Este texto presenta una aproximación a la trayectoria y al pensamiento compositivo de Mateu Malondra, centrado especialmente en su concepción modular del sonido. A través del análisis de Free Module Study nº2, se exploran las principales características de su lenguaje y la combinación de complejidad estructural, diversidad tímbrica y libertad expresiva.

Mateu Malondra. Foto Jaime Reina
La producción de Mateu Malondra Flaquer (Palma, 1977) ocupa un lugar singular dentro del panorama de la música contemporánea, realizando en las últimas décadas un trabajo muy original en torno a la investigación modular. Sus composiciones se articulan sobre la polifonía de procesos, la fragmentación formal y la integración de la electrónica, configurando un lenguaje de gran complejidad estructural y notable coherencia estética. A partir de estas premisas, el presente texto ofrece una aproximación a su trayectoria creativa y un análisis de Free Module Study nº2, obra estrenada en 2024 por Vertixe Sonora, que bien sintetiza las características principales que vertebran el pensamiento del compositor.
Breve biografía e influencias
Mateu Malondra es compositor, gestor cultural, investigador y docente, formado en España, los Países Bajos y Bélgica, donde estudió composición con Robert HP Platz en el Conservatorio de Maastricht y electroacústica en el Centre Henri Pousseur de Lieja. Posteriormente realizó su investigación doctoral en Londres bajo la dirección de Paul Archbold, Odet Ben-Tal y Diana Salazar, una etapa decisiva en su desarrollo artístico e intelectual, durante la cual entró en contacto con Brian Ferneyhough. Completó asimismo su formación con clases magistrales de Richard Barrett, Beat Furrer y Wolfgang Rihm. Es asimismo director artístico del Festival ME_MMIX, plataforma dedicada a la creación musical contemporánea e interdisciplinar que se realiza en las Islas Baleares. Su catálogo de composiciones está formado por alrededor de cincuenta obras que abarcan prácticamente todos los géneros y se destacan por su gran ambición formal y su elevada exigencia técnica. Sus composiciones han sido interpretadas por conjuntos de referencia como el Arditti Quartet, Vertixe Sonora, BCN216, Ensemble dissonArt, Riot Ensemble o Vokalensemble NOVA, y presentadas en festivales internacionales como Donaueschingen Musiktage-Next Generation, Gaudeamus Muziekweek, Festival Mixtur, World New Music Days o Unerhörte Musik-Berlin, entre muchos otros. Actualmente Malondra es jefe de estudios del Conservatorio Superior de las Islas Baleares.
Su pensamiento compositivo se sitúa en la confluencia de algunas de las corrientes más interesantes de la segunda mitad del siglo XX. Como puede leerse en su tesis doctoral Polyphonic structures: modular models and modular forms (a creative investigation of mobile musical architectures), presentada en Kingston University London en 2021, una de sus influencias más determinantes es Karlheinz Stockhausen. De él toma especialmente el concepto de Momentform y la concepción de la obra como un conjunto de momentos autónomos susceptibles de combinarse y reorganizarse. A ello se suman las aportaciones de Iannis Xenakis y Curtis Roads en torno al sonido granular y el microsound, así como la concepción del gesto y la figura desarrollada por Brian Ferneyhough, cuya escritura de gran complejidad encuentra eco en el tratamiento microscópico del material musical. Estas referencias se complementan con influencias filosóficas, como el atomismo lógico de Bertrand Russell y la teoría del rizoma de Gilles Deleuze y Félix Guattari, que proporcionan un marco conceptual para entender la música como una red de unidades independientes capaces de establecer múltiples relaciones no jerárquicas. A todo ello se añade un constante diálogo con las artes plásticas, el teatro y lo interdisciplinar.

Inauguración del Festival ME_MMIX de Palma (Mallorca). Foto Jaime Reina
Su música
El catálogo de Mateu Malondra se inicia en 2005 y abarca ya más de dos décadas de creación, configurando una trayectoria de notable coherencia estética donde varias temáticas van evolucionando, pero manteniendo una clara lógica interna. Desde sus primeras composiciones puede observarse que el interés del compositor no reside únicamente en la construcción de obras individuales, sino en el desarrollo de un pensamiento compositivo continuo y cíclico, donde cada pieza forma parte de una investigación más amplia sobre la organización del discurso musical. Su catálogo está constituido por obras para instrumento solo, música de cámara, electrónica, coro, orquesta e instalación sonora, creando un auténtico laboratorio permanente en torno a sus temas predilectos.
