y gridExtra (Auguie 2016).

La lechucita de las vizcacheras (Athene cunicularia) es un ave ampliamente distribuida por prácticamente todo el continente americano, habitando preferentemente en pastizales y zonas áridas. Se trata de un habitante típico de la región pampeana, que nidifica en cuevas que construye excavando en el suelo con sus garras y a menudo utiliza cuevas de vizcacha. Se trata de una especie con hábitos tanto diurnos como crepusculares, su canto se destaca principalmente en la serenidad del paisaje sonoro nocturno. Produce un grito de alarma que utiliza para advertir posibles peligros a su grupo y para cazar. Por otro lado, presenta una vocalización bisilábica que tiene un rol fundamental en el cortejo sexual y en la marcación de territorio. Cumpliendo un rol de predador, el sentido del oído se encuentra notablemente desarrollado en esta especie pudiendo oír niveles de intensidad inaudibles para los humanos. Del mismo modo que un pabellón auricular, su rostro chato cubierto de una densa capa de plumas funciona como una pantalla que concentra las ondas sonoras sobre sus oídos. En el mismo sentido, su vuelo es completamente silencioso gracias a las plumas del borde de sus alas que presentan una conformación que reduce la turbulencia del aire (Montes y Palermo 1987).

El leñatero (Anumbius annumbi) es un ave muy común en áreas rurales y pastizales de la región. Su canto es poco melodioso pero de gran intensidad y es muy común que la hembra y el macho canten a dúo. El canto consiste en un repiqueteo de notas descendentes que repite de manera insistente desde un poste alto, alambrado o arbusto. Su nombre se relaciona con que normalmente es visto acarreando ramas pequeñas y espinosas con las que construye su nido, muy fácil de encontrar en postes elevados o en arbustos a mediana altura.

El chingolo (Zonotrichia capensis) es un ave muy abundante y ampliamente distribuida en América del Sur, y además es reconocida y apreciada en el folklore de nuestro país (Montes 1987). Se trata de un ave confiada y muy común de encontrar tanto en áreas naturales y rurales como en ciudades. Puede formar bandadas de cientos de individuos que se desplazan en conjunto, habitualmente junto a otras aves, sobre todo durante el invierno. Su nido es construido con pastos secos generalmente en una depresión del suelo entre matas y arbustos. El canto del chingolo es sencillo pero de gran intensidad, conformado por tres silbos claros y agudos seguidos de un trino final. El canto es repetido a intervalos mientras el ave permanece posada y muchas veces en cada repetición el canto sufre pequeñas variaciones y fragmentaciones. Por otro lado, del mismo modo que sucede con los dialectos humanos, el canto del chingolo está sujeto a notables variaciones locales y regionales a lo largo de toda su distribución (Tubaro y Segura 1994). El canto del chingolo puede oírse durante casi todo el año e incluso de noche.

El cachilo ceja amarilla (Ammodramus humeralis) es un ave muy común en áreas rurales, pastizales y sabanas de la región. Se trata de un ave poco conocida a pesar de que es confiado y muy conspicuo. Es muy común encontrarlo posado en postes de alambrado, desde donde emite su canto delicado y sutil pero fácil de distinguir en el paisaje sonoro rural. El canto consiste en un gorjeo muy delicado seguido de una nota nasal y un suave trino final. Es un ave más bien terrícola ya que se desplaza sobre el pastizal posándose en sitios visibles bajos y construye su nido en el suelo con pastos.

El verdón (Embernagra platensis) es un habitante común en sabanas, pastizales intermedios y juncales cerca de arroyos. Presenta una vocalización compleja y dinámica en frecuencias y un llamado sencillo y corto. Es un ave confiada y en general se le observa en pareja o individuos dispersos pero raramente formando bandadas.

La loica común (Sturnella loyca) es un ave muy común en pastizales y estepas de la región. Pertenece a una familia de aves que generalmente son gregarias y muy sonoras. Posee un canto chillón de pocas notas con gorjeos, silbos y sonidos nasales, que lo emite posada en sitios expuestos a baja altura como postes de alambrados o arbustos. Su canto, poco melodioso, tiene una gran intensidad y se destaca en el paisaje sonoro de cualquier campo de la región, pudiendo oírse aún en el invierno, mientras otras aves se mantienen silenciosas (Montes y Palermo 1987). La hembra y el macho pueden acompañarse cantando en canon (puede observarse la repetición en el espectrograma de la Figura 1) y, además del canto completo, producen una breve señal de alarma.

