Sin género definido ni estructura, sin forma de evaluación ni criterios estéticos, el live coding parece una práctica difícil de encajar. A simple vista podría describirse como improvisar sonido o visuales escribiendo código en directo, pero se queda corto. Este artículo muestra qué es el live coding desde distintas voces de la comunidad de TOPLAP Madrid y la presenta.

Lara Fernández y TOPLAP Madrid
1 mayo 2026
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Figura 1. Foto de Visual_punk_ltd y Joaquín tocando en una sesión de live coding

En un primer momento puede ser desconcertante. Ver a una persona teclear texto mientras ese texto, casi de inmediato, se convierte en sonido o en imagen. Y observar que, cuando algo falla, la pieza simplemente toma otro camino.

En el live coding, la música o los visuales no se lanzan desde un programa ya hecho, sino que se construyen en ese mismo momento escribiendo código. Lo que suena o se ve depende directamente de lo que se está escribiendo en directo. Además, en las sesiones, el código se proyecta en pantalla como parte de la performance.

Emmanuel, miembro de TOPLAP Madrid, lo describe así: "Es una práctica artística cuya obra es el proceso mismo. Y en esa situación, hay un espacio que es evidente y además lo estás viendo: la experimentación, la espontaneidad, la exposición al error".

Hace unos días, Sabrin, miembro de TOPLAP Madrid, afirmaba "no simplemente hacemos código en directo, sino estamos viviendo un código en directo".
Ese vivir el código, más allá de ser una cuestión de tiempo real, trata de cómo se construye y se comparte. Sabrin habla de ello como una multitud de relaciones temporales que ocurren a la vez: "Mi tiempo de escribir y no escribir código, el tiempo de otras personas que acogen lo que yo estoy haciendo, el tiempo también de la máquina".

De esta forma, una sesión de live coding es una forma de estar ahí, de estar presente y ver cómo el público reacciona. Emmanuel, recuerda la primera vez que vio este tipo de performance en directo, "a pesar de estar delante de máquinas que suenan con lenguaje de máquinas, todo era profundamente humano".

El código como medio artístico

En el live coding se usan lenguajes de programación interpretados que permiten modificar el código mientras se ejecuta. Esa posibilidad de intervenir en tiempo real es lo que hace viable la práctica.

El flujo que deriva de esto es muy distinto al de un proceso orientado a un resultado. En lugar de construir algo paso a paso para después revisarlo, aquí todo ocurre mientras se hace. Ámbar, miembro de TOPLAP Madrid, lo describe como una especie de conversación: “Cuando improviso con la guitarra tengo gestos cogidos y me salen cosas parecidas pero cuando dialogo con la máquina, la máquina a veces me devuelve hallazgos y puede explotar por caminos que no he vivido en otros tipos de procesos creativos”.

En esa relación con la máquina no todo es exploración. Con el tiempo aparecen formas de hacer, decisiones que se repiten, maneras de intervenir. “En el live coding hay gestos”, explica Ámbar. “Acabas desarrollando tus propias gramáticas y lo que te funciona”.

Ahí se mantiene una tensión constante entre apoyarte en lo que ya conoces y dejar espacio a lo inesperado. “Improvisar sin ningún gesto aprendido tampoco es fácil”, añade. Es en ese equilibrio donde aparecen los hallazgos: “A veces no pasa tanto en directo como en casa, pero merece la pena mostrar el juego, el diálogo, incluso la frustración, porque cuando llega la sorpresa es especialmente mágico”.

Emmanuel, por otro lado, destacaba el interés que le produce el hecho de que la creación sea a través de un lenguaje: "Me recuerda a los escritores y poetas que por alguna razón han tenido que aprender otro idioma y han escrito toda su obra en un idioma que no es el propio". Y continua: "Aprender un idioma nuevo y aprender a expresarte en él obliga a encontrar los matices sencillos del lenguaje para poder expresarte. Cuando usamos líneas, colores, ciertos movimientos, ciertos sonidos, hay una búsqueda y encuentro con cosas sencillas, simples, y en esa sencillez una potencia expresiva impresionante".

Desde fuera este proceso se percibe de otra manera. Sabrin lo describe como: “Ver un pensamiento desarrollándose”. “Ves a alguien trabajando en un lenguaje, y aunque cada uno tenemos el nuestro, ahí estamos compartiendo uno que podemos seguir mientras se va construyendo”, añade.

En esa exposición donde se ve cómo el intérprete va creando a través de código, aparecen las diferencias que enriquecen la experiencia. Como señala Jane, "la forma de escribir código es muy diferente de persona a persona".

