Profundo análisis de la trayectoria de José Manuel López López con motivo de su 70 aniversario, realizado por el también compositor Jacobo Gaspar Grandal.

Jacobo Gaspar Grandal
1 septiembre 2026
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José Manuel López López, nacido en Madrid en 1956, ha celebrado este año su septuagésimo aniversario. Este texto, en consonancia con los diversos reconocimientos a su trayectoria que han tenido lugar a lo largo de los últimos meses, ofrece una panorámica de su figura y su obra, así como de la evolución de su pensamiento sonoro.

Tanto la calidad de su música como su proyección internacional justifican, sin duda, este pequeño homenaje. Se trata de una de las figuras más relevantes en el panorama de la creación española contemporánea, hecho refrendado ya en el año 2000 con la concesión del Premio Nacional de Música. Asimismo, posee también una destacada trayectoria internacional asentada fundamentalmente en Francia, país en el que ha residido de manera casi ininterrumpida a lo largo de las últimas cuatro décadas. Distinciones como el Premio de la Fundación Francis y Mica Salabert o el Premio René Dumesnil, otorgado por la Academia Francesa de Bellas Artes en 2013, así lo atestiguan. No obstante, su obra ha tenido difusión y reconocimiento también en países como Italia, Portugal, Argentina, Japón, Chile, México, Grecia o Polonia, entre otros.

PRIMEROS AÑOS Y ETAPA DE FORMACIÓN

Procede de una familia sin antecedentes musicales, aunque con ciertas inquietudes artísticas, pues su padre era pintor aficionado. De hecho, la práctica de la pintura prendió tempranamente en el compositor, ya que en su juventud pintó con bastante asiduidad y ha mantenido siempre un profundo interés por las artes plásticas. Su primer contacto con la música se produjo durante su estancia en el colegio, en el que había una tuna de estudiantil. Allí comenzó a tocar la bandurria y, posteriormente, el laúd y la guitarra[1]. Aunque más adelante tuvo un acercamiento al acordeón, la guitarra fue el instrumento que más practicó en estos años previos a su acceso al conservatorio y el que más contribuyó a desarrollar su interés por la música.

La formación reglada del futuro compositor comenzó en 1973 cuando, a una edad relativamente tardía —diecisiete años—, ingresó en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid para realizar estudios de piano y, más adelante, de composición y dirección de orquesta, los cuales concluyó en 1985. Si bien su etapa de formación académica formal se encuadra entre estas fechas, dicha formación no fue la única ni la más determinante en la configuración de su personalidad creativa. Durante este período, López López entró en contacto con figuras ajenas a dicha institución que le permitieron conocer la música contemporánea y le transmitieron estímulos e inquietudes cruciales para la posterior configuración de su ideario estético.

El año 1973 marcó también un hito en su ámbito personal al conocer a María de los Ángeles Sánchez Lucas, su futura esposa, con quien contrajo matrimonio en 1981 y quien se convertiría en su principal apoyo, tanto a nivel humano como profesional. Primero, abandonó su trabajo de maestra en Madrid para acompañar a su marido a París; allí, aunque durante unos años ejerció la docencia en el Liceo Internacional y en el Colegio Español (dependientes de la Embajada de España en Francia), se acabó volcando enteramente en una labor de apoyo al compositor. Esta dedicación es difícil de describir si lo que pretendemos es reflejar su verdadera dimensión; pues seguramente, en ese intento, caigamos en el error de enumerar una serie de tareas en las que colaboró —y continúa colaborando—, pero que, en su conjunto, no ofrecen una imagen real de la importancia que ha tenido en el desarrollo de la carrera artística del autor. A modo de ejemplo, baste decir que ha colaborado con su marido en la edición de partituras en soporte informático, la gestión del archivo del compositor o la asistencia en labores administrativas de diversa índole relacionadas con su carrera artística. Podríamos resumir su influencia afirmando, en definitiva, que ha sido asistente, gestora y musa.

