En este breve texto hemos querido hacer homenaje al autor de la obra que da nombre a nuestra sección y, aunque sobradamente conocida por casi todos, resulta ineludible ponerla en contexto, sobre todo para los que no son pianistas. La sección siempre ha tenido un motivo didáctico innovador. En este caso, hacemos una excepción para centrarnos en la figura de Bartók y esta gran obra didáctica (o no tanto).
Bela Bártok es recordado a día de hoy como uno de los mayores compositores del siglo XX. El compositor de origen húngaro (nacido donde desde 1920 es Rumanía) era pianista e investigador, enfocado en la música folclórica de la Europa oriental. Destaca sobre todo por su labor como uno de los reconocidos fundadores de la etnomusicología y de la grabación de campo.
En 1926 Bartók comienza a escribir un ciclo que terminará en 1939 y llama Mikrokosmos. Su finalidad era suministrar un conjunto de piezas para piano capaces de ser tocadas por cualquier alumno desde sus inicios en el aprendizaje con el instrumento, siguiendo su progreso a medida que mejora hacia un nivel más avanzado. En las 153 piezas que componen el libro se tratan problemáticas típicas por las que pasa cualquier alumno del instrumento, para que este se pueda enfocar en practicar exactamente lo que necesite en su trayectoria pianística.
El título de la obra, Mikrokosmos, es en sí una descripción del ciclo: una serie de piezas de diversos estilos que representan un pequeño mundo personal. Este se diferencia de los métodos tradicionales para piano a los que estamos acostumbrados por su ausencia de descripciones o instrucciones técnicas o teóricas. Es decir, más allá de la partitura escrita, no se hacen indicaciones de cómo debe ser tocado; esta decisión se le ofrece al profesor y el alumno, teniendo la posibilidad de elegir según vean más apto a sus objetivos.
Aunque nos puede parecer muy largo hacer un ciclo de 153 piezas, estas no tiene por qué ser estudiadas en su totalidad. Como hemos mencionado anteriormente, cada pieza trata diferentes problemas técnicos y en ciertos casos estos se repiten. Por tanto, queda una vez más a disposición del intérprete y el profesor elegir cuáles son las piezas a tocar y cuáles a omitir. Además, incluye algunos ejercicios más al final del libro para profundizar en algunos tecnicismos que suelen dar más guerra. Ambos (tanto las piezas como los ejercicios) están agrupados progresivamente, de acuerdo con el nivel de dificultad técnica y musical, sin embargo el profesor es libre de alterar este orden de acuerdo si lo ve conveniente.
En conclusión, podemos ver que el motivo principal del libro es la libertad de elección. Bartók pretende que el docente pueda centrarse en las necesidades de cada estudiante individualmente, procurando crear un libro que no restrinja los límites de aprendizaje. Nadie conoce mejor las necesidades prácticas del alumno que su profesor, y Bartók lo refleja en su Mikrokosmos. Incluso las indicaciones metronómicas tan estrictas a las que estamos acostumbrados en esta obra funcionan sólo como indicaciones aproximadas: las únicas explicaciones que hay en todo el libro son señaladas por un asterisco y desarrolladas en el apéndice.
Este método supone una gran innovación, y por consiguiente, para algunos, todavía, controversia. ¿Es este el método más óptimo para ser aplicado en un conservatorio? ¿O es quizá demasiado "atrevido"? Afortunadamente, está al alcance de todos de manera digital así que cualquiera puede probar y decidir por ellos mismos.
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