Cállate Corazón es una especie de zarzuela de zarzuelas o un musical de zarzuelas o un popurrí de estas últimas que ha servido para acariciar con suavidad los oídos de los madrileños este agosto hasta el 15 de septiembre.
Hay una idea que no por decirse más fuerte resulta más absurda: si al público le damos la llamada “música clásica” o “culta” o “contemporánea”…, en un formato "diferente" (servida junto con la gastronomía de cultos chefs o con vestuarios de conocidos modistos, por ejemplo), esos espectadores, que obviamente no tienen ni criterio ni bagaje cultural alguno, irán, poco a poco entrando en ella y disfrutándola. Primero, presuponer esa falta de criterio al público es llamarles poco menos que lerdos. Gentes a las que si no se les guía por el correcto camino nunca llegarán a degustar las mieles que ahora se pierden. Segundo, el fracaso de este tipo de ideas se ha evidenciado con el tiempo. Sólo aquellos proyectos que despliegan imaginación de calidad y atractivo, y están integradas en la propia propuesta (como a menudo ocurre en bastantes casos de la olvidada música actual) tienen éxito. Pero no tienen éxito para que el espectador atolondrado y ahora ultra sorprendido vuelva, lo tienen porque son de calidad. Y si el público vuelve es porque la propuesta, el ciclo, el festival… les atrae. Así de simple.
Dicha esta obviedad, este caso viene por un asunto concreto y veraniego: el incuestionable “amor” de Madrid por la zarzuela que se ha materializado este pasado agosto (y lo hará hasta el 15 de septiembre) en el Teatro Pavón, con un renovado espectáculo: Cállate Corazón (sí, así, sin coma; salvo que hablemos del órgano que nos permite la vida bombeando nuestra sangre…). Una propuesta que incluso en TV se denominó como “Musical de zarzuelas” que, bajo una trama ligada a los entresijos de comedia del “tras bambalinas” del ámbito teatral, nos presenta algunos fragmentos de El barberillo de Lavapiés, El barberillo de Sevilla, La del manojo de rosas, El dúo de La Africana, La Gran Vía y las citadas La Chulapona, La Revoltosa y Agua, azucarillos y aguardiente. Sobre el "compilador" no hemos encontrado nada, aunque sí de la dirección musical de Miguel Huertas, que también está al piano.
Por cierto, el anuncio en uno de los telediarios incluyó la muy didáctica explicación de que el término “Género chico” no se refería a la calidad de la obra sino a su duración respecto a otra música escénica, como la ópera. Nos dio un gran descanso escucharlo… Así millones de telespectadores estarán informados de este gran descubrimiento que –hoy en día y tal cómo está el patio en los grandes medios- podría perfectamente llamarse “periodismo de investigación”.
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