Josep Lluís Galiana repasa una trayectoria marcada por la música experimental, la improvisación, la escritura y la gestión cultural. Destaca los diez años de Liquen Records y EdictOràlia, dedicados a impulsar la creación contemporánea.

Redacción
1 octubre 2026
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Sul Ponticello: Este año celebras el décimo aniversario de Liquen Records, sello discográfico que fundaste en 2016. ¿Cómo valoras el camino recorrido y qué discos destacarías?

Josep Lluís Galiana: Ha sido y sigue siendo una aventura apasionante. Lo que comenzó como un juego, un reto y la lógica necesidad por publicar mis propios discos, rápidamente se convirtió en un compromiso y en una responsabilidad por producir trabajos de otros artistas y compositores. Nunca sospeché que produciría y publicaría discos junto a inconmensurables pianistas como Carlos D. Perales, con quien inicié el catálogo de Liquen Records y colaboró decididamente en el nacimiento del sello, Josu de Solaun o Carlos Galán; percusionistas y grandes amigos como Avelino Saavedra, Jesús Gallardo, Lucía Martínez, Miquel Vich (Parcours), Joan Soriano o los discos de Amores Grup de Percussió y de Alxarq Percussió; la puesta en marcha de la colección Infrecuentes, a cargo del Grupo Cosmos 21 (dirigido por Galán); artistas de contrastada trayectoria internacional como Thomas Bjelkeborn, Wade Matthews, Bartolomé Ferrando, El Pricto, José Luis Ruiz del Puerto, Emilio Calandín, Amadeu Marín, Adolf Murillo, el saxofonista catalán Ferran Besalduch, Jorge Marredo, A.L. Guillén, Matías Riquelme o la edición del histórico concierto de 2007 del Ensemble Impromptu. No obstante, quisiera hacer especial mención a la emocionante y fructífera colaboración desde el año 2019 con el compositor, pianista y artista visual valenciano Joan Gómez Alemany, con el que he producido 9 discos de su música electroacústica, camerística y para ensemble instrumental, interpretada por importantes agrupaciones como el Arditti Quartet, el Schallfeld o Container  Ensembles, así como nuestros propios trabajos: Interaccions Sonores, Interaccions Sonores 2.0 (con Gómez Alemany al piano), Llibertats Sonores, Entartete Improvisationen y más recientemente Homenatge a Manolo Millares i Pablo Palazuelo.

Después de más de cuarenta producciones discográficas, Liquen Records se ha convertido, sin duda alguna, así lo ratifican las numerosas críticas vertidas en las principales revistas especializadas de nuestro país en estos diez años, en un referente de las músicas improvisadas, electroacústicas y contemporáneas.

S.P.: EdictOràlia, la editorial de libros que fundaste en 2016 también cumple diez años. En este tiempo se ha convertido en una editorial de referencia para la música contemporánea, la improvisación, la creación sonora y el pensamiento artístico. ¿Qué balance haces de esta década y qué libros han marcado especialmente la editorial?

