Conversación a fondo con la destacada compositora Nuria Núñez Hierro, galardonada con el Premio Reina Sofía y referente en la ópera contemporánea y la creación para nuevos públicos, sobre su trayectoria internacional, sus procesos de experimentación sonora y sus próximos proyectos.

Joan Gómez Alemany
1 septiembre 2026
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Foto de Rakel Rodríguez

Joan Gómez Alemany: Para aquellas personas que todavía no conozcan tu trayectoria, ¿podrías explicar tu biografía y tus influencias musicales?

Nuria Núñez Hierro: Realicé mi formación primero en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba y más adelante en la Universität der Künste Berlín, donde concluí con mención de honor los estudios de Máster en Composición. Al mismo tiempo, la necesidad de escuchar lo que escribo y de trabajar directamente con intérpretes me llevó a asistir a cursos y talleres como el del IRCAM-ManiFeste (Paris), el Meisterkurs Orchesterkomposition de la RSO Stuttgart o la longeva Cátedra Manuel de Falla y a buscar consejo de experimentados compositores. En 2007 gané el Primer Premio en el XVIII Premio Jóvenes Compositores Fundación Autor-CDMC, lo que me permitió salir de España e instalarme en Berlín. Allí comencé a escribir de forma profesional (si llamamos así a recibir remuneración por lo que uno hace) y a destajo participando en todos los sitios donde mi música pudiera ser recibida. Poco a poco gané oficio lo que se tradujo, con algo de suerte, en reconocimientos como el Primer Premio y Premio del Público (Bärenreiter Preis) del concurso de composición para orquesta del 15 Festival de Primavera de Weimar (2014), la residencia en la Academia Estatal de Turingia en Sondershausen (2013, con el encargo de una nueva pieza para orquesta), el Premio de Composición CDMC del INJUVE,  el  Premio de Roma otorgado por la Academia de las Artes alemana Villa Massimo-Casa Baldi, la residencia artística en Villa Aurora (Los Ángeles, 2015) o la residencia en la Academia de España en Roma, entre otros.

Por otra parte, a partir de 2013 comencé a interesarme por mostrar la música de nueva creación a otro tipo de público. Esto me llevó a la conceptualización de Bestiarium, un proyecto para público a partir de 6 años con el que gané una de las siete becas bianuales de posgrado en la Graduiertenschule de la Universidad de las Artes de Berlín, lo que me permitió producirlo y expandirlo con ayuda de otras instituciones y profesionales maravillosos.

Este proyecto abrió en mi camino nuevas cuestiones acerca de las interrelaciones de la escena con lo dramatúrgico y sonoro en proyectos de nueva creación para público joven. Intenté darles respuesta en obras posteriores. La última, La Isla, para cuya producción gané una de las Becas Leonardo de la Fundación BBVA, fue merecedora del Premio a la Mejor Ópera y Premio del Público en los Young Audience Music Awards 2020 otorgados por Jeunesses Musicales International y RESEO.

Por último, el trabajo con grandes masas instrumentales siempre me ha interesado, como a casi cualquier otro colega. En mi caso, las grandes láminas de papel en blanco o milimetrado con las que trabajo detonan mi curiosidad tímbrica y ayudan a mantenerme disciplinada en la escritura de procesos, estados y planos. He tenido la fortuna de poder desarrollarme en este terreno gracias a oportunidades con orquestas fabulosas como la Orquesta Nacional de España, la Rundfunk Sinfonieorchester (RSB) Berlin, la RSO Stuttgart, la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), la Orquesta y Coro de RTVE y la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, entre otras. En este campo, mi trabajo se ha visto reconocido con el XXXIX Premio de Composición Reina Sofía de la Fundación Ferrer-Salat.

