Reseña del libro La libre improvisación musical. Fuente inagotable de inteligencia emocional escrito por Josep Lluís Galiana, donde se describen sus partes y se habla de su presentación-concierto.
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En la presentación del libro, de izquierda a derecha, Bartolomé Ferrando, Josep Lluís Galiana y Joan Gómez Alemany
¿Cómo evolucionamos? Sin duda viviendo, ensayando, equivocándonos y acertando, es decir, simplemente existiendo. De manera muy resumida esto es lo que escribe Josep Lluís Galiana: «Improvisar es vivir, hic et nunc, con intensidad, haciendo valer tu intuición. Improvisar es el gran juego de la interacción y el diálogo, de la participación y de tomar la vida y la creatividad lúdicamente»[1]. Esta certera sentencia la podemos leer en su reciente libro: La libre improvisación musical. Fuente inagotable de inteligencia emocional. No es este el primer escrito sobre improvisación que publica Galiana. Le precede el que ya es un clásico, IMPROVISACIÓN LIBRE. El gran juego de la deriva sonora (publicado en EdictOràlia el 2017); como también numerosos textos repartidos en diferentes publicaciones que, para facilidad y accesibilidad del lector, algunas han sido recogidas justamente en el volumen que ahora se reseña.
Como es habitual en los diversos libros escritos por el autor, este nuevo también sigue la estela de una estructura original, que mezcla el ensayo, la erudición y una visión polifacética de la música y la escritura. Por ello va precedido de un prólogo escrito por el reconocido performer, artista visual y sonoro, Bartolomé Ferrando. Ya observamos desde el mismo inicio, la peculiaridad del libro que, huyendo de todo academicismo, apuesta por una escritura libre. Esto no podía ser más coherente, justamente hablando de la improvisación libre. Ferrando, en su prólogo, ya apunta una original idea que hace traspasar la improvisación en sus limitadas fronteras, para hacerla mucho más amplia de lo que suele entenderse: «El compositor Cage percibía la vida como "no estructurada y no intencionada". El ejercicio adecuado de la improvisación libre equivaldría o podría verse como un fragmento de esa experiencia de la vida cotidiana»[2]. Al hilo de lo anterior, podríamos afirmar que la improvisación es vida, y no hay nada más vital que la cotidianidad. Ferrando, autor del libro Arte y cotidianeidad. Hacia la transformación de la vida en arte (Árdora Ediciones), apunta esta genial idea que ya hace despertar en el lector la pluralidad de significados y variedad que puede encontrar en La libre improvisación musical. Fuente inagotable de inteligencia emocional. Porque Galiana ya lleva muchos años no solo como improvisador-músico activo, sino también como pensador que reflexiona sobre su propia practica en carne y hueso.
Son muy escasos los libros que nos hablan de aquello que difícilmente es enseñable. Así lo resalta el autor en un capítulo con el interesante título de Se aprende, no se enseña. Podemos leer aquí: «La libre improvisación musical no se enseña. Se aprende improvisando y pensando en improvisar. No existe un único paradigma improvisatorio o una determinada escuela de improvisación, tampoco reglas, ni maneras mejores o peores de practicarla»[3]. Porque la clave está en diferenciar claramente entre la improvisación libre y la improvisación reglada. ¡He ahí el quid de la cuestión! Conservar las reglas y difundirlas es básicamente lo que hacen las instituciones conservadoras como el conservatorio y los libros al uso. Romper las reglas para generar una vida no encorsetada, es lo que invita la improvisación libre a practicar. Así lo hace esta publicación que ocupa el número 41 de EdictOràlia. Una joven editorial nacida el 2016, pero como se puede observar, frenética y muy activa. Tengamos en cuenta que es una editorial independiente y modesta, por eso es capaz de atreverse a publicar las rarezas y joyas que edita, imposibles de leer en las grandes editoriales volcadas al mercado del por mayor.
Retomando la estructura del libro, luego de su prólogo, encontramos una Introducción escrita por su autor. Citemos la interesante reflexión que en su inicio hace nacer el texto:
Buscar tu lugar en el mundo, dialogar con él y adaptarse a él constituye, sin duda alguna, la aventura más increíble, compleja y apasionante de cuantas puedan proyectarse en toda existencia humana, aunque lo más sorprendente y paradójico es que se trata de una aventura que causa miedo y, en muchas ocasiones, provoca auténtico pánico[4].