            El conservatorio y el descubrimiento de la música contemporánea

A su ingreso en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, López López cursó solfeo con José Ferrándiz, quien sin duda fue una figura clave en su decisión de dedicarse a la música y, en especial, a la composición. López López siempre menciona y recuerda con admiración, cariño y agradecimiento haber escuchado al maestro Ferrándiz interpretar al piano para sus alumnos obras como La catedral sumergida de Debussy durante aquellos cursos; un inmenso y profundo impacto musical que sigue vivo desde hace ya más de 50 años. Posteriormente, estudió piano con María Teresa Fuster, Manuel Carra y Anselmo García de la Campa. Antes de adentrarse en la composición, tuvo como profesor de armonía a Carmelo Bernaola y de contrapunto a Daniel Vega, Mercedes Padilla y Francisco Calés. Los dos primeros cursos de composición los preparó por su cuenta con Julio Robles, con quien estudió fuera del conservatorio; con posterioridad, a partir del año 1983, cursó composición con Antón García Abril en los que serán sus dos últimos cursos en el centro, período durante el que también recibió clases de Román Alís.

Sin embargo, en realidad, la figura más influyente en su paso por el centro fue Luis de Pablo. Este impartía un curso cuya denominación era «Técnicas contemporáneas de composición» y, allí, López López descubrió la música contemporánea porque, en sus propias palabras, “no tenía ni idea de que eso existiera”[2]. El contacto con Luis de Pablo, que se mantiene a lo largo del tiempo en una relación que se puede definir como de amistad, y el flujo de información que de él  recibe en este momento es revelador del nivel de conocimiento de los movimientos musicales de vanguardia en el ámbito académico de la España de inicios de los años ochenta. Así pues, en estos cursos con Luis de Pablo, conoció a Pierre Boulez (recuerda haber escuchado aquí Eclat/Multiples), a Igor Stravinsky (especialmente, obras menos conocidas como Threni y Les noces) o Karlheinz Stockhausen, especialmente influyente en López López en esta época. También conoció la música electroacústica, a través de obras como  Hymmen y Gësang der Jünglinge del citado Stockhausen, o el trabajo de Jean-Claude Risset, una auténtica referencia en este campo.

Este primer contacto con Luis de Pablo, y en general con la música contemporánea, que se produjo al comienzo de sus estudios oficiales de composición, resultó crucial por las influencias que se vierten sobre el entonces joven estudiante. También son muy reveladores los precisos recuerdos que, muchos años después, guarda de la escucha de determinadas obras o del pensamiento de algunos autores empezaba a descubrir. Podríamos citar, a modo de ejemplo, las ideas de Stockhausen o el sonido de Eclats/Multiples de Boulez, elementos que se erigen en influencias reconocibles, respectivamente, en el ideario y el lenguaje lopeziano en algunas de sus realizaciones posteriores.

En 1985 finalizó sus estudios de composición y dirección de orquesta, obteniendo el Premio Fin de Carrera en Composición con su obra Sámaras, escrita para cuarteto vocal y conjunto instrumental. Con esta pieza, influenciada por la Cantata de la América Mágica de Alberto Ginastera[3], ganó, además, el Premio Jacinto e Inocencio Guerrero otorgado por la Fundación homónima. Sin embargo, aun figurando dicha obra en el segundo lugar cronológico del catálogo lopeziano, nunca ha llegado a estrenarse.

Cursos externos y primeros estrenos

Tal y como se ha anticipado, la formación del autor en esta etapa trascendió el ámbito del conservatorio, nutriéndose tanto de la asistencia a diferentes cursos como de sus primeras experiencias creativas y reconocimientos. Desde el año 1981 participó en tres ocasiones como becario en los Cursos Internacionales Manuel de Falla de Granada: en el año 1981 tuvo como profesores a Carmelo Bernaola y Luis de Pablo; en 1982, a Luigi Nono, y en 1985, a Giacomo Manzoni y Armando Gentilucci. No obstante, fue precisamente el encuentro con Nono lo que en estos momentos resultó más trascendente. López López recuerda que el autor italiano hablaba de la escucha, de la multifocalidad o de la microinterválica y, de modo especial, en torno a la escucha y al fenómeno del eco, cómo este transmitía sus experiencias personales en Venecia al observar cómo el sonido de las campanas se reflejaba y transformaba sobre el agua[4].