Figura 2. Foto de Sabrin improvisando visuales en un evento de TOPLAP Madrid

Sobre la apertura y la accesibilidad en la práctica

Existen numerosas herramientas para hacer live coding y todas comparten la característica de ser completamente gratuitas y de código abierto. No es un detalle menor. Igual que el código se hace visible en escena, también lo son las plataformas con las que se trabaja.

Además, éstas suelen estar acompañadas de documentación y tutoriales que permiten empezar sin demasiados conocimientos previos. En general, basta con un ordenador para ponerse a probar.

Jane lo explica desde su propia experiencia. Buscaba hacer Lives de tekno y tribe, pero se encontraba con la barrera habitual: qué hardware comprar, qué software usar, cuánto costaba todo eso. “Cuando encontré el live coding”, cuenta, “de repente solo con mi ordenador tenía acceso a todas las drum machines, sintetizadores y efectos. Todo estaba ahí, y podía empezar a a crear ese Live”.

Además, la accesibilidad también tiene que ver con cómo se aprende. Como añade Jane: “Yo tengo la suerte de tener una educación musical, pero para empezar seguí un webinar de una persona que no tenía ningún conocimiento musical. Sin tener una educación musical también se puede crear con el live coding”.

Algo parecido señala Ámbar. Remarca la accesibilidad que ha dado apostar por lenguajes Web. "Creo que una de las pioneras es Olivia Jack con el lenguaje visual Hydra". Es una web en la que hay visuales creados y con unos pocos controles puedes empezar a modificarlos. Ocurre lo mismo con lenguajes Web para música muy usados por la comunidad, como Strudel.

Nos cuenta que cuando le preguntan qué es el live coding, dice: "Saca tu móvil". Abren un enlace, escriben unas líneas y en cuestión de segundos ya están haciendo un beat. "De repente se rompe esa idea de 'yo no puedo' y de repente tenemos una comunidad de gente haciendo ruido, haciendo sonido, haciendo música y en comunidades donde se celebra la experimentación, el ser raro, el jugar y el no saber", explica.

"Aquí no hay un filtro de si tienes derecho a hacerlo" explicaba Jane, de si tienes una formación académica o has ido al conservatorio. Sabrin añadía que fue lanzada a improvisar en público por primera vez en un festival en Hamburgo, habiendo conocido el lenguaje hace un par de semanas. "No había una expectativa" señala, el live coding es para todos.

Arte social y experiencia colectiva

TOPLAP (Temporary Organisation for the Parsimony of Live Art Programming) es la organización internacional que promueve el live coding. se fundó en 2004 durante el simposio de Changing Grammars. Entre otras cosas, redactó el manifiesto del live coding o Draft Manifesto, un texto que recoge algunas de las ideas fundamentales de la práctica.

Con el tiempo, TOPLAP se ha articulado como una red de nodos locales en distintas ciudades, donde live coders se reúnen para practicar live coding y organizar eventos. En España existen actualmente dos nodos TOPLAP, uno en Madrid y otro en Barcelona.

Es en estos espacios donde la práctica se expande, Jane lo explica desde su propia experiencia: “Hay cosas que puedes aprender sola con la información que está en Internet y hay cosas que no”. Y añade: “Cuando estoy bloqueada o necesito avanzar, la comunidad está ahí para ayudarme y llevarme al siguiente nivel”.

En esa misma línea, Ámbar señala que la práctica se transforma al hacerse en grupo: “Yo he hecho live coding sola en casa, pero es al juntarse cuando realmente lo hago y lo aprendo”. En ese intercambio de conocimientos, explica, “ves lo que hace otra persona, te fascina, quieres probarlo…y explota mucho más cuando lo haces en comunidad que cuando estás sola”.

Un tipo de evento muy importante en esta práctica son las Algoraves (del inglés a Algorithmic Raves). Son un tipo de fiesta electrónica de carácter experimental. No tienen un formato establecido pero siempre hay ciertos elementos que están presentes: algoritmos, música y, en muchos casos, baile. A diferencia de otros contextos musicales, lo que ocurre en una Algorave no está completamente determinado: depende tanto de quienes participan como del público presente.

Figura 3. Foto de una Algorave organizada por TOPLAP Madrid

Lo que define a estos eventos es la experiencia compartida que generan. Emmanuel lo describe así: “Las situaciones que genera esta forma de arte son colectivas, no son solo de quien la ejecuta… Cuando ocurre un vacío o un error, y algo pasa o no pasa nada, y tienes que quedarte ahí en silencio igual tres minutos hasta que vuelve a arrancar y sonar algo, hay una experiencia colectiva increíble. Creo que no estamos acostumbrados como público a enfrentarnos a cosas así”.