Difícil no encontrar una reflexión más certera para metafóricamente hablar sobre la improvisación libre. Pero el autor también habla de nuestro mundo en profunda crisis. Por ello, un gran sector de la población desesperadamente reacciona y va en busca de recetas pasadas que solo niegan el cambio y lo nuevo. Esos sectores que desgraciadamente son muy numerosos y tienen miedo de lo diferente, vuelcan su angustia en líderes populistas que escupen narcóticos para adormecer a las masas y poder dirigirlas. Pero alguien libre es alguien que improvisa, se arriesga y no se contenta con falsedades y viejos ídolos. Galiana lo sabe muy bien, por eso en su libro no hay recetas ni dogmas, solo sugerencias para que el lector por sí mismo vaya descubriendo su camino.
A la introducción le siguen Cuatro ensayos sobre la libre improvisación musical. Cada uno tiene sus particularidades, que nos cuentan que Hay vida musical más allá de la partitura[5], como también que «la libre improvisación es la actividad humana más antigua. Guiada por la intuición, su práctica pone en juego numerosos recursos emocionales, psicológicos e intelectuales»[6]. Justamente esto aparece en el ensayo cuyo nombre da título al libro: La libre improvisación musical. Fuente inagotable de inteligencia emocional. Porque el lector ya puede darse cuenta de que si su mente es abierta y no se contenta con lo que dicta la ideología dominante, puede descubrir todo un mundo maravilloso, donde existe la «preeminencia del proceso creativo por encima del producto creado»[7].
Es la improvisación libre una manera de filosofar, de vivir la realidad, de relacionarse con la gente. Así queda muy bien explicado en este párrafo:
Los miembros de un colectivo de improvisadores conforman una comunidad de intereses artísticos y vitales. Como dejó escrito Karl Marx: «Solamente dentro de una comunidad con otros todo individuo tiene los medios necesarios para desarrollar sus dotes en todos los sentidos; solamente dentro de la comunidad es posible, por tanto, la libertad personal». Los improvisadores deben llegar a acuerdos entre ellos, debatir, discutir y consensuar a partir y a través del sonido. Todos sus miembros deben, a través de la permanente negociación, que solo se da gracias a una escucha atenta, una escucha “que piensa”, llegar a una fusión de sus almas y sus voluntades. Los elementos individuales de la verdad que cada uno puede aportar deben sintetizarse en la compleja verdad y ser la expresión integral de la razón. Para que esto suceda, para que el debate sea amplio y sincero, se necesita la máxima tolerancia, empatía y generosidad. Cada uno debe estar convencido de que esa es la verdad y de que, por consiguiente, su ejecución es absolutamente necesaria. En el momento de la acción, todos deben de estar de acuerdo y ser solidarios, empáticos y espontáneos, puesto que en el fluir de la discusión —diálogo sonoro— se ha ido conformando un acuerdo tácito[8].
El capítulo llamado de manera muy sugerente Hacia una música sin jerarquías, de gran fuerza holística y protagonizada por artistas plenamente autónomos y no dependientes, es toda una declaración de intenciones. Aquí podemos leer que «en la música improvisada no hay líderes. No existe la figura del compositor, no del director, no del concertino, no del responsable de cuerda o sección. Son colectivos, grupos de improvisadores más o menos numerosos, en los que todos mandan o no manda nadie»[9].
Luego de estos 4 capítulos viene una nueva parte, muy original y ecléctica, que se titula Otros escritos sobre improvisación, escucha, sonido y silencio. Para el lector que guste de la variedad, aquí podrá leer una paleta muy diversa de ideas y experiencia que el autor ha realizado a lo largo de los años. Encontramos escritos tan variados entre sí como las notas a un disco, un prólogo, textos poéticos, musicológicos, etc. El libro finaliza con una muy rigurosa y extensa bibliografía y un índice onomástico, como también unos bellos agradecimientos. Porque no hay que pensar que la improvisación libre es algo caótico, caprichoso y facilón. La libertaria improvisación es igual de exigente que cualquier otra disciplina musical que se toma a sí misma en serio. Pero lo más interesante, es que ella siempre nace en cada instante, en perpetuo movimiento y no para de renovarse.
Para terminar, comentar que este libro fue presentado por primera vez el 13 de marzo del 2024, en la emblemática Sala de la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset de la Universitat de València. En ella intervinieron el mismo autor, el prologuista y quien escribe estas líneas. Pero, además, los tres realizaron una improvisación libre, respectivamente en el saxo soprano, la voz y el piano, porque ¿qué mejor que presentar un libro sobre improvisación libre, que improvisando libremente? Sonidos y palabras, ruidos y notas, todo en una bella síntesis que inundó al oyente en el más deleitoso de los éxtasis, que es el saber que para vivir el mañana libremente solo podremos improvisar.
La presentación-concierto puede visualizarse entera en este vídeo:
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