El pasado sábado dos de marzo, gracias a un proyecto de recuperación del Centro Superior de Investigación y Promoción de la Música (CSIPM) de la Universidad Autónoma de Madrid, se estrenó en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música la zarzuela barroca del músico Sebastián Durón y del dramaturgo Antonio de Zamora titulada Veneno es de amor la envidia, siendo un sold out de la música barroca en nuestros días.
El Centro Superior de Investigación y Promoción de la Música (a partir de ahora nombrado en este artículo como CSIMP) corresponde a una entidad perteneciente a la Universidad Autónoma de Madrid con la misión de impulsar y difundir la música como expresión artística, científica y cultural a toda la región, traspasando las fronteras de su institución. Este objetivo de abarcar la música desde distintos puntos de vista lo logran por medio de una amplia gama de actividades que van desde los conciertos del Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música; actividades complementarias como mesas redondas, conferencias, debates para sumergirse en la vida y obra de artistas; organización de congresos, jornadas, cursos, recitales pedagógicos, que fomentan el intercambio de conocimientos y difusión de investigaciones; y últimamente –de forma más frecuente- la realización de los Musicálogos, coloquios que se realizan antes de los conciertos en donde los ponentes le otorgan al público una serie de conceptos y claves para entender las obras que se van a interpretar posteriormente.
Sin embargo, una de las actividades y compromisos más interesantes es la resurección y promoción de obras musicales poco frecuentes, repertorios dormidos, obras desconocidas para el gran público, y la celebración de compositores que merecen ser redescubiertos. Este es el caso de la zarzuela mitológica Veneno es de amor la envidia del compositor Sebastián Durón, la cual es una obra creada en los inicios del siglo XVIII, pero que llevaba durmiendo el sueño de los justos hasta hace unos días, cuando vuelve a escena gracias al trabajo de todo el elenco a partir de la dirección del profesor, musicólogo y director del CSIMP, Germán Labrador; la reconstrucción de la partitura y del libreto realizada por el musicólogo Raúl Angulo y la dirección de escena que estuvo en las manos del dramaturgo Federico Figueroa.
Lo más interesante –y hermoso- de este proyecto de recuperación ha sido la intención y capacidad de ofrecer un espectáculo similar al que pudo hacerse en su momento de concepción (inicios del siglo XVIII). Este fin se ha podido observar desde los distintos puntos de vista que comprenden la dramaturgia musical de la obra: la puesta en escena, el vestuario de los personajes, la gestualidad de los intérpretes al momento de expresarse, moverse en el escenario, al hablar y cantar; la instrumentación, la interpretación acertada del texto musical; y la alternancia entre el declamado y las partes cantadas delimitadas por el libreto original recuperado para demostrar la rima y el ritmo de la escritura, lo que no es frecuente ver en nuestros días.
Manteniéndose bajo las convenciones de la época de creación de la obra, se han realizado una serie de adaptaciones e intervenciones que no afectan a la concepción del argumento ni el sentido de esta creación dieciochesca, sino más bien, a cuestiones representativas en la gestión de la zarzuela con la finalidad de hacer la puesta en escena más verosímil para el público presente. Algunas de ellas son: la interpretación del personaje de Apolo por un tenor, aunque originalmente era representado por una mujer; y el recorte de la duración de la obra a las proporciones habituales de los conciertos de hoy en día, lo que implicó la adaptación del texto y la música, pero sin modificarlas conceptualmente. Sin embargo, estas modificaciones (acomodaciones) son realizadas con la finalidad de que el espectador moderno entienda la obra sin ningún problema, siendo accesible y coherente al teatro musical contemporáneo, pero sin olvidar la voluntad de presentar un espectáculo y una sonoridad cercana a lo que pudo existir hace trescientos años.
En otras palabras, se han asumido las limitaciones que imponen las circunstancias escénicas, contextuales y sociales para la representación, pero sin perder musicalidad propia del gran compositor Sebastián Durón y el argumento de Antonio de Zamora.
Sin duda, es una gran oportunidad que en nuestra era tengamos presente la iniciativa (de grandes conocedores de la música) y la oportunidad de presenciar obras antiguas de argumentos interesantes que en su momento fueron importantes, pero que se han desvanecido con el avance de la historia. Esperamos que este proyecto no quede como una revelación única y aislada, sino que de paso a más resurrecciones de obras dramático-musicales que duermen todavía en los callados papeles y apuntes musicales.
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