Josep Lluís Galiana, Jesús Gallardo y Matías Riquelme: TAR. Josep Lluís Galiana, saxofones soprano y tenor. Jesús Gallardo, batería. Matías Riquelme, violonchelo. Josep Lluís Galiana (Liquen Records), productor. Radomir Blazík y JJ Doc, ingenieros de sonido. JJ Doc y Jesús Gallardo, mezcla y masterización. Un CD DDD de 48:38 minutos de duración grabado en el Isósteles Estudi de Borriana (Castellón, España), el 24 de octubre de 2025. Liquen Records LRCD040.

Como ya habrán comprobado nuestros lectores, tras unos meses de pausa en el camino, Sul Ponticello ha regresado con fuerza en una nueva etapa en la que a Sergio Blardony se le ha unido en la dirección de nuestra revista el compositor, artista, cineasta, escritor y pianista Joan Gómez Alemany, manteniendo ambos, en los seis números que hasta ahora han codirigido, un ambicioso enfoque que sigue haciendo de Sul Ponticello una de las revistas con mayor y más profunda perspectiva sobre la nueva música de cuantas en la actualidad se publican en lengua castellana.
En esa amplia y viva panorámica que Sul Ponticello lleva décadas trazando de la mejor música actual, la improvisación libre ha tenido un puesto destacado en los ciento quince números que en septiembre de 2026 alcanza la revista, habiendo estado presente en no pocas de dichas ediciones quien no sólo es uno de nuestros mejores músicos en tal ámbito, sino uno de sus más lúcidos analistas y, de largo, el productor discográfico que en España más compactos de improvisación lleva publicados, de la mano de ese inquieto sello valenciano (por él mismo fundado) que es Liquen Records.
Por descontado, nos estamos refiriendo a Josep Lluís Galiana, que en 2026 ha alcanzado esa edad totémica que en nuestro país son los sesenta y cinco años; en su caso, sin visos de lanzarse a una jubilación perezosa ni de levantar el pie del acelerador de sus múltiples facetas como escritor, editor, instrumentista y productor; estas dos últimas, unidas, una vez más, en un nuevo lanzamiento de Liquen Records en el que Galiana forma trío con el percusionista Jesús Gallardo y con el violonchelista Matías Riquelme, los tres reunidos en el compacto titulado TAR (2025).
En la imponente fonografía de Josep Lluís Galiana (que sobrepasa ya los setenta discos) es habitual (como tantas veces sucede en la improvisación libre) que los proyectos se encadenen entre sí, formando rizomas musicales que, por medio de sutiles variaciones, crean una nueva escena tímbrica que abre otra perspectiva sobre una improvisación previa. En el caso de TAR, dicho antecedente hemos de situarlo en Todo al rojo (2025), título tomado de una exposición del equipo Fotolateras que dio lugar a un álbum digital grabado en el Espai d'Art Contemporani de Castelló, el 17 de enero de 2025, publicado por Liquen Records con número de catálogo LRCD035. Asimismo, en Todo al rojo encontramos el origen del acrónimo —TAR— que ha servido no sólo para dar nombre al trío formado por Josep Lluís Galiana, Jesús Gallardo y Matías Riquelme, sino título a este nuevo compacto en cuya música a continuación nos adentramos.
Todo al rojo incorporaba una percusionista más (Lucía Martínez) en su plantilla de cuarteto con respecto al trío que ahora en TAR escuchamos, por lo que los efectivos se reducen un cuarto, pero no la sensación de amplitud sonora ni la tan contrastante paleta que violonchelo, batería y saxofón nos ofrecen en esta sesión de improvisación libre grabada el 24 de octubre de 2025 en el Isósteles Estudi de la localidad castellonense de Borriana. De hecho, esa incandescencia sonora derivada de Todo al rojo se prolonga en el primer (llamémosle) movimiento de TAR, que en sus apenas cuatro minutos de duración nace sobre un trémolo de violonchelo en diferentes velocidades y registros: máquina y lienzo de vertiginosas texturas sobre el que se desata una pugna entre una batería que busca habitar el espacio, lanzando centelleos a un firmamento musical de forma multidireccional; mientras que el saxofón gira sobre sí mismo en bucles espasmódicos, profundizando en una indagación instrumental obsesiva repleta de figuraciones y una profusa exploración de sus propios límites, ascendiendo al registro agudo y cayendo a sus reflexiones en los graves una y otra vez, de forma que este primer bloque de la improvisación se presenta como un espacio de formas colindantes: tres ontologías musicales que pueblan un mismo espacio sin (aún) ser capaces de establecer un diálogo fluido en un lenguaje plenamente compartido. Digamos, pues, que nos encontramos con tres personajes de raigambre beckettiana en busca de un atisbo de comunicación; o, parafraseando libremente a Luigi Pirandello, tres personajes en busca de un autor (que lo serán ellos mismos, cada uno aportando los estilos que, como veremos en esta reseña, hacen confluir en TAR, para otorgarle su rotunda heterogeneidad y riqueza musical).
