Arash Yazdani: Finite Functions of infinite sets; Gā Geriv; Instruction Manual of How to Learn Stop Worrying and Love the Bomb in 5 Minutes; Stromateis: …emergence…WinterWolf; Convolutional Emergence; Hommage à Georg Friedrich Haas; Dimension II, Destruction; Hurreh; Nakba. Maria Elonen, flauta. Jean-Marie Paraire, piano. Talvi Hunt, pianos, teclados y otamatone. Julien Lapeyre, violín. Estonian Philharmonic Chamber Choir. Ensemble for New Music Tallinn. zone expérimental basel. Estonian National Symphony Orchestra. William Blank, Lodewijk van der Ree, Bas Wiegers y Arash Yazdani, directores. Siim Hoib, Talvi Hunt, Kaspar Karner, Siim Mäesalu, Georg Melnitšuk, Alban Moraud, Frederic Robinson y Arash Yazdani, ingenieros de sonido. Dos CDs DDD de 138:58 minutos de duración grabados en Royaumont (Francia), Tallin (Estonia) y Basilea (Suiza), en los años 2012, 2013, 2014, 2018 y 2023. Kairos 0022201KAI.

Paco Yáñez
1 enero 2024
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Tras unos años fundacionales, a finales del siglo XX, en los que el sello Kairos prestaba una atención prioritaria a los grandes nombres de la escena musical contemporánea (los Sciarrino, Rihm, Lachenmann, Zender, Scelsi, etc.), ya adentrados en la tercera década del siglo XXI la discográfica vienesa ha diversificado muy notablemente su catálogo, tanto en compositores como en estéticas y nacionalidades, algo de lo cual es un perfecto ejemplo el doble compacto que hoy visita Sul Ponticello, protagonizado por el compositor y director iraní Arash Yazdani (Isfahán, 1985), en la que es, si no me equivoco, la primera aparición de un compositor de dicha nacionalidad en Kairos.

No es, ni mucho menos, desconocida la música de Yazdani es España, pues Vertixe Sonora le encargó, hace ocho años, Transmittance (2015), octeto estrenado por dicho conjunto el 29 de noviembre de 2015 dentro del Festival Vertixe (consolidando una relación del ensemble gallego con la nueva composición iraní que comprende a otros compositores de dicha nacionalidad, como Alireza Farhang).

Remitirnos a Transmittance en el comienzo de esta reseña no es baladí, pues muchos vínculos la conectan con la partitura que abre el primer compacto de esta edición de Kairos, Finite Functions of infinite sets (2011), cuarteto de clarinetes cuya densidad inicial y progresiva irrupción de hirientes clústeres en registro agudo nos recordarán a la estructura y a las abrasivas sonoridades de Transmittance. Asimismo, la crucial importancia de la microtonalidad y su potente relación con las raíces populares de la música iraní hacen que la creación de Arash Yazdani, aunque muy influenciada por la contemporaneidad europea, no deje de explicitar sus orígenes. Las redes de multifónicos que van tramando los registros agudos, en los últimos minutos de la obra, portan, asimismo, reminiscencias del canto y del trance místico, como cierta evocación del misticismo y de la circularidad tiene esa vuelta a los orígenes de Finite Functions of infinite sets, con la reaparición de las densas texturas en el registro grave de los clarinetes, consolidando una sensación de intemporalidad, de música abierta y de tiempo que regresa a los propios orígenes del tiempo que es tan propia del pensamiento místico como de las intenciones de Arash Yazdani en este cuarteto, para mostrar su infinitud.

La versión de Finite Functions of infinite sets recogida en este compacto nos informa, como lo harán otras grabaciones aquí reunidas, del itinerario vital de Arash Yazdani, actualmente asentado en Tallin; de ahí, que varias interpretaciones las escuchemos en manos de intérpretes estonios, como en Finite Functions of infinite sets es el caso de los clarinetistas del Ensemble for New Music Tallinn, con el propio Arash Yazdani como director.

