El Instituto Stocos es uno de los centros de formación en danza experimental más relevantes, centrándose en el desarrollo y análisis de piezas que se proponen la interacción entre el gesto corporal, el sonido y la imagen visual. En este artículo se exploran uno de sus trabajos más relevantes.

Pablo Mínguez Herrera
1 septiembre 2020
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Dos Pandoras

Instituto Stocos

La danza es un arte de origen primigenio nacido de la sensibilidad que se ha convertido en un notable medio de expresión, y en tanto que es un medio de expresión, no se limita a ser un ejercicio, un entretenimiento o  un arte ornamental, sino un asunto muy venerable en determinados aspectos[1]. El hombre encuentra un arte constante que da explicación a situaciones políticas, económicas, sentimentales, culturales… marcando una identidad que lo aproxima o lo distancia con el público que lo consume, muchas veces ajeno a lo que verdaderamente quiere transmitir determinado objeto artístico. Se ofrece así a posibilidad de que lo intangible se vuelva vívido a través de la expresión corporal junto a la manifestación sonora haciendo un uso propio del lenguaje de ambas disciplinas.

La danza es un arte fundamental que queda demostrado por su universalidad y los usos solemnes que de ella se han hecho acerca de ideas y reflexiones en diferentes épocas[2]; no se basa únicamente en la acción del cuerpo humano, sino de una acción trasladada a un tipo de espacio y mundo que no es el de la vida práctica, o sí, en cierta manera.

El Instituto Stocos es uno de los centros de formación en danza experimental más relevantes, centrándose en el desarrollo y análisis de piezas que se proponen la interacción entre el gesto corporal, el sonido y la imagen visual. Está dirigido por Muriel Romero y Pablo Palacio, tratando temáticas muy amplias en cuanto a la investigación y desarrollo desde perspectivas multidisciplinares como inteligencia artificial, biología, o matemáticas, entre otras.

De inspiración grecolatina, este proyecto propone una traslación temporal a la actualidad del mito de Prometeo, y su consecuente apertura de la caja de Pandora. Esa traslación se hace desde una representación escénica en la que música, iluminación y danza se imbrican continuamente en un afán de creación conceptual. Desde ese punto de vista, Dos Pandoras, propone una readaptación del mito basando los males de la caja de Pandora en la influencia que la tecnológica tiene actualmente. Se resaltan aspectos y acciones negativas mediante el diálogo entre dos bailarinas y la coreografía que realizan; para poder comprenderlo es necesario hacer referencia al sentido que adquiere Pandora en palabras de J. P. Vernant:

“La duplicidad de Pandora es como el símbolo de la existencia humana ambigua. En el personaje de Pandora vienen a inscribirse todas las tensiones, todas las ambivalencias que marcan el estatuto del hombre, entre bestias y dioses. Por el encanto y la apariencia externa, semejante a las diosas inmortales, Pandora refleja el resplandor de lo divino. Por lo perruno y cínico de su espíritu y su temperamento interno roza la bestialidad”.

Lo anteriormente expuesto es muy relevante para poder comprender el concepto de esta obra. Solamente hay un personaje al que el público tiene que atender, Pandora, sin embargo, sobre escena encontramos a dos bailarinas que nos muestran esa dualidad emocional que describe Vernant. Sobre la escena se muestra la piel de una mujer que a través de danza y música busca una representación de ella misma mediante el intercambio de movimientos entre las bailarinas, ayudándose de una relación con la tecnología.

La parte inicial de la pieza consiste en un diálogo entre ambas bailarinas. Un diálogo basado en la observación de la una hacia la otra, y en un análisis corporal interesante; a modo de símil podríamos decir que imita el carácter que tienen las protagonistas del Lago de los Cisnes a través de sus movimientos[3]. Se puede observar como cada una de las bailarinas tiene una dinámica sonora contrapuesta a la otra, haciendo referencia a esa dualidad de comportamiento que se quiere reivindicar sobre Pandora. Esto mismo se denota en el lenguaje corporal ya que, aunque los movimientos sean de una misma tipología[4], el ataque de éstos y la longitud son diferentes. Al mismo tiempo se puede ver cómo los movimientos de una bailarina son extensos y recreados en comparación a los de su compañera, que se realizan rápidamente y sin extensión.