J.L.G.: Con EdictOràlia pasó algo muy parecido como con Liquen Records. Ambos sellos surgidos en la primavera de 2016, nacieron por la urgente necesidad de editar mis propios libros. De hecho, las primeras cuatro referencias del catálogo corresponden a cuatro títulos míos: tres recopilaciones de textos musicales escritos entre 1991 y 2014, y un ensayo sobre Improvisación Libre. A raíz de poner en marcha EdictOràlia, me di cuenta de que había más artistas y musicólogos que, como yo, no encontraban quien les publicara sus trabajos ensayísticos y de investigación. Así es como echó a andar la editorial, con la publicación de libros fruto de tesis doctorales, monografías musicales o reflexiones, bien teóricas, bien desde la praxis artística, sobre los procesos creativos contemporáneos. En la actualidad, EdictOràlia está constituida por una nómina de nombres importantes pertenecientes a los ámbitos de la docencia, la creación y la investifación musical española como José Pruñonosa, Héctor Oltra García, Emilio Calandín, Enrique Téllez Cenzano, Vicente Hervás, Isaac Diego García, Adolf Murillo, María Elena Riaño, Jesús Tejada, Noemy Berbel, Clarissa Foleto, Lluís Solé, Sara Carvalho, Carlos Galán, Fernando Pascual León, Paco Yáñez, Joan Gómez Alemany, Eduardo Polonio, Ramón Ramos, Alberto Bernal o Bartolomé Ferrando, entre otros muchos autores. Lo que más me gusta de EdictOràlia es que, sin pretenderlo, se haya convertido en apenas una década en un lugar de debate y reflexión. La mayoría de los autores se conocen y comparten no solo complicidades intelectuales y musicales, sino también escenarios, aulas y trayectorias artísticas o musicológicas. No es extraño, pues, que en muchas presentaciones de la editorial se acaben juntando cuatro, cinco o hasta seis autores ‘edictoralianos’. Como si de una gran familia se tratase, EdictOràlia ha acabado conviertiéndose es una casa común, que busca el encuentro y la confrontación de ideas, nuevos conceptos teóricos y procesos artísticos.

Me preguntas sobre los libros que destacaría. Es difícil señalar alguno de ellos en exclusiva. Tal vez, hablaría, por su éxito comercial y por lo que supone dentro del pensamiento sonoro de las últimas décadas, Deep Listening, el legado de la compositora norteamericana Pauline Oliveros traducido por primera vez al castellano. Destacaría el libro de Enrique Téllez, Música y represión política. De la Alemania nazi a la España franquista, como idea motor de una musicología que deja entrever e impulsa una historiografía contemporánea; Conversaciones en Nueva York, de Isaac Diego García, en el que, a partir del debate con los artistas, se llega a conocer qué pasa actualmente en la música experimental, en el arte sonoro y en la latinidad en la escena neoyorquina.

Destacaría los libros de Carlos Galán, aportaciones de una inprescindible trayectoria docente y artística; la primera traducción de una obra fundamental del barroco y preclasicismo alemán El perfecto maestro de capilla (Hamburgo, 1739), de Johann Mattheson, por el violinista y musicólogo valenciano Fernando Pascual; el legado de otro grande de la música experimental española Eduardo Polonio con su libro Las matemáticas, la música y el músico (yo); las Cartografías de la música contemporánea, a cargo de dos de los mejores representantes de la crítica musical actual: Paco Yáñez y Joan Gómez Alemany; las musicografías de los compositores Francisco Llácer Pla y Ramón Ramos, escritas por Calandín y Oltra, respectivamente. También, la recopilación de escritos del compositor y artista sonoro Alberto Bernal, Fuera de Tono, en el que su autor reflexiona ante el desbordamiento de la música de nueva creación hacia otras disciplinas como la performance, lo visual, la literatura, lo socio-político, etc. Y en ese terreno donde anida la interdisciplinariedad, destacaría la colección ArtsLab Educación Artística Contemporánea, en colaboración con la Universitat de València, con tres títulos publicados, y que tiene como objetivo principal generar una amplia reflexión y debate en torno a la creatividad artística y su desarrollo en el contexto educativo contemporáneo.

Otra colección es la formada por tres títulos que profundizan en las conexiones entre pintura y música, a cargo de Alfonso de la Torre y Joan Gómez Alemany, dedicados a figuras fundamentales de la abstracción artística como Manolo Millares, Pablo Palazuelo, Fernando Zóbel y Salvador Victoria.

Y, obviamente, sin caer en falsas modestias, hablaría de mis libros, de momento el autor más prolífico de la editorial con 10 títulos. Tres poemarios, recopilaciones de escritos, dos ensayos y otras obras coordinadas, amén de prólogos y capítulos en otras obras colectivas y ediciones.