En cuanto a influencias es difícil concretar, sobre todo porque cambian según la semana, el proyecto o mi estado de ánimo. Actualmente, el modo aleatorio de algunas plataformas de reproducción de música me ayuda a descubrir nuevos creadores. Básicamente me obsesiono por músicas que me encantaría haber hecho yo y que escucho una y otra vez para comprender cómo funcionan.

J.G.A.: Tu catálogo muestra un profundo conocimiento del instrumento y una constante voluntad de ampliar sus posibilidades expresivas mediante objetos, acciones o nuevas relaciones entre el intérprete y el espacio. Háblanos sobre ello y de tu música en general.

N. N. H.: Me gusta pensar el sonido como un organismo complejo de precisa y frágil morfología. Si modificamos su color, su aspecto tímbrico, el organismo muta a otro diferente en tanto que cambian sus propiedades y el lugar que puede ocupar en el discurso. También el tiempo se ve afectado por los requerimientos del color. Como no hay organismos sonoros temporalmente uniformes, el juego de componer se vuelve tremendamente fascinante: pensar en cómo transcurre la narración, cómo interaccionan sus elementos, cómo se deforman temporalmente al manipularlos, ... Todo este trabajo mantiene viva mi curiosidad.

Con todo esto la forma de una obra va necesariamente unida a la instrumentación y con ello ligada también al intérprete. El campo de la composición se expande también a este y a su corporeidad, su voz, movimientos y capacidad de jugar con objetos ajenos al propio instrumento. La música se transforma en escena y el concierto puede ser "compuesto" si jugamos también con elementos escénicos y dramatúrgicos y los ponemos al mismo nivel que los sonoros a la hora de componer. Esto, que en realidad no es nada nuevo, sigue manteniendo su vigencia e interés hoy, al menos para mí, en tanto a que la evolución de las distintas disciplinas artísticas conlleva necesariamente procesos de ósmosis entre dimensiones que ya no suponen contenedores estancos.

Fotógrafo Alberto Barrientos. Representación en el Festival ENSEMS (Valencia) con el apoyo de la Fundación BBVA. En la imagen Víctor Fajardo, Javier Povedano, B3:Brouwer Trio,  Rafael Villalobos (escena), María Gisele Royo (videocreaciones).

J.G.A.: Este año participas en el reconocido Festival Mixtur de Barcelona. ¿En qué consiste tu participación?

N. N. H.: Formo parte del equipo del Taller de Composición y Experimentación Sonora en esta edición de 2026. Además, y más importante, las intérpretes del cuarteto Neuma presentan el proyecto Daughters, que lleva música de la compositora Montserrat Lladó y mía.

J.G.A.: Has dedicado una parte importante de tu producción a proyectos dirigidos a la infancia y a los jóvenes. ¿Qué te motivó a explorar este ámbito, qué has aprendido de esta experiencia y qué proyectos destacarías dentro de esta línea de trabajo?

N. N. H.: Creo que fue en 2013 cuando la Staatsoper de Berlín programó una obra de teatro musical de G. Aperghis, Rotkäppchen (Caperucita Roja) para público desde seis años de edad. Para mí, que entonces estaba todavía realizando mi Máster, fue un revulsivo encontrar una obra concebida sin ninguna finalidad pedagógica, de fuerte valor estético que desafiara al público joven a vivir otro tipo de experiencias sonoras. Ver el teatro lleno de familias asistiendo a una ópera contemporánea me llevó a plantearme algunas cuestiones acerca de los convencionalismos existentes en las casas de ópera actuales hacia las programaciones infantiles. No se asumen riesgos y, como consecuencia, los llevan a montar casi en exclusiva versiones facilitadas y reducidas de obras de repertorio. Con el tiempo he llegado a entender las fuertes limitaciones económicas y estructurales que hacen que la realidad sea como es. Sin embargo, creo firmemente que es posible programar de forma imaginativa y con responsabilidad, tanto para con el público como para con sus creadores y las diversas formas de pensar la música de hoy.