Otro de los elementos de influencia trascendental en esta época fue la asistencia en el año 1984 a un curso de música electroacústica con el compositor argentino Horacio Vaggione; se trataba de las  primeras Jornadas de Música Electroacústica que se celebraron en el Gabinete de Música Electroacústica (GME) de Cuenca. El GME había sido creado un año antes y se iba a convertir, en esos momentos, en un núcleo al que asistirían un gran número de compositores de esta generación tanto para formarse en este ámbito como para llevar a cabo sus proyectos creativos. López López recuerda muy vivamente este primer contacto tanto con la música electroacústica como con Horacio Vaggione, figura con la que a partir de este momento establecerá una relación que se prolonga en el tiempo y que se puede definir como de amistad y admiración. Como consecuencia de esta admiración, Vaggione ejercerá sobre él una decisiva influencia intelectual que, posteriormente, se manifestará a través de los lazos que unen sus respectivos idearios compositivos.

Horacio Vaggione ha desarrollado una importante labor como profesor —fundamentalmente en Francia, donde reside desde 1978— y ha escrito abundantemente sobre su ideario estético y técnica compositiva. De hecho, aspectos cruciales de su pensamiento, tales como la concepción granular del sonido o el pensamiento en relación al tiempo y a sus diferentes escalas, serán también campos sobre los que López López verterá su creatividad en el futuro. De ahí que este primer encuentro y el provecho que el entonces joven compositor obtuvo de su estancia en Cuenca —donde a lo largo de ese mismo año 1984 compuso tres breves piezas electroacústicas— resulten determinantes por sus implicaciones futuras.

Por otra parte, el vínculo de López López con Cuenca no terminó aquí, ya que volvió a realizar el curso del año siguiente en el GME con Horacio Vaggione y Lejaren Hiller e, incluso, entre 1985 y 1986 ejerció como profesor de Solfeo y Armonía en el Conservatorio de dicha ciudad.

En estos años se produjeron también los primeros estrenos del autor. Aixa, canción para soprano y piano que toma por texto un poema de José Luis Crespo, fue estrenada el 11 de mayo de 1984 en la Casa de la Cultura de Alcalá de Henares, en un concierto organizado por la Asociación Prometeo de Poesía, el Aula de Composición del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y la Escuela Superior de Canto. Su obra Septeto fue seleccionada por la IV Tribuna de Jóvenes Compositores de la Fundación Juan March, lo que daría lugar a su estreno en 1985. Además, ese mismo año, obtuvo el primer premio en el V Concurso de Polifonía para Jóvenes Compositores organizado por el Instituto de la Juventud.

PRIMERAS OBRAS (1985-1992)

            Una vez finalizados sus estudios en el Conservatorio, comienza una nueva etapa en su trayectoria vital marcada por dos acontecimientos: la aparición de las primeras obras de su catálogo y su salida de España para realizar estudios de especialización. Las obras de este período revelan una actitud de búsqueda que se traduce en la incorporación paulatina de novedosas soluciones técnicas a su lenguaje. Estas surgen, principalmente, de la preocupación por diferentes cuestiones de orden estético que acaban por condicionar y enriquecer todo su ideario creativo. A su vez, la asimilación de estos nuevos elementos estuvo estrechamente vinculada a las experiencias formativas del autor, quien en esta época entró en contacto con importantes figuras de la creación musical que marcaron profundamente su evolución posterior.

Aun estando marcados estos años por su salida de España, también suponen su inserción, como compositor, en el entramado que conforma la música contemporánea española. Así, comenzó a recibir los primeros encargos y estrenos de instituciones públicas, al tiempo que obtenía diferentes galardones que le otorgaron tanto reconocimiento profesional como cierta financiación para costearse su estancia en el extranjero. Entre ellos, destaca el accésit obtenido en 1986 en el VI Concurso de Polifonía para Jóvenes Compositores, organizado por el Instituto de la Juventud, con la obra De sapientia para 21 sopranos; certamen en el que al año siguiente logró idéntica distinción con De silentio, para 6 sopranos y 6 contraltos. Asimismo, sobresalen los premios en el VI Concurso de Composición Orquesta Sinfónica de Asturias (1987) por su obra orquestal Anatta —cuyo estreno, en mayo del año siguiente, fue dirigido por Cristóbal Halffter— y en el VI Concurso de Composición Ciutat d’Alcoi (1988) por su pieza Chakra.

Por todos los motivos expuestos anteriormente, situamos el comienzo de esta etapa en el verano de 1985. Este año, por otra parte, resulta fundamental en la historia de la música española, ya que supuso la presentación pública, en forma de grupo, de una parte de la nueva generación de compositores.

