Entrevistamos a la compositora electrónica Edith Alonso tomando como referencia su último trabajo discográfico, Χώρα (Truthtable), que conecta, según indica la propia autora, con influencias literarias, conexiones con el mundo de Tarkovski o con la cuestión de la eternidad.

Ismael G. Cabral
1 noviembre 2019
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Edith Alonso

Adolfo G. Yagüe – www.ccapitalia.net

Vivir en España no pone fácil las cosas a los creadores. Más aún si estos se mueven en los márgenes y en las inestabilidades estéticas. Viene esto al caso para afirmar que Edith Alonso (Madrid, 1974) es una de las compositoras electrónicas más sagazmente conectadas con el aquí y ahora de la composición experimental. Claro, también menos prodigada. Su nuevo trabajo, Χώρα, teje un finísimo hilo en el que se conglomera todo el peso de la tradición electroacústica (de Henry a Bayle, de Oliveros a Dhomont) y, a su vez, se sitúa como una estrictamente contemporánea composición que encajaría de manera ejemplar en los festivales de música experimental más sobresalientes de Europa. El arte radiofónico, la composición electroacústica y hasta ciertas excursiones en un noise profundamente personal y cavernoso refieren a Alonso como una compositora capaz de llevar el arte de los sonidos fijados que invocaba Michel Chion al grado más sublimado.

Ismael G. Cabral: Su nuevo disco, Χώρα (Truthtable), parece apuntar un giro estético muy notable, como si tanteara un universo sónico más orgánico y hasta, diríamos, amable…

Edith Alonso: La obra surgió a partir de mi concierto en el Festival Sonikas (Madrid), en el invierno de 2018. Χώρα significa terreno vago, algo así como un no man’s land. Hay múltiples influencias en este trabajo, la mayor parte de ellas estrictamente literarias. La materia sonora es muy voluble, está siempre en movimiento, como planteando que todas las cosas son posibles. Y la idea de viaje, tan cercana a tantos creadores, es también parte consustancial del disco. Bueno… creo que, efectivamente, es mi trabajo menos ruidoso, ruidoso entre comillas, claro.

Propongo una especie de viaje en el que vamos a terrenos desconocidos, desolados, con una cierta referencia mental a Stalker, de Andréi Tarkovski. Otra conexión es la cuestión de la eternidad, pensada a partir del libro La posibilidad de una isla, de Michel Houllebecq. “¿Quién merece la eternidad? Vamos andando pero realmente lo que ansiamos es la eternidad”.

I.G.C.: También se abre tímidamente a la melodía.

E.A.: Sí, hay algunas melodías y armonías que desarrollo. Y, en general, el despliegue del sonido es más calmado que en otras creaciones anteriores. Es un CD muy intenso, lleno de información, que en el directo, se transforma, porque tiendo a alargar más las ideas, que aquí se presentan de forma más comprimidas.

I.G.C.: Una obra anterior suya, Collapse (Aural Terrains), para bajo eléctrico preparado, puede escucharse hoy como perfecto antagonista estético de Χώρα. ¿Cambiar de registro es una necesidad?

E.A.: Aunque puedan verse a priori como dos obras muy alejadas, para mí no lo están tanto. En ambas hay una enorme condensación del material, hay muchas ideas desplegadas en las dos piezas. Esto es algo común a mi forma de componer. Hasta para mí es difícil de explicar, pero siempre veo ese hilo común que une una composición y otra. Porque, aunque una misma quiera cambiar radicalmente, siempre hay cosas que llevas contigo, que las conservas y acaban siendo plasmadas.

I.G.C.: La composición electroacústica lleva décadas muy marcada por la influencia de sus grandes iniciadores y también por los propios laboratorios. En los últimos años ha comenzado también a eclosionar una generación de compositores que trabajan al margen de esta academia. ¿Acabarán mezclados ambos mundos?

E.A.: Creo que sí. Tiene razón en que duramente demasiados años la música acusmática siempre ha premiado el mismo estilo, la de una música más articulada y estructurada canónicamente. Pero en el momento actual confluímos creadores que, de alguna forma, pienso que unimos ambos universos. Χώρα se programó este pasado verano en el Festival Futura (Crest, Francia). Y cuando lo supe hasta yo misma me sorprendí, no estoy muy segura de que sea una pieza puramente acusmática.

I.G.C.: De hecho es la primera que ha concebido con múltiples sintetizadores…

E.A.: Sí, este disco es el primero compuesto con ellos. Cambiar de útiles también te cambia la forma de pensar el sonido y, por tanto, de componer. Uno de los principales problemas de la música acusmática es la ausencia de espectáculo. Es muy difícil entusiasmar con la idea de un concierto de altavoces. El público quiere ver cómo se hace la música.

I.G.C.:¿Qué queda en su quehacer actual de las enseñanzas de su maestro, François Bayle?

E.A.: Mi esmero por la calidad de los sonidos. Trato siempre de que estos sean muy cuidados y precisos. La polifonía acusmática de Bayle está también en mi música. Y, al igual que él, yo pretendo que en la escucha todo parezca sencillo pero, si te detienes, verás que el sonido está muy trabajado. También hice mía una férrea organización de los eventos, todo está planificado.

Y, al igual que en Bayle, hay un afán descriptivo, muy sutil, pero que está ahí. Desde luego en Χώρα es muy apreciable… Paso muchas horas de mi vida escuchando música. He tenido una formación clásica aunque viví el rock y el punk. En las nuevas generaciones estas mezclas son cada vez más naturales, están más integradas. Pero cuando yo estudiaba era algo problemático, conflictivo a nivel mental.

I.G.C.: Reflexiones estas que no están lejos de un disco ya algo lejano, y más circunscrito al arte radiofónico como Rostros en la multitud (Luscinia).

E.A.: En la última pieza de Χώρα, Se ha quebrado el sol, hay esperanza. Es un mensaje (sonoro) optimista. Y tanto en esta obra como en el álbum que refiere hay un cierto anclaje social, una creencia en la humanidad… Me gustan los discos porque siento que cada uno de ellos documenta y finaliza una etapa, es un recuerdo de nostalgia que queda ahí.

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