Fotógrafo Alberto Barrientos. Seminario con niños durante el proyecto El sueño del Señor Rodari en la Real Academia de España en Roma. En la foto: Controluce Teatro de Sombras, Ensemble Proyecto OCNOS, Esteban Algora (Acordeonista), Nuria Núñez Hierro.

Para mí, el compromiso con la construcción de puentes que acerquen el lenguaje contemporáneo de la música a nuevos públicos y con la creación de nuevo repertorio para el público actual, ha sido desde entonces un principio irrenunciable en mi camino.  Por esto llevo ya algunos años dedicando una parte de mi producción a este tipo de proyectos. Entre 2014 y 2019 desarrollé Bestiarium, un Musiktheater híbrido para público desde 6 años de edad, primero en el marco de mi estancia en la Graduiertenschule der Künste y posteriormente con la colaboración del ensemble DieOrdnungderDinge que asumió la producción. En 2016 estrenamos la ópera de cámara Kleines Stück Himmel (Pequeño trozo de cielo) para público de dos a cuatro años, por encargo de Deutsche Oper Berlin, que fue repuesta en 2019 y en 2023 en la Opernhaus de Wuppertal. Además, entre 2017 y 2019 escribí dos proyectos más. Por un lado, la ópera de cámara con teatro de sombras El Sueño del Señor Rodari, producida durante mi estancia en la Real Academia de España en Roma. Por otro, La Isla, una video-ópera de cámara para público desde once años, concebida gracias a una de las becas Leonardo de la Fundación BBVA, que tuvimos la fortuna de mostrar en escena en la edición de 2019 del Festival ENSEMS de Valencia.

La expansión de este compromiso hacia la orquesta se concretó en la residencia con la Orquesta de la Radio de Berlín (RSB) en la temporada 2021-2022 donde pude estrenar varias obras dentro del programa educativo para público desde 3 años Rapauke macht Musik.

Creo que estas experiencias no son proyectos aislados en mi camino sino, como he dicho antes, parte inherente de él. Esto es porque la música que escribo para ellos es exactamente la misma que la que escribiría en obras para adultos. Las únicas concesiones que hay que tener en cuenta en este tipo de proyectos se refieren a adaptar la dramaturgia o a recortar la longitud de las escenas o la música atendiendo a la propia capacidad de atención del niño. Creo que no debemos caer en el paternalismo de mostrarle solo una parte de nuestra cultura musical, ya que ellos comprenden perfectamente que la música de una ópera escrita en 1791 no puede sonar igual que otra compuesta en 2026.

Bestiarium. Foto: Alberto Barrientos

J.G.A.: A lo largo de tu trayectoria has recibido numerosos premios y becas, entre ellos el Premio Reina Sofía de Composición, además de residencias artísticas y estancias en Roma, Los Ángeles y Berlín. ¿Qué han significado estos reconocimientos para tu desarrollo profesional y personal?

N. N. H.: Si dejamos la "caricia al ego" que suponen, estos reconocimientos son importantes porque aportan, por una parte, una mayor visibilidad que ayuda a atraer más trabajo. Por otra, permiten comprar tiempo y un espacio para seguir explorando y escribiendo. Las becas de producción, además, aportan los medios para poder sacar adelante proyectos de envergadura y las residencias artísticas facilitan el contacto con otros creadores y otras realidades que enriquecen la propia perspectiva. Por todo ello, creo que han sido indispensables en mi desarrollo artístico, ya que sin ellos no podría haber escrito y producido una gran parte de obra.

Me gustaría añadir que han sido muchos (muchísimos más) los premios y becas no recibidos que los que sí aparecen en el currículo. Siempre cuesta hacer entender a los jóvenes compositores que escribir música solo es un 10% del trabajo. Postularse a las diferentes convocatorias preparando buenos proyectos, dossiers y currículos forma también parte de nuestro día a día. Y, por supuesto, hay que abrazar el rechazo y seguir intentándolo.