            El grupo del Bierzo

En el verano de 1985, Cristóbal Halffter organizó en Villafranca del Bierzo lo que entonces se denominó Campo Internacional de Composición, (Información) e Interpretación de la Música Contemporánea (Española). Este encuentro, patrocinado por el Instituto de la Juventud, se convertiría con el paso del tiempo en uno de los cursos de verano más importantes en el ámbito de la creación musical en España. En esta primera edición, a la cual López López asiste becado por el citado organismo patrocinador, participaron como profesores, además del propio Halffter, Tomás Marco y Carmelo Bernaola.

En el marco de esta edición del curso, varios de los jóvenes compositores participantes se asociaron para formar el llamado Grupo del Bierzo, constituido por Jacobo Durán-Loriga (1958), Alberto García Demestres (1960), Pedro Guajardo (1960), José Manuel López López (1956), Enrique X. Macías (1958-1995) y Jep Nuix (1955-1998). Ninguno de ellos era del Bierzo, de ahí que su único vínculo fuera, precisamente, el citado curso. A lo largo del mismo, los miembros del colectivo redactaron un manifiesto que fue leído por Durán-Loriga. Más que evidenciar un credo estético o técnico común, la principal característica del texto era confirmar el nacimiento de una nueva generación de compositores.

Tanto los profesores del curso como el Instituto de la Juventud y el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (CDMC) —en este momento dirigido por Tomás Marco— ofrecieron su apoyo al grupo. De este modo, surgió el encargo de una pieza a cada uno de los miembros; fruto de dicho encargo, López López escribió Aquilea. Para él supone el primer encargo profesional y, aunque actualmente ocupa el cuarto lugar cronológico de su catálogo, en aquel momento la consideraba la primera; de hecho, fue la primera obra que estrenó tras finalizar sus estudios en el conservatorio. En parte fruto de ese impulso, al año siguiente, la Orquesta Nacional de España dirigida por José Luis Temes interpretará Chronos, primera obra orquestal del autor, que había sido seleccionada para ese concierto junto a otras piezas de compositores coetáneos.

El curso de composición se celebró los dos veranos siguientes en Villafranca del Bierzo (1986 y 1987) con la participación de importantes figuras del panorama nacional y algunos nombres relevantes del ámbito internacional. Así, en estos años, además de los tres compositores ya citados que intervinieron en la primera edición, figuraron como docentes Luis de Pablo, Antón García Abril, José Ramón Encinar, José Luis Temes, José Luis Pérez de Arteaga, Emilio Casares, Jean Pierre Dupuy, Christine Edinger y Helmut Lachenmann. En 1988 el curso fue suprimido por el Instituto de la Juventud y no volvió a celebrarse hasta el año 1994. López López regresaría en esta segunda etapa a Villafranca del Bierzo, pero ya como profesor.

            Formación internacional: Siena, Bourges, París

El compositor italiano Franco Donatoni impartía en la Accademia Chigiana de Siena un curso de verano en el que participó López López en 1986. En los años ochenta, numerosos compositores españoles asistieron a dicho evento. De hecho, es habitual que al leer el curriculum de un compositor español nacido en la década de los cincuenta o sesenta, figure la asistencia al curso que impartía Donatoni en la Accademia Chigiana. Algunos de ellos, además, le han dedicado obras con posterioridad a su participación; como Finestra en la Chigiana de López López, pieza para piano escrita en 2000 y dedicada in memoriam al maestro italiano.

López López recuerda a Donatoni como un maestro extraordinario, exigente en el control de la interválica y muy cuidadoso en lo referido al pensamiento de las alturas y el desarrollo orgánico del material. En el transcurso de dicho curso, López López compuso Nicchio, cuarteto de maderas en el que se observa con claridad el magisterio de Donatoni y los cambios que, como consecuencia de dicho contacto, se producen en el lenguaje lopeziano.