Las primeras obras de Malondra pertenecen al ciclo Tribute to Pablo Palazuelo, integrado por Sydus X (2005), Sydus III (2006), Sydus XIV (2006) y Sydus III b (2013). La referencia al pintor no constituye un simple homenaje, sino que anuncia una de las constantes del catálogo: el diálogo entre la música y lo plástico en su sentido más amplio. Como sucede en la obra de Palazuelo, la geometría, la proliferación de formas y la construcción de espacios abstractos encuentran un equivalente musical en la obra de Mateu. Desde estos primeros trabajos aparece ya la concepción serial del catálogo, ya que las obras no se presentan como piezas aisladas, sino como distintas manifestaciones de una misma investigación formal.
Resulta significativo que muchos de los títulos del catálogo tematicen directamente lo estructural. Lejos de referencias narrativas o literarias, nombres como Apposition, Pulse Interpolation, Node Circuit, Free Module Study, Systematic Double Bind, Within Modular Objects o 24 modular-cells remiten explícitamente a procedimientos compositivos, mecanismos de organización y modelos de relación entre materiales. Incluso cuando aparecen referencias aparentemente poéticas (Archipiélago, Una isla de granito, Geometría del amor), estas funcionan igualmente como metáforas estructurales de una organización formada por unidades autónomas, que establecen múltiples conexiones entre sí.
Uno de los proyectos centrales del catálogo compositivo de Malondra es Apposition (Figures of Disorder) (2013-2016), extenso ciclo para violín de aproximadamente cincuenta minutos, cuya edición ha sido publicada por la Universal Edition. Como podemos leer en la web: «El término apposition (aposición) remite a una figura retórica consistente en una construcción gramatical en la que dos elementos se yuxtaponen mediante su confrontación. En este caso, uno de los elementos modifica o determina la definición del otro. Con frecuencia, el flujo lineal de la frase se ve alterado por la acción disruptiva de esta figura». La serie constituye una investigación sistemática sobre las posibilidades tímbricas del instrumento, evolucionando desde el violín convencional hacia el violín preparado. La dedicación de la obra al violinista japonés y ultra virtuoso Takao Hyakutome (a quien vimos en directo en un concierto del Barcelona Modern), confirma además el elevado nivel de exigencia técnica de esta partitura, que muestra una gran cantidad de fórmulas sonoras a gran velocidad y fuertemente articuladas. Añadir que Takao Hyakutome y Tatsuki Narita encargaron la obra de Malondra titulada 24 modular-cells.
Otra interesante obra del compositor que sigue algunas ideas de la pieza anterior, pero contrasta en otras, es Pulse Interpolation (2014) para piano preparado y ondas sinusoidales. La obra contrapone secciones de enorme velocidad, densidad y virtuosismo con partes estáticas construidas mediante ondas sinusoidales, estableciendo un contraste entre dos comportamientos extremos del sonido. Lejos de constituir una oposición irreconciliable, ambos mundos terminan encontrando puntos de contacto gracias a sus cualidades plásticas y tímbricas, mostrando cómo la organización del tiempo puede construirse mediante la alternancia de procesos radicalmente diferentes.
Dentro de su música de cámara destacan especialmente los dos cuartetos de cuerda, Una isla de granito (2010) y Archipiélago (2012), ambos interpretados por el Arditti Quartet, uno de los conjuntos más influyentes de la música contemporánea y grandes defensores y difusores de la New Complexity: Brian Ferneyhough, Michael Finnissy, James Dillon, Richard Barrett, etc. No es casual que estos títulos remitan a imágenes geográficas y naturales. Las islas y archipiélagos funcionan como metáforas de una escritura basada en unidades independientes que mantienen su identidad, mientras forman parte de un sistema superior de relaciones. Además, casualmente o no, el mismo Malondra procede y vive también en una isla: Mallorca. Resulta llamativo que otro compositor isleño, el japonés Toru Takemitsu, compusiera también una obra titulada Archipelago S. Esta coincidencia establece un sugerente paralelismo entre ambos universos creativos.