Es también el Ensemble for New Music Tallinn, con el refuerzo de Maria Elonen, el conjunto que interpreta la versión de Gā Geriv (2020) que en Kairos escuchamos. Nuevo cuarteto, de flautas, Gā Geriv vuelve a mostrar la fuerte impronta que el canto y la voz humana dejan en las partituras para instrumentos de viento de Arash Yazdani, convertidas en verdaderos coros. Ello se refuerza por dos aspectos cruciales en este cuarteto: de un lado, por el hecho de que los propios flautistas murmuren pasajes cantados en sus instrumentos, lo que crea una suerte de multifónicos con la rugosidad propia del frullato; del otro, el que Gā Geriv está inspirada en los cantos fúnebres de las regiones iranís de Kurdistán y Lorestán. Texturas microtonales, densas redes, la ya citada presencia del canto y una modulación constante de los registros armónicos, hacen que la bella luz de Gā Geriv no deje de fluctuar ni un instante ante nuestros oídos, uniendo a las reminiscencias de lo tradicional persa la proteica estela de György Ligeti.

Instruction Manual of How to Learn Stop Worrying and Love the Bomb in 5 Minutes (2019) fue compuesta, igualmente, para cuarteto; en este caso, de otamatones, juguetes musicales japoneses a los que se suma un sintetizador que refuerza la sonoridad electrónica de los otamatones, buscando crear ese paisaje que nos recordará a un abigarrado entramado de ordenadores y dispositivos tecno(i)lógicos: los que alimentaban la Sala de la Guerra en el film de Stanley Kubrick conocido en España como ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964). El quinteto de Arash Yazdani se expande más allá de los 5 minutos a los que se refiere su título, para llegar a los 13:46, proliferando en ellos toda una batalla de señales electrónicas, glissandi, microtonalidad y cierto toque entre lo infantil, lo kitsch y lo paródico, como el propio Kubrick realizaba en la película que inspira el título de esta partitura. Cual si del Dr. Strangelove se tratase, el propio Arash Yazdani toma parte en esta incruenta batalla musical, tocando uno de los otamatones.

Cierra el capítulo de cuartetos, por lo que a esta edición del sello Kairos se refiere, Stromateis: …emergence… (2017), partitura para cuatro saxofones; aquí, los del Ensemble du Bout du Monde. Juntos, se lanzan a un estudio de las velocidades que, nuevamente, comporta un trabajo microtonal; en este caso, con todo un juego de variaciones en octavas que, como afirma Jeffrey Arlo Brown en sus notas, nos resultará más familiar, permitiéndonos seguir este nuevo intercambio de señales construido cual juego de retazos acústicos cuya final almazuela abunda en zonas de mayor abigarramiento y densidad, frente a otras más despojadas que, sin llegar al silencio, sí lo sugieren, por la levedad de sus dinámicas y la ralentización de sus tempi. Con 14:51 minutos de duración, Stromateis: …emergence… es la obra más extensa del primer disco, lo que permite a Yazdani graduar sus ritmos y motivos temporales hasta cubrir todo un abanico musical marcado por el estudio de las velocidades: tema transversal a las diez partituras reunidas en esta edición discográfica.

Dicho estudio vuelve a presidir el trabajo de Yazdani en la obra que cierra el primer compacto, WinterWolf (2023). Compuesta para dos teclados eléctricos, tocados por la pianista estonia Talvi Hunt, WinterWolf es la partitura más reciente de las aquí reunidas, si bien tiende un arco y dialoga con la más antigua (la que abría este primer disco), pues con el cuarteto Finite Functions of infinite sets comparte pulsos y sonoridades, aunque de registros transportados, lo que le confiere otra apariencia, reforzada por un uso extensivo de las disonancias en pos de lo que Jeffrey Arlo Brown define como búsqueda de una «textura ideal»: indagación que protagoniza una obra que, en todo caso, y como el conjunto del primer disco, es algo pobre en cuanto a calidad de los materiales, con una incidencia cansina en los mismos recursos; más interesantes, cuando nos remiten a la reformulación de las antiguas formas musicales iranís; más kitsch, en partituras como Instruction Manual of How to Learn Stop Worrying and Love the Bomb in 5 Minutes o WinterWolf, que realmente pueden resultar anodinas (o hasta fatigosas para el oído, como esta última).