Después de esta breve estancia en Italia, López López, aconsejado por Luis de Pablo y animado por Horacio Vaggione, partió hacia la ciudad francesa de Bourges. Allí prosiguió sus estudios de especialización e inició un periodo de residencia en el páis vecino que se prolonga casi ininterrumpidamente hasta la actualidad. En el Groupe de Musique Expérimentale de Bourges (GMEB) tendrá la oportunidad de profundizar en el conocimiento de la música hecha con medios electrónicos bajo la tutela de Roger Cochini, con el que estudió durante dos años y tuvo la oportunidad de trabajar de modo práctico con la tecnología analógica propia de la época: la cinta magnética, filtros, osciladores... En 1987, durante su estancia en Bourges, compuso Le temps multiples; pieza para cinta magnética que será estrenada en Madrid en el Ciclo de Música Electroacústica Hispano, celebrado en el Centro de Arte Reina Sofía en noviembre de ese mismo año.

En la experiencia de López López en Bourges, y en general en todo su trabajo con medios electrónicos, es especialmente significativa la fluidez con que —tanto a nivel estético como técnico— se produce una transferencia de conocimientos entre sus piezas electroacústicas y su música instrumental. De hecho, tras componer Le temps multiples, escribió Anatta, una pieza para orquesta que deriva de la primera; un trasvase de procedimientos que resulta de gran interés analítico y de notable complejidad técnica debido a la disparidad de ambos medios. Con la citada Anatta consigue el Premio en el VI Concurso de Composición Orquesta Sinfónica de Asturias; un galardón que, gracias a la dotación de un millón de pesetas de la época, le permitió prolongar su estancia en Bourges —inicialmente prevista para seis meses—.

El hecho de residir en Bourges le permitió, asimismo, conocer de primera mano a  diferentes figuras de la música francesa e internacional, como Max Matheus, Lejaren Hiller, Thomas Kessler, Jean Claude Risset, Clarence Barlow o Curtis Road, entre otros. En este período, fue becado por la asociación Acanthes para participar en los prestigiosos cursos de composición y análisis celebrados en Aviñón, donde tuvo la oportunidad de estudiar con  Oliver Messiaen en 1987 y con Pierre Boulez en 1988. Por otra parte, durante el segundo año de su estancia en Bourges, tendrá el tiempo necesario para componer Memoria de un tiempo imaginario, obra para orquesta que parte de un encargo del CDMC. Su estreno, en el Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante de 1988, supuso otro hito de gran relevancia en la consolidación de su carrera.

Durante el curso 1987–1988, mientras residía aún en Bourges, los fines de semana se desplazaba a la capital francesa para asistir, bajo la dirección de Horacio Vaggione, a las clases de la Universidad de París VIII (Vincennes-Saint-Denis) con el fin de obtener la Maîtrise en Ciencias y Tecnologías de las Artes. De ahí que, al año siguiente, diese por concluida su etapa en Bourges para establecerse en París. En dicha institución obtuvo la Maîtrise en 1989; la consecución de este título llevaba implícita la elaboración de un trabajo de investigación que López López centró en la figura del compositor alemán Karlheinz Stockhausen —estudio que el Círculo de Bellas Artes publicó poco después en España en formato libro—. Esta investigación fue dirigida por Vaggione, quien ejercía como docente allí desde 1983. Además de investigar, el compositor aprovechó su estancia para desarrollar sus proyectos creativos; de hecho, en el estudio C-149 del departamento de música de la misma universidad realizó la parte electrónica de su obra Con cadencia de eternidad, escrita en 1988 para saxofón barítono y cinta magnética; una pieza en la que colaboró con el reconocido saxofonista Daniel Kientzy.

Poco más tarde, en 1990, López López se incorporó como profesor del Atelier de Composición. Su labor como profesor y, posteriormente, director de dicho taller le ha permitido entrar en contacto e invitar a destacados intérpretes y agrupaciones de la escena internacional, entre los que cabe citar a Les Percussions de Strasbourg, el colectivo Densité 93, los ensembles Sillages, L’Itinéraire,  Court-Circuit, Cairn, 2e2m, Sinkro y Multilatérale, así como a solistas de la talla de Esteban Algora, Miquel Bernat, Elisa Humanes, Imma Santacreu, Iván Solano, Guilherme Carvalho o Pedro Bittencourt. Sin duda, su trayectoria ha estado marcada por la estrecha colaboración con todos ellos; una intensa actividad que, sumada al contacto continuo con sus alumnos, le ha permitido descubrir las particularidades de todo tipo de instrumentos —desde el flautín hasta el contrabajo— y conocer en profundidad sus técnicas extendidas. Gracias a ello, ha logrado reunir centenares de anotaciones y apuntes que le otorgan una información privilegiada sobre la genética sonora instrumental; un conocimiento profundo que ha transformado de forma extraordinaria su concepto de la orquestación y de la verticalidad.