En este contexto resultan especialmente significativas las metáforas procedentes de la naturaleza. Del mismo modo que los sistemas naturales generan redes complejas mediante la repetición y variación de patrones relativamente simples (como sucede en los fractales o en determinados procesos geológicos), la música de Malondra construye grandes arquitecturas a partir de módulos que conservan su identidad mientras participan en configuraciones cambiantes. Los sonidos granulares, las reiteraciones cercanas al ostinato y las masas sonoras en continua transformación forman un equilibrio entre estabilidad y cambio que produce uno de los rasgos más interesantes de su música.
La electrónica a solo o con instrumentos constituye otro de los ejes fundamentales de su catálogo. Obras como Free Module Study nº1 y nº2, Aankomst o las piezas electroacústicas Sound Block-Set, Roads to Nooteboom o E-Block Study, todas de gran belleza y plasticidad, trasladan la investigación modular y el interés por la geometrización del sonido al ámbito tecnológico. Aquí aparecen procesos de síntesis, espacialización, manipulación granular y transformación electrónica que permiten desarrollar velocidades de cambio, niveles de detalle microscópico y comportamientos sonoros prácticamente inalcanzables mediante medios exclusivamente acústicos.
Para terminar este análisis general de su catálogo compositivo, la noción de módulo constituye probablemente el concepto vertebrador de gran parte de la música de Malondra. La idea aparece explícitamente en numerosos títulos (Modular db, 24 Modules, Free Module Study, Within Modular Objects) y atraviesa igualmente obras donde el término no figura de forma explícita. No se trata únicamente de dividir la música en fragmentos, sino de concebir cada unidad como un objeto relativamente autónomo capaz de combinarse, recombinarse y establecer nuevas relaciones con otros módulos en diferentes escalas temporales. Estas formas de organización que se han comentado, lejos de constituir un modelo exclusivamente musical o natural, reflejan una lógica profundamente contemporánea. Las redes digitales, la tecnología o la circulación del conocimiento muestran cómo estas configuraciones modulares o en red articulan hoy múltiples ámbitos de nuestro mundo. El propio Mateu Malondra traslada esta concepción a su labor como gestor cultural. En una reciente entrevista concedida al crítico musical Paco Yáñez para Scherzo, define el festival que dirige como «un territorio de confluencias».
Con todas estas ideas ya apuntadas podemos ahora entender mejor y analizar una de las obras más interesantes y recientes del catálogo del compositor.

Estreno de Free Module Study nº2 por Vertixe Sonora. Foto Jaime Reina
Free Module Study nº2: polifonía modular y pluralidad estilística
Free Module Study nº2 (2023-24) está escrita para oboe, saxofón, acordeón, guitarra eléctrica, piano, percusión y medios electrónicos. La obra fue estrenada por el ensemble Vertixe Sonora con Pilar Fontalba (oboe), Pablo Coello (saxofón), María Mogas (acordeón), Nuno Pinto (guitarra eléctrica), David Durán (piano), David Collazo (percusión) e Iván Ferrer-Orozco (electrónica), en el Festival Vertixe 13, celebrado en Vigo el 21 de septiembre de 2024. La grabación y masterización corrieron también a cargo de Iván Ferrer-Orozco. El propio título sitúa inmediatamente el centro de interés de la composición: el estudio del módulo como unidad estructural y la idea de libertad (free), entendida tanto como flexibilidad en la organización de materiales independientes, como por su vinculación con las estéticas del free jazz y la free improvisation.
Desde un punto de vista formal y textural, la pieza puede entenderse como una reinterpretación contemporánea del concerto grosso. No existe una oposición clásica entre concertino y ripieno, sino una constante redistribución de protagonismos entre pequeños grupos instrumentales y el conjunto completo. Cada instrumento asume sucesivamente diferentes funciones, generando un continuo intercambio de jerarquías que evita cualquier centro estable. Más que una forma concertante tradicional, la obra construye una red de relaciones cambiantes entre múltiples focos de atención. Esta movilidad responde directamente al pensamiento modular desarrollado por Malondra. No se trata de un discurso basado en el desarrollo temático heredado de la tradición, sino en la proliferación de objetos musicales que establecen relaciones variables entre sí. El resultado es una arquitectura polifónica donde diferentes estratos temporales conviven simultáneamente, produciendo una sensación de crecimiento orgánico antes que una narración lineal.