La dimensión colectiva también se construye desde una voluntad explícita. En muchos espacios de live coding se ha puesto desde el inicio el foco en generar entornos inclusivos. Como explica Ámbar: “En el manifiesto Algorave, una de las primeras cosas que dice es: tu comunidad tiene que ser diversa desde el principio, porque si no, no lo va a ser nunca”. Así, esa atención a la diversidad forma parte de los propios fundamentos.

Esa misma lógica se refleja en comunidades como live codera, una red internacional de mujeres y disidencias que se reúnen para compartir y repensar la práctica.

Pero para crear y mantener espacios abiertos, hay que buscarlo en las distintas formas de hacer. Por ejemplo, en formatos como las sesiones from scratch, donde cualquiera puede participar: “Todo el mundo es invitado a improvisar, empieza desde cero y tiene nueve minutos. Y una de las reglas es que, pasados esos nueve minutos, siempre se aplaude”. Es, como señala Ámbar, “una práctica que acoge muy bien a todo tipo de gente que tenga inquietud por hacer ruido”.

Y añade: “Estamos haciendo programación y música electrónica, que son campos muy masculinizados y elitistas, y lo estamos haciendo en comunidades en las que nos escuchamos, nos cuidamos y celebramos las rarezas”.

En el cruce entre práctica y comunidad aparece la dimensión política. La forma de trabajar conecta directamente con otras comunidades y principios. Tiene mucho que ver con la cultura libre, la cultura hacker, y el movimiento maker: formas de hacer donde los procesos se comparten y el conocimiento está disponible.

Además de la forma de trabajo, la dimensión política atraviesa toda la práctica en su conjunto. Visual_punk_ltd lo expresa así: "Estoy constantemente buscando una salida del sistema capitalista. Viviendo dentro de él es imposible ignorarlo o abandonarlo, pero sí se puede dar un paso al lado". En ese sentido, el live coding es un espacio donde otras lógicas aparecen: "No creamos un producto que luego el sistema pueda apropiarse, no hacemos registros que después se conviertan en mercancía. Si quieres participar, tienes que venir y estar presente, a menudo en un espacio autoorganizado, en un sótano donde por fin se puede respirar y mostrar que podemos resistir".

Sabrin lo expresa de forma directa, "yo vivo el live coding como algo muy político". No tanto como discurso cerrado, sino como una forma de situarse: "Está encarnando acciones, momentos, situaciones y personas que te permiten seguir pensando".

TOPLAP Madrid, una comunidad de práctica

TOPLAP funciona como una red internacional para la difusión pero es en los nodos locales donde esa práctica se vuelve concreta. En nuestro caso, TOPLAP Madrid, es una comunidad que se construye desde el encuentro y la práctica compartida.

Jane lo describe desde su propia experiencia: “Gente que no conozco y que no me conoce, pero que te dice: no sabes hacer esto, te lo enseño”. Habla de un entorno donde compartir conocimiento ocurre de manera directa, casi espontánea. “Es un mundo muy ideal… y ojalá siga siendo así, porque hay muy pocos espacios así”.

Esa forma de comunidad no aparece de la nada. Como recuerda Ámbar, el live coding en Madrid tiene una historia vinculada a espacios como el antiguo Medialab Prado, donde se desarrollaron residencias y talleres en torno al sonido digital y la programación. “Eran espacios radicalmente abiertos de aprendizaje y experimentación”, explica, en continuidad con otras culturas como la de los hacklabs o los makerspaces. “Esa comunidad cuidó muchas cosas y facilitó muchas otras, y es de ahí de donde venimos”.

Actualmente, en TOPLAP Madrid, se organizan sesiones, talleres y eventos abiertos donde cualquiera puede acercarse, probar y aprender. “Juntarnos en un sitio para crear y aprender juntas”, señala Ámbar como una de las formas más directas de generar comunidad.

La búsqueda de la apertura se refleja también en cómo se difunden estos encuentros, a través de canales donde cualquiera puede informarse y sumarse: https://linktr.ee/toplapmadrid

Esa dimensión se hace visible en eventos concretos. Sabrin recuerda la Algopoética del año pasado (2025) como un ejemplo claro: “Había gente conectada desde distintas partes del mundo… compartiendo su trabajo”. Destaca también el ambiente en los talleres: “Si llegaba alguien nuevo, se le explicaba por dónde iban, había mucho cuidado”. Entre talleres, presentaciones e improvisaciones, lo que se generaba era un espacio de intercambio.

Así, TOPLAP Madrid funciona como una comunidad de práctica: un lugar donde aprender, compartir y crear de manera colaborativa.

Figura 4. Foto de una sesión From Scratch organizada por TOPLAP Madrid

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