Como es habitual en esta sección, donde la compositora andaluza Diana Pérez Custodio, nos habla de sus obras con contenido performático o escénico, en este caso abordará una pieza en la que nos sumerge en una cueva, titulando su pieza como su lugar de origen: Malac.
La cueva de Noctiluca, para trombón bajo, cinta y vídeo, nació en 2011 como parte de un proyecto sobre el tema de las diosas que la trombonista Abbie Conant y el compositor William Osborne desarrollaron en colaboración con varios creadores. Doce años más tarde, en 2023, un brillante estudiante de percusión del Conservatorio Superior de Música de Córdoba, Alejandro Rey, contactaba conmigo proponiéndome la siguiente aventura: componer una pequeña pieza para percusión y electrónica, destinada a formar parte del proyecto de un concierto danzado elaborado a base de estrenos de compositoras, cada uno de ellos dedicado a una diosa. Con este programa quería cumplir un doble objetivo: presentarse al IV Concurso Nacional de Interpretación de Obras de Mujeres Compositoras organizado por su conservatorio, y posteriormente realizar su concierto final de carrera. Además de conmigo, contó con otras cuatro colegas muy queridas y no menos estimadas, las compositoras Ana Becerra Martinez, María Dolores Romero Ortiz, María José Arenas y Alejandra Hernández, cada una de las cuales elegió la diosa que más le resonaba como fuente de inspiración. El conjunto de todo ello configuró un concepto de espectáculo verdaderamente potente. Alejandro obtuvo muchísimo éxito con su empresa y demostró una valentía y una madurez interpretativa que, seguro, le auguran un futuro más que brillante. Todas las compositoras quedamos impresionadas y tremendamente satisfechas con el resultado final.
Por mi parte, volví a la diosa que habita en el corazón de la Cueva del Tesoro, muy cerca de donde vivo; volví a Noctiluca, aunque esta vez utilizando otro de sus nombres, aquel que, dicen, es origen del de la ciudad que es mi hogar y que dio título a la pieza: Malac.
Sobre una parte electroacústica pregrabada y elaborada en su mayor parte con materiales de acarreo de su predecesora, La cueva de Noxtiluca, el percusionista utiliza su propia voz además de una caja china, un glockenspiel con arco, un cencerro y un recipiente con agua para eleborar un ritual programático inspirado en el culto fenicio a la diosa. Malac, divinidad lunar, diosa de la fecundidad, de la vida y de la muerte, la que resplandece en la oscuridad, era llevada en procesión y sumergida en el mar para proporcionar buena pesca; exactamente igual que a día de hoy cada 16 de julio los pescadores malagueños sumergen en las aguas de las playas del Palo a la Virgen del Carmen.
La pieza se divide en cuatro pequeñas secciones: Gruta, Danza, Inmersión, Gruta. El intérprete, además de sostener de principio a fin una pedal de re con su propia voz, debe cambiar de sección pasando de un instrumento a otro sin solución de continuidad, y con la dificultad añadida de que cada mano debe ajustarse a un patrón rítmico diferente durante las transiciones. De dos arcos iniciales sobre el glockenspiel (primera gruta) a dos baquetas duras sobre la caja china (danza), de ahí a una baqueta media sobre un cencerro que hay que coger con la mano y llevar hasta el recipiente con agua, en el que se sumergirá (inmersión), para finalizar como se comenzó, con dos arcos (segunda gruta). La partitura también indica un recorrido inical de llegada desde fuera del espacio escénico, y un recorrido final de salida del mismo, mientras suenan la cinta y la pedal vocal.
El material melódico y armónico se deriva del “tema de Noctiluca” de la obra de 2011, convenientemente adaptado a las circunstancias de esta nueva pieza, mucho más sencilla en su planteamiento ritual que la previa porque es susceptible de ser, además, danzada. Es por ello también que se incorpora material rítmico bailable en la sección “Danza”, realzado por la desnuda precisión tímbrica de la caja china.
Resulta muy emocionante sentir cómo sonoridades creadas por mi yo del pasado vuelven a cobrar vida y a invocar la presencia ancestral de una diosa que es una con la naturaleza, y que resuena, también desde el pasado, llenando de bendiciones ese mar que abraza la costa malagueña. Sirva esta recreación musical del culto a Malac como ritual de buen augurio para aquel que lo oficie, así como para todos los asistentes.
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