Pasando al segundo compacto, en primer lugar escuchamos el dúo para violín y percusión Convolutional Emergence (2013), un trabajo de tímbrica más atractiva en el que se exploran los extremos armónicos de los instrumentos, comenzando por una tensión entre las notas más altas del violín y su espejeo en los crótalos que se convierte en todo un test de audiometría, por lo agudísimo, casi inaudible y tan delicado de sus destellos. A través de un estudio de diferentes texturas en la percusión y su diálogo con el violín, volvemos a adentrarnos en el universo microtonal tan querido por Arash Yazdani, así como en los estudios de las velocidades instrumentales, generando la ilusión de un moto perpetuo que, como afirma Jeffrey Arlo Brown, parece el ascenso ininterrumpido, en bucle, a una montaña, por lo que nuevos ecos fílmicos asaltarán nuestra memoria, como los procedentes del cine del también iraní Abbas Kiarostami y sus impenitentes protagonistas tan dados a ascender y descender colinas, como en ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987), Y la vida continúa (1992) o El viento nos llevará (1999). Aquí, esos viajeros y escaladores de lomas armónicas son Julien Lapeyre, violín, y Jean-Marie Paraire, percusión; ambos, dirigidos por William Blank para dar una más aquilatada precisión rítmica a los endiablados constructos métricos de Convolutional Emergence.

Un compositor tan afín a la microtonalidad como Arash Yazdani era de suponer que tendría entre sus referentes al austriaco Georg Friedrich Haas, algo que queda de manifiesto en Hommage à Georg Friedrich Haas (2020), partitura para solista con dos pianos afinados a un cuarto de tono de diferencia. En ella, Yazdani nos remite a los Trois Hommages (1982-84) del propio Haas, un tríptico que, a su vez, dialoga con las músicas de György Ligeti, Josef Matthias Hauer y Steve Reich. Con una paleta gestual más tradicional, la sonoridad del piano microtonal nunca deja de tener algo mágico, lo cual le sirve a Talvi Hunt para convocar toda una ronda de espíritus pianísticos que, a través del propio Haas, parecen provenir del Romanticismo austriaco, a modo de frases truncadas que no llegan a entablar melodías propiamente dichas: cual si los ecos de Franz Schubert quisieran corporeizarse en el piano, sin conseguir encarnarse. Además de estos asomos más melódicos y cantábiles, Yazdani vuelve a interesarse por la rítmica, a través de la pulsación, con un deje electrónico, en el comienzo, que se va humanizando hacia el ecuador de la partitura (la parte más propiamente posromántica), para irse abismando, alcanzados los minutos finales, en un mar de resonancias y ecos en la microtonalidad de los pianos, convocando nuevos ecos que van de Charles Ives a Iván Wyschnegradsky.

Dimension II, Destruction (2012) vuelve a jugar con el eco y la memoria, debido a la incorporación de todo un espectro de sonidos pregrabados que acompañan y ponen un paisaje acústico de fondo al sexteto instrumental para el que está escrita: el conjunto suizo zone expérimentale basel. Nuevo diálogo en el que velocidad y rangos microtonales resultan cruciales para el desarrollo de la partitura, alcanzada esta octava obra de la selección recogida en Kairos, se hace un tanto cansina tanta insistencia sobre los mismos procedimientos, de forma que se agradece el que en Dimension II, Destruction se dejen entrever algunos ecos de compositores como Iannis Xenakis y Krzysztof Penderecki, pues, de lo contrario, y pese a la gran versión que se intuye por parte de zone expérimental basel, pensaríamos estar girando en círculos concéntricos obra tras obra.

