España es un país donde el deporte es considerado parte de la cultura, entendiendo ésta no como definición objetiva sino como lo concerniente al arte. No en todos los lugares es así, pero aquí hemos tenido, en muchas ocasiones, un ministerio que abarcaba ambos conjuntos de actividades: deporte y cultura.

Redacción
5 julio 2024
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España es un país donde el deporte es considerado parte de la cultura, entendiendo ésta no como definición objetiva sino como lo concerniente al arte. No en todos los lugares es así, pero aquí hemos tenido, en muchas ocasiones, un ministerio que abarcaba ambos conjuntos de actividades: deporte y cultura.

Obviamente, la convivencia es posible, pero no es el caso en el terruño, sobre todo en tiempos donde los acontecimientos deportivos a gran escala lo barren todo.

Estamos en 2024 y, salvo los festivales de aquí y allá (hablemos en este caso de música), y algún despistado concierto, las ciudades, sobre todo las más grandes, hacen desaparecer cualquier ámbito de programación cultural. Este es un año donde el deporte de élite va a estar en las calles de todas las ciudades, más si España gana algún campeonato. Solamente con pensar en la Eurocopa de fútbol  y las Olimpiadas podremos comprobar cómo se sobresaturan las pantallas gigantes y se anula todo lo que no tenga que ver con esos grandes eventos. Y, por supuesto, con el logro turístico que conllevan esos eventos mastodónicos, incluso sin que se celebren en el país.

Esto no es culpa del deporte, de su exceso. El problema está en la carencia de esa “otra cultura” que desaparece bajo el césped del campo deportivo. Y es culpa de todos. Dios hizo el verano y se le olvidó poner un auditorio fresquito…

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