Este fragmento de la coreografía forma parte de la reformulación del mito ya que se muestra a dos bailarinas curiosas, analíticas y conscientes del diálogo que se está llevando a cabo entre ellas. La réplica de movimiento que realizan entre ellas son continuaciones orgánicas del movimiento que ejerce la una sobre la otra. Por ejemplo, cuando una de ellas parece que presiona el pecho de su compañera, ésta realiza una contracción a modo de onda con el que comienza su patrón de movimiento corporal.

A pesar de lo rudo que puede parecer el material sonoro, se compone un trazo que muestra la resistencia de una de las bailarinas frente a la fragilidad de la otra en diferentes momentos de la coreografía. Hay un momento determinado en el que una de las bailarinas realiza movimientos de suelo principalmente, mientras la otra recurre a movimientos extensos sirviéndose de los brazos y el torso, denotando fragilidad los movimientos de suelo y resistencia en los movimientos que desarrolla en tren superior del cuerpo.

En un deseo por afianzar la danza experimental, es evidente que se huye de la composición musical melódica en favor de una representación sonora del concepto a transmitir. En un sentido terminológico incluso se podría decir que se trata de un paisaje sono-visual[5] con una finalidad muy concreta: transmitir una idea a través del objeto artístico. Este objeto artístico es vívido y a medida que se desarrolla sufre una metamorfosis que expone características nuevas y determinantes para su comprensión como la inclusión de iluminación en la parte final de la pieza.

Lo anteriormente dicho queda apoyado por la iluminación en momentos muy precisos, en los que los movimientos, además, se vuelven más agresivos en su ataque acompañando la dinámica musical. Los colores también juegan un papel importante, siendo en este caso el rojo el color al que se recurre para vincularlo con el fuego que roba Prometeo en el mito original. No es coincidencia que este momento de la coreografía sea el más impactante, ya que es toda una declaración de intenciones por parte de los creadores.

Además de las dinámicas musicales, el juego lumínico y la exagerada expresión corporal en los movimientos, se deja entrever como en este caso el caos no es generado por la figura de la fémina, sino por el tinte negativo y oscuro que tiene en parte la funcionalidad de la era digital. Se denota el deseo por la búsqueda de un desarrollo escénico que implique el arte de vanguardia y las nuevas tecnologías.

Con lo anteriormente expuesto se llega a la conclusión que, la finalidad de la creación artística es en todos sus ámbitos y épocas la misma, comunicar. El canal por el que se transmita el mensaje es indiferente siempre y cuando éste esté presente; de hecho siempre se piensa que el mensaje es una elaborada moraleja, un trascendente conocimiento, etc… sin embargo, los mensajes pueden ser puramente artísticos con afán embellecedor.

Este proyecto incluye lo espacial, lo comunicativo, y lo visual tratando de establecer puentes interdisciplinares. En lugar de combatir o adaptar el lugar de representación, hay que trabajar con él y mantener un diálogo en el que arte sonoro, visual y dancístico converjan. Fomentar así las inmersiones en espacios sonoros en el que cada dimensión tiene un significado que se hace comprensible a través de la danza. El per sé de este proyecto no es otro que el mestizaje artístico en el que la ciencia tiene un objetivo aplicable al arte.

Notas

  1. ^ Valery, Paul. “Filosofía de la danza” en Filosofía de la danza, Casimiro libros, Madrid, 2016, p. 9.
  2. ^ Valery, Paul. “Filosofía de la danza” en Filosofía de la danza, Op. cit. p. 10
  3. ^ En el Lago de los Cisnes hay un patrón de expresión corporal muy obvio por el que se puede diferenciar rápidamente un cisne de otro. Odette, el cisne blanco, tiene una forma de realizar los movimientos muy característica y definida, que la diferencia de Odile, el cisne negro. A pesar de desarrollar los mismos movimientos, la forma en la que se desarrollan definen el carácter de un cisne o de otro dentro de la dinámica del ballet.
  4. ^ Un movimiento es el resultado de un grupo de elementos espaciales y dinámicos combinados con un uso específico del cuerpo en acción. Todas las coreografías contienen movimientos que se forman en el tiempo y en el espacio. En cada coreografía estos movimientos se organizan de manera diferente para producir el estilo peculiar de un coreógrafo o de un género de danza.
  5. ^ Con este concepto se pretende reflexionar sobre la posibilidad de su inclusión en el ámbito de la creación y trabajo sonoro con un enfoque muy determinado. La representación expresa del sonido a través del movimiento con el deseo de mostrar su sentido más amplio, ya que no se trata de un videoclip, de un paisaje sonoro,  o de video-arte, es otro concepto.

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