J.G.A.: Tu música ha desarrollado una estrecha relación con la naturaleza y los seres vivos, inspirándose en los sistemas de organización y cooperación presentes en el mundo animal. ¿Qué te interesa explorar de estas ideas y cómo las trasladas al lenguaje musical?

N. N. H.: Estas ideas ya me rondaban al principio de mi carrera, aunque ha sido en los últimos años cuando las he sentido más cerca de nuevo y me he dado permiso para explorarlas. Estamos hablando de intereses que se circunscriben en torno a la biología y a los animales, especialmente a aquellos que establecen relaciones de cooperación para sobrevivir en la naturaleza, como las abejas o los estorninos. Son sistemas colectivos eficientes que carecen de líder y funcionan en grupo conformando superorganismos. Su constitución depende de los intercambios metabólicos entre los entes individuales y el medio ambiente y de cómo estos sean capaces de comunicarse entre ellos. El estudio de estos sistemas me resulta tremendamente inspirador: desde lo puramente biológico como frecuencias de aleteo, de zumbidos de insectos en distintas situaciones, patrones de llamadas en pájaros, ritmos de colonización en hongos, tipos de muda, etc. a lo poético como en la lectura de los clásicos de Maeterlink sobre la vida de las abejas, hormigas y termitas. Además, me resulta muy divertido extrapolar todo esto a las dinámicas de la orquesta, a la elaboración de planos y de relaciones entre los diferentes timbres.

J.G.A.: La creación contemporánea vive un momento de gran diversidad estética y tecnológica. Desde tu experiencia, ¿cómo valoras la situación actual de la música contemporánea y te identificas en alguna de sus tendencias?

N. N. H.: Me resulta difícil emitir una valoración que no sea demasiado generalista en unas pocas líneas. En cuanto a lo estético, estoy muy de acuerdo contigo en que vivimos un momento de gran diversidad. Las generaciones más jóvenes integran la tecnología dentro del discurso con gran naturalidad, abriendo el campo de experiencias sonoras a nuevos horizontes. Sin embargo, observo en algunos casos como se intenta construir obra sin que haya en ella nada más que cierto dominio tecnológico, echándose en falta un discurso madurado a través de la reflexión. Sé que es propio de la edad, como cuando se empieza a componer y se intenta meter en una obra todos los recursos instrumentales que uno conoce. Me intriga ver qué soluciones encuentran estos compositores con el paso del tiempo, de las modas y de la obsolescencia programada.

En cuanto a mí, más que tendencias, a estas alturas del camino me interesan aquellos creadores u obras concretas que despiertan mi sorpresa y trazan puntos de encuentro con otras disciplinas. Especialmente me atraen las intersecciones de lo sonoro con lo escénico, desde el puro teatro al diseño de conciertos. Los elementos tecnológicos aparecen en mi discurso, no como una parte consustancial de mi estética sino como herramientas que me permiten alcanzar los resultados que deseo.

J.G.A.: Para terminar, ¿en qué proyectos estás trabajando actualmente y qué objetivos o ilusiones te gustaría materializar en los próximos años?

N. N. H.: En octubre tengo varias cosas que ven la luz. Por una parte, estreno una pieza para gran ensemble con la Joven Orquesta Nacional de España y miembros de Klangforum Wien. Por otra, estoy terminando un pequeño quinteto mixto para Plural Ensemble.

Para la temporada 27/28 haré por fin una incursión en la música para banda sinfónica, algo que llevo tiempo deseando internamente y que me llena de curiosidad. Habrá también algunas obras nuevas más concebidas dentro de un proyecto de residencia de mayor envergadura que todavía no puedo desvelar. Estoy emocionada y muy agradecida de poder seguir trabajando en esto después de tantos años, la verdad.

De forma personal sigo avanzando en la concepción de dos proyectos escénicos diferentes que intentan sobrevivir en mi cabeza a la búsqueda de un lugar en el mundo para existir.

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