El inicio de TAR I es, a su vez, una suerte de ventana al infinito, pues la música carece aquí de un comienzo análogo a lo que sería una obertura en una estructura 'clásica' (aunque ese clasicismo sea llevado en TAR a su evolución en las formas y los lenguajes de la avantgarde). Es TAR I, así pues, una invitación a subirse a un proceso musical que pareciera ya en marcha, cual si éste se desarrollase desde mucho antes de que hayamos colocado el disco en nuestros equipos de música, y al que nos incorporamos, simplemente, en un momento dado: vector de intemporalidad que, en este sentido, me ha recordado a Morton Feldman y sus análogos patrones musicales como puertas acústicas a un infinito alquitarado en la extrema duración que se estila en sus obras tardías (las más radicales y consecuentes al respecto), a las cuales siempre me da la sensación de que nos asomásemos en un punto muy concreto de su duración, extendiéndose ésta más allá de lo humanamente mensurable, de nuestra finita escucha, como mera contingencia.
Esa exploración del tiempo se completa, en TAR I, por medio de un concienzudo estudio de la velocidad, ya que, si en el comienzo primaban el frenesí y la celeridad, a medida que TAR I avanza hasta su último minuto, el tiempo se dilata para adquirir una nueva forma, ya sea en los espaciados y ecoicos pizzicati del violonchelo, ya en las resonancias de los platillos o en los delicados slaps que el saxofón va diseminando para llevar al trío a un silencio no tanto recobrado (pues, como tal, no lo habíamos conocido en el vertiginoso y explosivo comienzo de TAR), sino descubierto al ir retirándose los estratos y las capas de sonidos que conformaban su saturación inicial. Es por ello que, así concebido, TAR I ha sido desgajado como movimiento independiente con carácter propio a la hora de dividir en tres cortes este compacto, aunque, stricto sensu, no hubiese una división en el continuo de la improvisación libre registrada en el Isósteles Estudi de Borriana, lo cual hace que, sumados TAR I y TAR II, el conjunto de la sesión hubiese alcanzado, el 24 de octubre de 2025, los cuarenta y tres minutos de duración.
Desde ese despojamiento de la materia acústica, con su progresiva reconceptualización del tiempo como forma de silencio y quietud musical, nace TAR II, en lo que suena como un nocturno y, a la par, una passacaglia, por cómo el violonchelo va tañendo sus pizzicati, cual si el trío deambulase por las calles de una ciudad mediterránea, entre los ecos de unas campanas que (remedadas por violonchelo y percusión) tienden puentes entre lo europeo y lo oriental (en los timbres metálicos más agudos). No es un paisaje musical, en absoluto, abocado a una quietud constante, pues, revirtiendo el proceso escuchado en el final de TAR I, el trío se irá acelerando progresivamente, al mismo tiempo que encontrándose sus individualidades para, así, formar una abigarrada textura que, alcanzado el octavo minuto de TAR II, creeremos sintetizada de forma electroacústica, por el continuo de armónicos y técnicas extendidas desplegadas por Galiana, Gallardo y Riquelme, de una fascinante capacidad para transmudar las sonoridades canónicas de sus respectivos instrumentos en verdaderos objets trouvés musicales.
Así, mientras que en el progresivo aceleramiento del trío habían sobrevenido ecos del jazz, en este paisaje textural será la impronta de la avantgarde la que gravite sobre una densificación que, en los treinta y nueve minutos que dura TAR II, irá dando lugar a sucesivas combinaciones instrumentales, ya sea a trío, en dúo o de forma solista, aunque cuando uno escucha a Matías Riquelme en el duodécimo minuto de esta segunda parte de TAR, lo que menos piensa es en un solo instrumento, dada la fascinante capacidad que el chileno tiene de multiplicar los registros y las voces de su violonchelo por medio de las dobles cuerdas y los armónicos. De hecho, la también multiplicación —cobrando entonces un mayor protagonismo— del saxofón y de la batería, en el minuto catorce de TAR II, desata lo que escuchamos como todo un comentario de ambos instrumentos sobre los alardes previos en los multifónicos de Matías Riquelme, tramando una suerte de diálogo-a-tres en pos de dilatar las fronteras tímbricas de cada instrumento y convertirlos en un solo fluido improvisatorio.