Figura 1

Figura 1. Espectrogramas que representan las principales vocalizaciones de algunas de las especies de aves registradas en pastizales semiáridos del sudoeste de la provincia de Buenos Aires

Figura 2

Figura 2. Algunas de las especies de aves registradas, habitantes típicos en pastizales semiáridos del sudoeste de la provincia de Buenos Aires: A) Lechucita de las vizcacheras (Athene cunicularia), la más pequeña de las lechuzas en la región; B) Leñatero (Anumbius annumbi), coloración parda, castaño en la frente, garganta blanca bordeada de puntos negros; C) Chingolo (Zonotrichia capensis), collar de color canela en el dorso, pequeño copete gris en la cabeza; D) Cachilo ceja amarilla (Ammodramus humeralis), coloración modesta con una ceja blanca y amarilla, manchas amarillas en los hombros; E) Verdón (Embernagra platensis), alas y cola amarillo verdosas, dorso oliváceo, grueso pico anaranjado; F) Loica común (Sturnella loyca), llamativo color rojo en el pecho y parte del vientre, ceja blanca que comienza roja, plumas blancas en el interior de sus alas. Fotos: Martín Amodeo (Flickr: Pepi Amodeo, https://www.flickr.com/people/130419420@N08/)

Arte y naturalismo

Esta experiencia permitió iniciar una colección de registros sonoros que contribuyen con la conservación del patrimonio sonoro del pastizal pampeano, y brindó un medio de acercamiento a los ambientes naturales en adolescentes fomentando su valoración y conservación. A su vez, los sonidos registrados sirvieron para la construcción de piezas acusmáticas, funcionando como fuente de materiales y brindando la base para la construcción formal de las obras. Las piezas conforman una reinterpretación de la identidad sonora de cada especie, e intentan reflejar la estructura de su vocalización y el paisaje sonoro donde habita. A lo largo del año existen variaciones en los sonidos que generan las aves, ya sea por los cambios en su comportamiento, como también por la dinámica propia del paisaje sonoro como una propiedad emergente de la comunidad ecológica que varía gracias a las interacciones entre las especies y otros elementos del paisaje. La ecología del paisaje sonoro ofrece una perspectiva a través de la cual los ecólogos pueden usar las propiedades acústicas de un ecosistema para comprender las complejas interacciones entre organismos, la dinámica geofísica y la actividad humana. El paisaje sonoro de los pastizales pampeanos es un punto de partida para una mejor comprensión sobre cómo diversas fuentes sonoras pueden interactuar y ser usadas para entender y representar las dinámicas naturaleza-sociedad a lo largo de distintas escalas espaciales y temporales.

Tanto artistas como científicos que se focalizan en el estudio de la naturaleza, centran su trabajo en observaciones directas y meticulosas del mundo natural. El conocimiento de la historia natural fue consolidado durante los últimos siglos, gracias al trabajo de los naturalistas y expedicionarios. Actualmente se postula que el arte cumple un rol fundamental en el naturalismo, con un gran potencial para aportar nuevas conexiones intelectuales y emocionales con el entorno natural y la biodiversidad (Jacobson, Mcduff y Monroe 2007). Numerosos estudios han destacado el rol del arte en el desarrollo de una conducta favorable hacia la conservación del patrimonio natural (Boeckel 2009). La educación y la comunicación forman parte central de la ecología acústica y los trabajos con el paisaje sonoro desde sus comienzos, con la propuesta de ampliar y sensibilizar la audiopercepción así como sostener una cultura auditiva en general (Schafer 1993). La sociedad contemporánea establece una dinámica cotidiana plagada de sonidos. A lo largo de un continuo de relaciones humano-naturaleza, la vida cotidiana se desarrolla dando por sentado cierto entorno sonoro en el cual se puede (re-)descubrir elementos de la biodiversidad que poseen un gran valor. La idea de entorno perturba la estructura antropocéntrica que se establece entre el sujeto y objeto durante la escucha cotidiana. Una vez que logramos desdibujar esa estructura y rechazamos la idea de que existe un espacio vacío en ese entorno, podemos abrir nuestra sensibilidad a las sonoridades de la biofonía nativa.

Agradecimientos

Esta experiencia se originó gracias al apoyo del Ministerio de Cultura de la Nación, a través del Fondo Argentino de Desarrollo Cultural 2015. Agradezco a Angel Benatti por su colaboración y aporte audiovisual en el proyecto. A Sergio Zalba por su apoyo y su pasión por la biología y la conservación. A Ricardo de Armas, Raúl Minsburg y Nicolás Testoni por ser mis referentes, por su pasión por el arte y por el festival Bahía[in]Sonora, un gran valor cultural. Un especial agradecimiento a Ricardo por abrirme las puertas del mundo del arte sonoro. A Pablo Bas, Jorge Petrosino, Pete Stollery, José María D´Angelo, Daniel Judkovski y Diego Makedonsky por sus valiosos aportes y comentarios durante el simposio. A Belén Vázquez, por la constante compañía.

Bibliografía

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