Finalmente, me gustaría señalar la colección de poesía. Una pequeña colección de 12 títulos que sigue creciendo poco a poco, pero que significa mucho para mí. Podemos encontrar grandes poetas como Pere Bessó, Josep Mir, André Cruchaga o Bartolomé Ferrando, junto a otros menos conocidos en este ámbito literario como son el teórico y crítico de arte Alfonso de la Torre, el pianista y compositor Josu de Solaun, Fernando Carrillo y yo mismo.

S.P.: Como saxofonista, improvisador, escritor, editor, gestor cultural y un largo etc., has desarrollado una trayectoria difícil de encasillar. ¿Hasta qué punto todas estas facetas forman parte de una misma manera de entender la creación y te definen como persona?

J.L.G.: Desde muy joven, que soñaba con la libertad de afinar y afilar mi pensamiento y mi sentido crítico, de hacer, de decir y de accionar mi libre expresión musical, me vi impulsado a sintonizar con el mundo desde mi sensibilidad y mi capacidad para emocionarme. Esta necesidad me condujo a la disciplina del estudio, la lectura, el análisis, la exploración y la experimentación, la investigación y la escritura, la gestión, en su sentido más amplio, la documentación, la edición y la publicación…, y, al mismo tiempo, a la urgencia de ponerme en diálogo con el mundo y con el resto de los seres humanos. También a la necesidad de encontrar un espacio personal, una identidad y una voz propia, a partir de la cual, poder reflexionar y exponer un pensamiento o manifestar una emoción. Los clásicos griegos inventaron un concepto que define toda esta búsqueda, la Areté: la excelencia personal en la comunidad, porque, como apuntó Karl Marx, siglos después, «solo dentro de la comunidad con los otros todo individuo tiene los medios necesarios para desarrollar sus dones en todos los sentidos; solo dentro de la comunidad es posible, por tanto, la libertad personal».

Ese encontrar nuestro lugar en el mundo, un lugar al cual adaptarnos, un lugar en el que poder ser conscientes de nosotros mismos, nos lleva irremediable y afortunadamente a la reflexión, al autoconocimiento, al viaje interior, al amor por el conocimiento, a la pasión por la enseñanza y al amor por la libertad. De ahí viene, sin duda, mi pasión por el arte, en general, por la creatividad y sus procesos en el ámbito musical, por la docencia, la investigación, la escritura y, cómo no, por la gestión cultural y artística. En realidad, estamos hablando de las cuatro ramas o actividades fundamentales sobre las que pivota la actividad artística y académica desde tiempos inmemoriales.

S.P.: Este año diriges el Taller de Improvisación del Festival Mixtur, uno de los principales encuentros dedicados a la creación sonora contemporánea. No solo ofrecerás una masterclass, sino que dirigirás durante varios días un taller de improvisación que culminará con un concierto. ¿Cómo se enseña una práctica tan abierta como la improvisación libre? 

J.L.G.: Como bien dices, la libre improvisación musical no se enseña, como tampoco se enseña a componer, pero sí se pueden intercambiar experiencias, maneras de escuchar y de hacer música. El planteamiento de mis talleres parte de la praxi, de la práctica continúa y compartida. No podemos olvidar que la impro es una actividad eminentemente social y participativa, y solo desde esa interacción con los otros improvisadores, con el público, con el espacio, con el silencio y con la escucha más atenta y creativa, podemos improvisar. Por eso, los talleres que me gustan son encuentros con otros músicos y artistas en los que poder trabajar y ampliar esa escucha siempre renovada; dialogar con el silencio, con el público y con el espacio; experimentar desde, con y para el sonido absolutamente emancipado, con vida propia; desarrollar nuevas estrategias y posicionamientos en el seno de un colectivo de improvisadores, e improvisar, improvisar, improvisar…

Aprovecho para agradecer la invitación del Festival Mixtur y para anunciar que cerraremos el mismo con un último concierto a cargo de Entartete Improvisationen, un trío formado por el pianista Joan Gómez Alemany, el percusionista Jesús Gallardo y yo mismo. Un proyecto que lleva funcionando desde hace tres años y en el que se pueden apreciar los inconfundibles contornos contemporáneos de una música que bebe del jazz de vanguardia, de la improvisación libre de tradición europea y de la composición contemporánea más actual, así como de la música de raíz de Occidente y de tradiciones orientales.

