Texto inaugural de la serie “Crónicas de los relatos”, dedicada al ciclo de escuchas y debates sobre música experimental en España titulado “Relatos del ruido”.

Miguel Álvarez-Fernández
2 marzo 2026
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Comienzan aquí unas páginas que —motivadas por la generosa invitación de mis queridos y admirados Sergio Blardony y Joan Gómez-Alemany— se irán desplegando cada mes en forma de (algo así como) una sección fija, de periodicidad mensual, dentro de Sul Ponticello, en esta nueva etapa de la revista que ahora comienza.

También se celebran una vez al mes los “Relatos del ruido” que esta naciente sección tiene como referente —ya desde su título—, o al menos como punto de partida. Esos “Relatos del ruido”, que a su vez comenzaron a principios de 2023, se describen como “sesiones de escucha y debate mensuales en la Sala Borau de la Cineteca de Matadero Madrid [en las cuales] propondremos varios itinerarios —más temáticos que estrictamente cronológicos— orientados hacia la exploración de esas músicas llamadas ‘experimentales’ y concebidos no como exposiciones teóricas o conferencias, sino más bien como audiciones que articulan, mediante el propio ejercicio de la escucha, una comunidad sutil y relativamente espontánea”.

El subtítulo de este ciclo, “Hacia una historia escuchada de la música experimental en España”, da cuenta de la voluntad historiográfica del proyecto. Pero este archivo vivo no solamente reúne o compila, ni tampoco se limita a describir o comentar desde una perspectiva musicológica positivista, sino que pone en diálogo —en contrapunto, literalmente— múltiples voces. “Relatos del ruido” es una polifonía de más de doscientos artistas sonoros y músicos experimentales (hasta la fecha), todos los cuales han desarrollado o desarrollan su labor creativa dentro del contexto cultural español.

Pues bien, acerca de todo lo anterior (y, sobre todo, de sus muy diversas y relativamente profundas implicaciones), versará esta nueva sección. Especialmente, eso sí, sobre esa peculiar comunidad a la cual se aludía al final de la cita anterior, y que —constituida a través de esas escuchas compartidas— se manifiesta también en los coloquios que siguen a cada audición tanto en la propia Sala Borau de la Cineteca como —ya con otro tono— en las conversaciones que, después de cada sesión de escucha, tienen lugar en la Cantina de Matadero Madrid (estratégicamente situada justo al lado de la Cineteca).

Esos diálogos y discusiones, totalmente abiertos, no solamente reúnen a artistas sonoros, intérpretes, musicólogos, programadores de conciertos, etc., sino que también congregan a una amplia y heterogénea plétora de oyentes cuyos perfiles profesionales pueden relacionarse igual con la creación audiovisual —algo relativamente predecible en un contexto como el de la Cineteca— que con el mundo del Derecho, la escritura de poesía o la gestión hotelera, por solo poner tres ejemplos.

La espontánea oralidad de esas tertulias —tan necesarias en un panorama cultural poco propenso, como sabemos, a este tipo de intercambios y aprendizajes— se pierde, obviamente, con el final de cada una de esas conversaciones (sin perjuicio de que sus reverberaciones nos sigan acompañando, a todos los participantes, durante mucho tiempo después). Así debe ser, puesto que si se grabaran esos comentarios, esas opiniones y esas críticas su tono y su carácter cambiarían, forzosamente.

Esas discusiones tampoco pueden llegar —por los mismos motivos— a la serie de emisiones radiofónicas que ofrece el programa Ars Sonora, en Radio Clásica, hacia el final de cada temporada, cuando se recogen las audiciones presentadas unos meses antes en el contexto de “Relatos del ruido”. Pero, por su parte, esas emisiones —fácil y permanentemente accesibles en todo el planeta a través del podcast de Ars Sonora— también suelen generar numerosos y nutridos comentarios, remitidos a través de la dirección de correo electrónico del programa.

En definitiva, estos “Relatos del ruido” vienen generando, a través de sus muy diversas presentaciones (o manifestaciones, o estribaciones…), una serie de pensamientos y meditaciones que, a partir de ahora, intentaremos compartir —y, sobre todo, extender y desarrollar— a través de las páginas de esta nueva sección. Se nos escapará, evidentemente, esa viveza improvisada de la oralidad propia de las tertulias —a las cuales, por supuesto, quedan invitados quienes lean esto y se animen a visitar las sesiones presenciales en la Cineteca madrileña—, pero quizá aquí consigamos profundizar en las ideas allí alumbradas y compartidas, e incluso ampliar —tanto en extensión como en intensidad— su resonancia.

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