Avanzando en nuestra escucha de TAR II, al alcanzar el vigésimo minuto entramos en lo que parece un paisaje granular, construido sobre un continuo de violonchelo que se nos antoja un metrónomo enloquecido, a partir de cuyos pulsos sincopados se multiplican los timbres en la percusión; de nuevo, al modo de una constelación de texturas. Éstas se van tensando y enrareciendo hasta alcanzar (casi llegados al trigésimo minuto) otro paisaje de fuerte apariencia electroacústica, en el que priman los usos no convencionales de los instrumentos sin que podamos decir —como en el conjunto de TAR— que el eco de un estilo o de una técnica en concreto se vinculen, exclusivamente, a un solo músico o instrumento, pues cada uno de ellos aporta aquí una considerable riqueza en cuanto a recursos y estéticas; y, así, si antes de alcanzar el citado pasaje de apariencia electrónica Josep Lluís Galiana había vuelto a incorporar al trío ecos del jazz, en esa profusa densidad después escuchada resulta impactante cómo el saxofonista valenciano crea resonancias metálicas en su instrumento que oiremos como auténtico óxido acústico o rugosidad musical, reforzada dicha percepción por un trabajo de la sobrepresión en el violonchelo y de las fricciones en la percusión que hacen de este tramo final de TAR II un momento en el que el tiempo se comprime y congela, implosionado en los roces que se producen en(tre) cada instrumento, así como en los tan estáticos armónicos que el conjunto del trío destila.
Esa dinámica de contracción/expansión de la materia sonora se vuelve a acelerar y a multiplicar en los últimos minutos de TAR II, de un virtuosismo descollante que nos recordará a esa explosión inicial a la que nos subimos en el comienzo de TAR I, conformando, por lo tanto, un trío de individualidades que aquí colisionan, estableciendo tres soliloquios desaforados que confieren su enorme complejidad y superposición de líneas a los últimos minutos de TAR: auténtica jauría de sonoridades desatadas, pura catarsis que propicia el merecido y encendido aplauso del público reunido en el Isósteles Estudi de Borriana, espectadores privilegiados, como lo fueron, de esta improvisación con tan variados perfiles individuales y diálogos poblados de tal plétora de ecos estilísticos.
Aquí terminaba la sesión de improvisación libre, propiamente dicha, que Josep Lluís Galiana, Jesús Gallardo y Matías Riquelme habían firmado como TAR, pero los aplausos que escuchamos al público al terminar la misma fueron condición necesaria y más que suficiente para que el trío aún les regalase, como encore, lo que en este compacto figura como TAR III, una propina de casi seis minutos de duración que —como sostiene Josep Lluís Galiana— quiso ser una balada pero que, en realidad, suena «más parecida a una balada de jazz deconstruida». En el fondo, ello le confiere una mayor personalidad a este tan bello e íntimo encore, en el que el saxofón adquiere un gran protagonismo, con un suave melodismo que se va quebrando sobre un continuo de batería y violonchelo tímidamente expuesto como un paisaje acústico, lo que nos remite, indefectiblemente, al mejor jazz estadounidense, aquí aderezado, en el tercer minuto de TAR III, con melismas que nos hablan de las tradiciones musicales del mundo árabe de las que Galiana lleva décadas embebiéndose (como buen hijo que es del Mediterráneo).
Sin embargo, en el final de este encore Josep Lluís Galiana progresivamente se retira, cual esfumado o absorbido por el paisaje de esa urbe musical que había recorrido con su balada y en la que los contornos previamente trazados por el violonchelo y la batería serán los que primen, dinámicamente realzados, en la conclusión de TAR III, desplazando nuestra mirada desde la figura principal al trasfondo: espacio que, abocado al silencio (aunque roto por los aplausos del público castellonense), sin duda será habitado en el futuro por los tres miembros de TAR, de forma que el rizoma que desde Todo al rojo había nacido, y que en TAR hemos escuchamos florecido, conozca nuevos brotes y floraciones en próximas improvisaciones y compactos de este mismo trío (o cuarteto, si Lucía Martínez a ellos se une de nuevo).
Como ya es habitual en Liquen Records, las grabaciones del sello valenciano buscan crear una imagen que remede en nuestros equipos de sonido, de forma lo más fidedigna posible, la acústica y la escena que en directo vivimos en una sesión de improvisación libre. De este modo, a la transparencia y al buen balance del trío en esta mezcla se une la atmósfera de la propia sala y de su público, que escuchamos de un modo más que evidente en los aplausos habidos tras TAR II y TAR III, pero que sentimos presente en todo momento.
La edición del compacto es, asimismo, la ya típica de Liquen Records: tan delicada como minimalista, con diseño de Marc Dufour en una funda de cartón en la que se incluyen los datos completos de la grabación y un breve pero muy significativo ensayo a cargo de Josep Lluís Galiana en el que describe, desde dentro del propio trío, la vivencia de una sesión de improvisación libre comprendida como una forma genuina de empatía artística y musical. En el compacto físico, el texto de Josep Lluís Galiana se presenta únicamente en inglés, pero en la web de Liquen Records lo podremos leer igualmente en castellano y valenciano para conocer las ideas y las intenciones que subyacen a una nueva entrega de esa verdadera enciclopedia de la improvisación que hoy en día es el sello valenciano.
Más información en la web de Liquen Records
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