El texto propone concebir la composición musical como un acto de escucha sensible, ecológica y anticolonial. Defiende una composición que se reconecte con la Tierra, los cuerpos y otras especies, cuestionando la tecnología, el capitalismo y los modelos científicos que explotan la vida.

Susan Campos Fonseca
1 octubre 2026
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"poner el corazón al ritmo de la tierra" - Ailton Krenak

Hannah Arendt pensó “la banalidad del mal”, y denunció que “el mal”  habita en las personas que renuncian a su humanidad y lo hacen justificándose con “el deber/obediencia a…”, y eso es lo que hacemos hoy en día, al ponernos al servicio de las máquinas y de quienes las controlan. La composición sónica debe rebelarse contra eso, debemos preguntarnos por la vida que habita en cada sonoridad, en toda “materia vibrante" (como enseña Jane Bennett); en las infinitesimales pieles, singularidades y anomalías que palpitan en la “Sonosfera” (como enseñan Pauline Oliveros y Eliane Radigue).

No se trata “solo” de medir datos, de adquirir información; ese tipo de “ciencia” sólo desentraña, examina y devora, forma parte de la burocracia del mal y cede a su banalidad, poniéndose al servicio de la maquinaria del capitalismo, el colonialismo y el extractivismo de quienes la controlan.

Creo en las ciencias que se cuestionan a sí mismas, y se saben pensamiento-creación (como enseña Rolf Abderhalden Cortés), por eso debemos construir una postura artístico-científica, a través de la cual podamos aprender, reconectar, agenciar, explorar el término “sintiente”, preguntándonos, transversalmente, ¿qué es un ser sintiente? y ¿qué significa estar/sentir/ser/pensar sónicamente en su amplio sentido?

Sublevémonos ante un arte y una ciencia que se rinden ante la banalidad del mal, obedeciendo a una metodología que está al servicio de una tecnología que destruye el mundo. Necesitamos pensar y sentir con urgencia la Tierra. Necesitamos pensar desde nuestro cuerpo que es tierra.

En su libro Maneras de estar vivo. La crisis ecológica global y las políticas de lo salvaje, Baptiste Morizot cita al poeta Novalis: “Llamo Naturaleza a esa comunidad maravillosa en la que nos introduce nuestro cuerpo”. Imaginemos componer de esta forma, como una vía de conocimiento simbionte, escuchando auralidades compositivas sintientes, donde el proceso esté diseñado para cuerpos holobiontes, no para cuerpos conectados a la maquinaria tecnofacista.

Componer obras que “hackeen” la maquinaria, descolonizando datos, códigos, cuerpos y territorios. Una composición anticolonial que se rebele, pero que al mismo tiempo entienda sus principios antropocéntricos, y a partir de ahí, pensar una epistemología de la escucha trans-especies, que implica reconocer múltiples inteligencias. Múltiples formas de derecho y deber con la vida, porque compartimos este planeta con muchos seres, muchas naciones humanas y no-humanas.

Asumamos la postura amazónica de que “todos los seres son gente”. Necesitamos un cambio de paradigma, un código animista renovado, en busca de esa “cosmotécnica” que nos invita a pensar Yuk Hui. Debemos rebelarnos contra el mundo que nos impone el tecnofascismo. Debemos rebelarnos contra el mundo que nos impone la banalidad, debemos hacernos responsables del mal en que participamos, del mal que hacemos. Y en esta revelación enfrentar el horror. El horror del abismo, de nuestro reflejo en el abismo, escucharlo con todo nuestro cuerpo-tierra, y en colectivo, conformar un territorio clúster, que quizás pueda dimensionar la magnitud del mal que hemos hecho.

Donna Haraway, Anna Tsing, Brigitte Baptiste-Ballera, nos enseñan a vivir emergiendo de estas ruinas del capitalismo. Aprendiendo de los seres que sobreviven al horror. Necesitamos una composición sónica que re-conecte con este horror, con las consecuencias del ecocidio, genocidio y epistemicidio, con los crímenes contra la Tierra cometidos por la humanidad ¿Cómo es esto posible?, Ailton Krenak nos recuerda que “la vida es salvaje” y “el futuro es ancestral”. Entonces, necesitamos pensar la composición como ser-sintiente, que escucha, como proceso, frente a la composición, pensada desde el canon y las genealogías que alimentan los datos de la maquinaria, y de quienes la controlan.

Componer para mí, implica un agenciamiento de justicia escuchante (2), y paralelamente, investigar ¿qué nos convierte en “especie humana”?, y lo que negamos en pos de esa “humanidad”.

Compongo con el propósito de recordar que somos holobiontes.

Susan Campos Fonseca

Compositora transEcologista

www.susancamposfonseca.net

 

Notas:

(1). Este es un “manifiesto” en proceso. Una primera versión se presentó en el conversatorio “Investigación y creación sónica frente al ecocidio”, el 3 de septiembre de 2025, durante las XI Jornadas de Investigación en Artes del Instituto de Investigaciones en Arte (IIArte) de la Universidad de Costa Rica (UCR). Posteriormente, una segunda versión revisada se publicó acompañando al podcast y fanzine Escucho el territorio (2026), producido por Susan Campos Fonseca en colaboración con Otto Castro Solano (compositor), Alejandro Cabezas Morera (artista y diseñador sonoro), y Rossana Lara (musicóloga, pianista y artista sonora), con apoyo del IGMLab New York: https://irreverencegroupmusic.com/podcast/lab/2026/6/01/escucho-el-terreno

(2). Como parte de este proceso, se remite al dossier Justicia escuchante, co–editado por Jorge David García y Susan Campos Fonseca para la Revista del Instituto Superior de Música de la Universidad del Litoral, en Argentina: https://bibliotecavirtual.unl.edu.ar/publicaciones/index.php/ISM/es/

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