S.P.: Con más de setenta discos publicados y alrededor de doscientas composiciones en catálogo, tu obra constituye uno de los corpus más sólidos de la improvisación y la música experimental en España. ¿Cómo ves desde el presente todo este inmenso trabajo?

J.L.G.: Solo veo décadas de trabajo, esfuerzo y disciplina; años de búsqueda, investigación y experimentación, pero también veo un tiempo de procesos creativos sin límites ni fronteras, un tiempo de juego e interacción con otros artistas que, como yo, piensan que la música y la improvisación son terrenos de juego, aventura e intercambio; terrenos en los que poder emocionarse y gozar de la máxima libertad; campos inmanentes, donde todo fluye y en los que los participantes se bajan de su ego para ser el otro en un acto de absoluta empatía. Campos inmanentes en los que todo es intercambiable, desmontable, alterable, modificable, interconectable… En definitiva, se trata de territorios muy humanos y cotidianos.

Han sido años de gozo y plenitud, pero también de lucha incansable por buscar una voz propia, que no estoy seguro de haberla encontrado, pero también muy consciente de estar hablando de una búsqueda ad infinitum, como el viaje de Ulises a Ítaca, un viaje sin retorno, incierto, inseguro y, tal vez, sin una definitiva arribada, porque el mundo, en su concepción heraclitiana, a cada paso que damos, siempre es otro.

S.P.: Una parte importante de tu actividad consiste en colaborar con músicos y colectivos de procedencias, generaciones y lenguajes muy diversos. ¿Qué buscas cuando decides compartir un proyecto con otros intérpretes? Dinos algunos ejemplos y conciertos destacados.

J.L.G.: Algo que te permite la práctica de la improvisación libre es poder hacer música con músicos de muy diversas procedencias estéticas y de diferentes generaciones. Y eso ocurre, repito, porque es una manera de hacer música que solo se acciona desde la escucha, la búsqueda y la experimentación constantes, la empatía y el respeto por los otros, el compromiso y la reafirmación de un universo creativo propio. El sonido es el único vehículo que guía el proceso creativo de la improvisación. No importan nuestros backgrounds musicales, ni los instrumentos que tocamos; tampoco nuestras ideas o los materiales sonoros que usamos. Lo importante somos nosotros y nuestras ganas de jugar con el sonido en un proceso que no tiene principios ni finales, en el que la intención muere por la verdad y en el que solo interesa la intuición, el fragmento, el instante, la realidad que nos envuelve, aquello que ocurre de manera fortuita, indeterminada, aleatoria e imprevisiblemente.

A lo largo de las últimas tres décadas he hecho música y he grabado con artistas muy diversos en lo estético. Sus poéticas sonoras son absolutamente diferentes e incluso contrastantes, pero la magia de la libre improvisación musical nos permite entrar en diálogo con los otros a través de la escucha. Con el temor de no citar algunos encuentros memorables, me gustaría destacar los discos Too Short, con el pianista Carlos D. Perales; Chaosophy, junto a El Pricto y Avelino Saavedra; Bregues de moixos, junto a Bartolomé Ferrando y Saavedra; Gallarnianas, con el percusionista Jesús Gallardo; First Times, con el pianista Josu de Solaun; Interaccions Sonores 2.0 u Homenatge a M. Millares y P. Palazuelo, junto al compositor y pianista Joan Gómez Alemany; Textures, con el guitarrista Amadeu Marín; Galanianas, con el pianista y compositor Carlos Galán; Swedish Connection, junto al músico sueco Thomas Bjelkeborn y Jesús Gallardo, percusionsta y compositor de Castelló con quien junto al cellista chileno Matías Riquelme formamos el más reciente trío de Liquen Records, TAR.