Dichas improntas estilísticas se expanden en Hurreh (2022), página para coro de cámara en la que, según Jeffrey Arlo Brown, se dejan escuchar ecos de Karlheinz Stockhausen, Claude Vivier y Gérard Grisey; nuevamente, por el uso de los glissandi, portamenti, clústeres, susurros y redes de armónicos. Es por ello que, pese a que Brown no lo cite en sus notas, la presencia de György Ligeti es, asimismo, más que evidente, con sus nubes y masas micropolifónicas, así como por la reformulación del contrapunto renacentista. A éste le podríamos sumar una teatralidad digna del Ligeti tardío: el de los Nonsense Madrigals (1988-93), con sus paralelos guiños al humor en la música medieval. Teniendo en cuenta la tensión que se vive en las fronteras occidentales de Rusia en los últimos tiempos; precisamente, desde el año en que Hurreh fue compuesta, estamos ante una obra cuya mordacidad y capacidad para la desmitificación resultan especialmente necesarias, derivándose de ella que, si algún mito hemos de mantener en este mundo sin rumbo, ése sería el de los creadores que, como Ligeti, Stockhausen, Vivier o Grisey, han expandido y expanden nuestra forma de comprender cuanto nos rodea, haciéndolo más sensitivo y bello.

Desde luego, la excepcional versión de Hurreh aquí recogida, en las voces del soberbio Estonian Philharmonic Chamber Choir bajo la dirección de Lodewijk van der Ree, nos hará disfrutar aún más de una obra que, compartiendo muchos de los procedimientos técnicos de las anteriores ocho partituras, presenta otra refrescante y más atractiva tímbrica; a pesar de que ésta se construya con algo tan antiguo y cotidiano como la voz humana: esa perpetua alfaguara de modernidad.

Cierra esta selección Nakba (2019), partitura para gran orquesta que, por su diversidad de timbres, se convierte, junto con Hurreh, en la más impactante de estos dos compactos. El impacto de Nakba se acrecienta y adquiere mayor actualidad si pensamos que el título de esta partitura se refiere (en traducción literal) a la «catástrofe» sufrida por el pueblo palestino debido a la destrucción de su patria por la guerra árabe-israelí de 1948: primera de las muchas purgas y masacres que el Estado de Israel viene perpetrando contra los palestinos, hasta llegar a los vergonzosos episodios que, con horror, han comenzado en 2023.

Toda esa violencia se hace explícita en una partitura en la que la orquesta sufre continuos golpeos, metamorfosis y cambios en el estado de la materia, así como las ya habituales en Yazdani huidas a diferentes velocidades de los materiales armónicos (que podemos, en una lectura programática, relacionar con el éxodo palestino de 1948). La impronta del Ligeti micropolifónico; especialmente, el de Lontano (1967), vuelve a estar muy presente, otorgando peso y densidades a una página, Nakba, de momentos tímbricamente fastuosos. También se asoma el templado dramatismo de un Claude Vivier, así como unos ecos en los metales que, reverberando a Richard Wagner, nos hacen pensar que en las acometidas bélicas israelíes algo quedó asimilado de los paisajes musicales que sin duda escucharon cuando, a su vez, fueron exterminados en masa en el siglo pasado, haciendo válido aquello de que de víctimas han devenido hoy en verdugos.

Todo ello se refleja en Nakba, estupendo cierre para una edición que, hasta el final de este segundo disco, resultaba un tanto reiterativa y monótona. La soberbia interpretación de Nakba, a cargo de la Estonian National Symphony Orchestra con Bas Wiegers al frente, refuerza los valores intrínsecos de la partitura de Arash Yazdani, así como la triste vigencia de su mensaje. A que éste se perciba en todo su esplendor contribuye una toma de sonido, como las otras nueve recogidas en estos dos compactos, sobresaliente. También se ha mimado la edición de este lanzamiento del sello Kairos, con las ya citadas notas de Jeffrey Arlo Brown, muy detalladas, incorporándose al libreto un buen número de fotografías, ejemplos de partituras y las biografías de intérpretes y compositor, en una nueva vía para comprender, desde la música de nuestro tiempo, no sólo la pluralidad compositiva del mundo, a través de los ecos de la tradición iraní que florecen en la música de Yazdani, sino las atrocidades con las que el ser humano se sigue masacrando cada año, enarbolando esas espurias banderas de la patria y la religión, siglo tras siglo pintadas con sangre.

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