En este texto realizaremos registro o recuento de los distintos eventos surgidos a lo largo del año 2022 y 2023 en los cuales la música, concretamente en su acto performativo, ha sido invadida por los reclamos de los activistas medioambientales.

Mariela Rueda Ambrosino
1 enero 2024
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Últimamente, ya no nos es sorprendente contemplar en las noticias las constantes protestas y reclamaciones realizadas por los activistas ambientales y climáticos con la finalidad de luchar constantemente por la defensa del medio ambiente en su concepto más global, preocupándose de manera pasional por: las tierras, fuentes/reservas de agua, fauna y flora. Es así como, para la conservación de los ecosistemas para generaciones futuras, los protestantes no solo se han conformado con la realización de concentraciones, peticiones a grandes entidades y reclamos por los distintos medios de comunicación; sino que también se han acercado al mundo del arte con la finalidad de hacer actos impactantes con el propósito de abrir los ojos a los espectadores y proclamar al aire frases de reflexión y concienciación hacia el planeta como a su vez al cambio climático.

Comúnmente, al hablar de los ataques activistas en el mundo del arte, la mente se transporta a hechos como el de dos ambientalistas que mancharon una obra de Monet en un museo sueco el pasado 14 de junio de 2023 o el famoso derrame de sopa de tomate hacia la obra Los girasoles de Vincent Van Gogh ocurrido el 14 de octubre de 2022. Sin embargo, estas manifestaciones han afectado también al mundo de la música produciéndose una serie de hechos y situaciones similares, unos con más éxitos que otros.

El pasado 8 de septiembre del 2023, mientras se celebraba el Festival de Lucerna que se acostumbra a realizar en el Centro de Cultura y Congresos de Lucerna (Kultur und Kongresszentrum Luzern, KKL), Suiza, cuando tocaba la Orquesta Estatal de Baviera, dos activistas climáticos de la campaña Renovate Switzerland invadieron el escenario con la finalidad de concienciar al público acerca de la crisis climática.

El director de la orquesta, Vladímir Jurowski, quien ese momento dirigía la Sinfonía nº4 de Anton Bruckner, decide cederles la palabra a los protestantes. Ante la negativa de algunos miembros del público, que respondieron con abucheos, el director amenazó con abandonar la sala y suspender el concierto si no se permitía a los jóvenes hablar. Tras unos minutos en los que las advertencias de los dos manifestantes reemplazaron a la música, el concierto se reanudó sin más incidencias.

Según declaraciones adquiridas por la revista alemana, Abendzeitung München, el director Jurowski explica cómo afrontó la situación: “Me volví hacia los jóvenes y les dije: «Sé por qué están aquí. Sé lo que hacen. Les hago una sugerencia: les dejaré hablar ahora y nos darán a cambio la oportunidad de terminar nuestro Bruckner». […] No es agradable que te molesten y te interrumpan en mitad de una frase. Sin embargo, me pareció importante escuchar a los jóvenes y darles el escenario momentáneamente”.

Por su parte, Michael Haefliger, director del festival, ha expresado por medio de un comunicado que, a pesar de compartir la preocupación por la cuestión medioambiental, lamenta el suceso y rechaza la forma en la que los activistas actuaron.

Otra manifestación o protesta de mayor índole fue la ocurrida el 23 de noviembre del 2022 cuando dos activistas climáticos pertenecientes al grupo medioambiental Last Generation, antes de que iniciara una presentación en la sala de conciertos Elbphilharmonie (La Filarmónica) de Hamburgo, se han adherido con pegamento al atril del director retrasando el inicio del mismo.

Mientras se mantenían pegados al atril principal, un activista, según el video difundido en las redes sociales de Last Generation, expresaba las siguientes palabras: "Al igual que solo hay un concierto para violín de Beethoven, solo tenemos este planeta cuyos límites despreciamos tanto que las catástrofes relacionadas con el clima son cada vez más frecuentes y mortales". Sin embargo, posteriormente, fueron desprendidos del atril y detenidos por la policía.

Ahora bien, el escándalo más reciente que se ha producido en el ámbito de la música fue 30 de noviembre del 2023 en la noche del estreno de la ópera Tannhäuser de Wagner en la Ópera Metropolitana de Nueva York, cuando esta fue interrumpida por activistas de Extinction Rebellion, que obligaron a detener la música y a bajar el telón dos veces.

Los manifestantes gritaron desde el balcón y luego desde la platea, lo que provocó que se detuviera la actuación dirigida por Donald Runnicles. Extinction Rebellion también dejó caer una pancarta desde el balcón que decía "No opera on a death planet" (no hay ópera en un planeta muerto). Todos los manifestantes fueron escoltados hasta la salida –luego de muchas reflexiones que no eran del agrado del público- lo que permitió que la ópera de Wagner se completara en su totalidad.

Tras mostrar estos hechos con sus respectivas declaraciones, es interesante reflexionar hasta qué punto es efectivo manifestarse para lograr un objetivo y proponer una idea (en este caso el cuidado y concienciación sobre nuestro planeta). Todos estamos de acuerdo en que hay una emergencia climática y es comprensible la frustración máxima que puede llevar a la gente a hacer cosas revolucionarias. Sin embargo, no podemos estar seguros de que este tipo de actitudes sean eficaces o las más correctas.

La música es un arte transcendental que se apoya en la performatividad (interpretación) para alcanzar su máxima expresión en un momento y tiempo determinado. La puesta en escena es el espacio sagrado en donde no solo se exaltan a los intérpretes, cantantes y directores –figuras que no hay que olvidar que se ganan la vida por medio de este tipo de trabajos- sino que también se recuerda el proceso creativo/intelectual de un compositor que merece ser respetada bajo todo tipo de situación. La música, más allá de una presentación especial o única, es el resultado de un esfuerzo/ trabajo en equipo en el cual cada figura pone su grano de arena para transmitir una idea, emoción o un hecho de interés. Por lo que no es posible generar un discurso a costa de interrumpir otro que se está gestando en su habitad natural (en este caso, la sala de concierto o teatro).

Esperemos para este año que comienza, puedan surgir otro tipo de alternativas activistas de protesta que no afecten o interrumpan el patrimonio inmaterial de la música.

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