Finalmente, no quisiera dejar de citar mis discos en solitario. Unos trabajos discográficos que suponen una experiencia única y absolutamente enriquecedora, y que me han ayudado a comprender mucho mejor lo que hago y a seguir avanzando en este camino de experimentación y de constante búsqueda.

S.P.: Coméntanos y danos algunos ejemplos de tu extensa bibliografía sobre improvisación, poesía, ensayo, musicología, arte, periodismo y muchos más temas.

J.L.G.: Mi bibliografía está fundamentada en el periodismo cultural y la crítica musical, desempeñada durante más de treinta años en la prensa escrita y en numerosas revistas especializadas en música y arte; en el ensayo etnomusicológico, a partir de mis prácticas artísticas, y muy centrado en la libre improvisación musical y en la música experimental con títulos como Improvisación Libre. El gran juego de la deriva sonora; La libre improvisación musical. Fuente inagotable de inteligencia emocional, y Tiempo de reverberación. Una aproximación histórica a la música experimental valenciana en el contexto internacional y otros escritos sobre música y política, y, finalmente, en la poesía, una actividad literaria que me ha acompañado a lo largo de mi vida, pero que ha comenzado a hacerse visible en la última década con la publicación de tres poemarios.

S.P.: Durante décadas has trabajado también como crítico musical, programador y gestor cultural. En un momento en que la cultura independiente atraviesa numerosas dificultades, háblanos de esta faceta tuya.

J.L.G.: A partir de 1991 comencé a colaborar como crítico musical en el diario Levante-EMV, coincidiendo con mi labor como gestor de conciertos de música y otras actividades culturales en el foro de opinión Club Diario Levante, adscrito al rotativo valenciano. A lo largo de esta larga etapa al frente de este espacio cultural, más de veinte años, tuve la suerte de poder organizar, entre muchísimas otras actividades artísticas, culturales, sociales y políticas, cerca de un millar de conciertos, lo que me dio la oportunidad de conocer y colaborar con centenares de artistas, intérpretes y compositores.

Hace más de una década, decidí recopilar una selección de cerca de mil escritos musicales y publicarlos en EdictOràlia agrupados en tres volúmenes —más de 1.200 páginas— con la intención de realizar, como dejó escrito el crítico musical Sixto Ferrero en el prólogo del primer volumen —Escritos desde la intimidad (EdictOràlia, 2016)— «un ejercicio de reflexión para establecer los cimientos de una base de datos para reconocernos musicalmente. El autor escribe una Valencia sonora, artística, musical, viva, inédita, desconocida, olvidada». De la entrevista al artículo de opinión, del reportaje a la reseña discográfica, del programa de concierto a la necrológica y de la conferencia a la crítica musical, la publicación de este millar de piezas periodísticas y musicológicas marcan un itinerario por la más reciente historia de la música valenciana, también española e internacional. Un itinerario caracterizado por un cambio de milenio, por la irrupción de nuevas prácticas artísticas y musicales, y, en definitiva, por un cambio de paradigma señalado por nuevas maneras de producir y consumir la música, por nuevos usos sociales y culturales y el definitivo protagonismo de la tecnología en todas nuestras actividades.

S.P.: Después de una carrera tan extensa y coincidiendo con los aniversarios de Liquen Records y EdictOràlia ¿qué nuevos retos te ilusionan? ¿Qué proyectos estás preparando?

J.L.G.: No me gusta demasiado hablar de mis proyectos, ni del futuro, prefiero el instante y la inmediatez, el paso a paso, y dejar que los nuevos proyectos vayan cuajando poco a poco y vean la luz cuando están maduros y listos para ser compartidos. Pero sí, ya tengo algunos discos y libros a la vista, que irán siendo publicados, tanto en EdictOràlia como en Liquen Records, a lo largo de esta temporada que ahora se inicia. También seguiré presentando e impulsando en diversos foros los trabajos más recientes publicados durante los últimos meses.

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