Estos tres primeros años en París ejercieron una gran influencia en la evolución posterior de su pensamiento creativo. A finales del siguiente curso, en 1990, obtuvo el Diplôme d’Études Approfondies (DEA) en Formación Doctoral en Música y Musicología del siglo XX en el Institut de Recherche et Coordination Acoustique/Musique y la École des hautes Études en Sciences Sociales (IRCAM-EHESS). Allí desarrolló una investigación bajo la dirección de Hugues Dufourt sobre la música española de la segunda mitad del siglo XX.

Al año siguiente, realizó el Cursus Stage de composición e informática musical del IRCAM, el cual finalizó en 1991. Más allá de los conocimientos técnicos adquiridos, tuvo como profesores a importantes figuras que alimentaron profundamente su pensamiento y su técnica compositiva. Entre sus profesores en dicho curso se encontraban compositores como Gérard Grisey, Tristan Murail, Kaija Saariaho, Klaus Huber o Philippe Manoury, así como reconocidos musicólogos de la talla de Ivanka Stoianova o Lev Koblyakov.  Dado que Grisey y Murail son figuras vinculadas a los orígenes del movimiento espectral —una corriente cuyo pensamiento estimularía la producción lopeziana en los años siguientes—, cabe otorgar a este encuentro una especial trascendencia.

Además, como consecuencia de su estancia en el IRCAM, tuvo la oportunidad de trabajar en sus instalaciones para realizar la parte electrónica de Lituus (1991), escrita para cuarteto de metales y electrónica, y estrenada en dicho centro en enero del año siguiente por músicos del Ensemble Intercontemporain. Esta pieza está dedicada a Horacio Vaggione y en ella rezuma buena parte del pensamiento del compositor argentino, sobre todo en lo que se refiere a los aspectos temporales de carácter corpuscular. Cabe decir, entonces, que en esta obra cohabitan las dos principales influencias del autor en estos primeros años parisinos: la de Vaggione y la que proviene del movimiento espectral.

Durante estos primeros años en París, el joven compositor realizó estrenos tanto en Francia como en España, aunque el número de proyectos realizados en su país de acogida fue mayor. No obstante, cabe decir que continuó recibiendo encargos de instituciones públicas españolas: Hag fue un encargo del extinto CDMC –Centro para la Difusión de la Música Contemporánea-, mientras que  Agua y Cuadrante de la Fundación Caja Madrid. También se estrenaron en España Chakra, por haber ganado el premio de Composición Ciutat de Alcoi, en el V Festival Internacional  de Música de Alicante, y Spi en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Sin embargo, Con cadencia de eternidad, Kutb,  Rhea, Redes Cristalinas, Lituus, Tweed y Jenseits… Diesseits fueron estrenadas fuera de España; todas ellas en Francia, a excepción de Kutb y Redes Cristalinas, que se interpretaron por primera vez en Suiza.

Otro hito significativo de este período es que, como ya se ha comentado, a partir de 1990 José Manuel López López comenzó a ejercer la docencia en la Universidad de París VIII, labor que mantuvo durante más de treinta años, hasta su jubilación en 2023. Esta vinculación le permitió emplear las instalaciones de dicha institución para realizar proyectos en los que la música electrónica ocupa un lugar destacado, como es el caso de Tweed, obra para cinta magnética realizada en 1991.  El tránsito de la etapa formativa a la docente —consolidado una vez concluyó el curso en el IRCAM— anuncia la llegada de un nuevo período vital. En 1992, el compositor cumplió 36 años, momento en el que finalizó su etapa como joven creador para alcanzar una primera madurez.

[1] El autor estudió en el Colegio de San Antón, situado en la calle Farmacia de Madrid. La tuna estudiantil era dirigida por José Aragón.

[2] Jacobo Gaspar, José Manuel López López: de la múica de notas a la música de partículas (Baiona: Dos Acordes, 2020), 26.

[3] Gaspar, José Manuel López…, 27.

[4] Ibid.

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