La escritura instrumental revela una intensa influencia de la Nueva Complejidad, aunque asumida desde una perspectiva personal que se entrelaza con elementos del free jazz y la free improvisation. Frente a ciertos tópicos que identifican la tradición postserial (y, por extensión, la New Complexity) con una escritura excesivamente rígida, dogmática o carente de libertad expresiva, Free Module Study nº2 demuestra precisamente lo contrario. La extrema elaboración del material convive aquí con una notable “frescura” en la música, con su gran vitalidad gestual y una constante apertura hacia lenguajes ajenos al ámbito de la música contemporánea académica. En este sentido, la evolución de Malondra puede ponerse en relación con la de otro compositor de su generación, el catalán Hèctor Parra (1976), nacido un año antes que el compositor mallorquín. Aunque ambos recibieron una importante influencia de la New Complexity, han desarrollado lenguajes plenamente personales, capaces de integrar el rigor estructural con una intensa expresividad y una notable riqueza tímbrica, demostrando que la complejidad compositiva y la libertad lírica del discurso no constituyen categorías opuestas, sino dimensiones complementarias de una misma concepción artística.
En Free Module Study nº2, las múltiples líneas independientes, la extraordinaria densidad contrapuntística y la coexistencia de diferentes velocidades y ritmos nunca alcanzan la extrema saturación notacional de por ejemplo Claus-Steffen Mahnkopf, un compositor asociado a los epígonos de la New Complexity. Como puede apreciarse en la partitura de Malondra, la complejidad de la escritura permanece siempre al servicio de la claridad perceptiva, permitiendo distinguir con nitidez los distintos planos del tejido instrumental gracias a una notación de gran precisión que, pese a su elevada exigencia técnica, evita el exceso de densidad gráfica como fin en sí mismo.
El propio compositor nos comentó que Free Module Study nº2 incorpora referencias estilísticas muy diversas, de músicos como Evan Parker, Peter Evans, Mats Gustafsson, Steve Lehman, Barry Guy, Otomo Yoshihide, Don Malfon, Florian Stoffner y John Butcher. Esta influencia no se manifiesta mediante préstamos o citas literales, sino en la concepción de la energía musical y en la libertad con la que los diferentes instrumentos desarrollan líneas simultáneas. A pesar de la espontaneidad que transmite la música, la partitura evidencia una organización rigurosamente planificada.
La diversidad estilística, aunque nunca se manifiesta de forma explícita ni mediante la cita directa, constituye otro de los rasgos más singulares de la partitura. Junto a procedimientos propios de la música contemporánea pueden percibirse evocaciones de tradiciones muy diversas: el oboe sugiere ocasionalmente una expresividad cercana a la música barroca; determinados pasajes de la guitarra eléctrica remiten al universo sonoro de Jimi Hendrix; y, hacia el final de la obra, el piano desarrolla inflexiones próximas al jazz que dialogan con el acordeón, instrumento históricamente vinculado a la música popular. Sin embargo, estas referencias nunca son explícitas, sino que son plenamente integradas en el lenguaje personal de Malondra, convirtiéndose en un material dentro de la arquitectura modular y de la organización polifónica de la obra. Esta idea de integrar materiales de procedencias diversas recuerda también el espíritu interdisciplinar e híbrido del propio festival ME_MMIX, dirigido por el compositor, donde conviven diversos medios (música en directo, acusmática, vídeo, cine, debates, charlas, etc.) y estéticas múltiples (música contemporánea, jazz, rock, electrónica, etc.) que se acaban cruzando y generando puntos en común.
En conclusión, Free Module Study nº2 constituye una excelente síntesis del pensamiento compositivo y artístico de Mateu Malondra. La obra permite comprender con claridad los principios que sustentan su poética sonora y resume de forma ejemplar las investigaciones estructurales que vertebran su catálogo desde las primeras composiciones.
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