Daremos aquí algunas claves didácticas sobre una de las voces fundamentales del siglo XX: Anton Webern, que debería ser tratado en cualquier centro de estudios.

Carlota Flethes
2 julio 2024
Share Button

Anton von Webern fue un compositor vienés de gran importancia en la primera mitad del siglo XX. Su música extendió la percepción de la música y su lectura, creando una experiencia estética aparentemente infinita, donde nunca podemos prever el final.

Webern destaca por su papel en la creación y el desarrollo del dodecafonismo. Esta consiste en la ordenación de doce sonidos de la escala según ciertas normas. El dodecafonismo weberiano abre paso a una nueva concepción de la forma, donde el sonido se convierte en el responsable de su construcción. Así, nacerá el serialismo dodecafónico. Es decir, se establecen estas doce notas como una serie, que servirá para crear estructuras formales. Webern consigue con esto crear tal conexión entre todos los elementos de su obra que la ausencia de uno puede repercutir al resto de la estructura.

Estas ideas se verán reflejadas en sus creaciones. Se interesa por formas simétricas, sin olvidarse de la importancia de la unidad. Como resultado, recibimos obras como el Op.21.

La Sinfonía se estrenó en Nueva York en diciembre de 1929. Un crítico musical del New York Times del momento escribió despectivamente que su título perfecto sería “El Significado Último de la Nada”. Dedicada a su hija Christine, la sinfonía refleja una excelencia en la madurez del estilo de composición de Webern.

La obra consta de dos movimientos lentos. La originalidad de la obra recae en su manera de organizarse en la estructura típica Exposición-Desarrollo-Reexposición sin tener que recurrir a la tonalidad, la cual se sustituye por el uso de la serie.

La serie original se llama Original 0: la-fa#-sol-lab-mi-fa-si-sib-re-do#-do-mib. Si nos fijamos, veremos que tiene la misma distancia interválica tanto si comenzamos a leerla por el principio como por el final (es decir, es un palíndromo). Su simetría se va a trasladar al resto de la obra, la cual se construye al someter a la Original 0 a procesos de inversión, retrogradación y retrogradación de la inversión. Así, finalmente, el compositor dispone de cuarenta y ocho series con las que elabora su música. Todas estas series y sus procedimientos se verán plasmadas en la “Matriz Webern”, resultando en un cuadrado mágico, que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda.

La melodía resultante estará reducida a su mínima expresión. La música crea una sensación de puntillismo, sin parecer tremendamente emotiva. Este puntillismo musical se consigue mediante el contrapunto, y reducción del material gracias al uso de varios timbres por los que pasa la melodía al recorrer distintas zonas de la orquesta. La orquestación contiene nueve instrumentos: clarinete, clarinete bajo, dos trompas, arpa, dos violines, viola y chelo.

Así, con su matriz Webern consigue finalmente unir las matemáticas con la música. Sus resultados inspiraron a numerosos compositores de la segunda mitad de siglo, desde Pierre Boulez a John Cage.

Se puede escuchar la obra en la versión de la Staatskapelle Dresden, dirigida por Giuseppe Sinopoli y en formato vídeo-partitura.

Bibliografía

  • Hasty, C. F. (1988). Composition and Context in Twelve-Note Music of Anton Webern. Music Analysis, 7 (3), 281–312. https://doi.org/10.2307/854084
  • Romo, J. D. (2014). Soluciones formales en las obras de Webern Op. 21 y Op. 24. Espacio sonoro: Revista cuatrimestral de música contemporánea, 32, 1-33.
  • de la Fuente, A. D. (2002). Influencia de la música de Anton Webern en las vanguardias musicales europeas de los años cincuenta del siglo XX. Quodlibet: revista de especialización musical, (24), 74-84.

A excepción del contenido de terceros y de que se indique lo contrario, éste artículo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International Licencia.

Share Button