Compositor, docente y gestor cultural, Samuel Ramos Manzano recientemente acaba de asumir la dirección artística del Festival Internacional de Música de Canarias (FIMC). En esta entrevista hablamos de sus planes para el FIMC, de su trayectoria en Viena y de su relación con la composición y la música contemporánea.

Redacción
1 septiembre 2026
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Foto de Tayri Muñiz

Sul Ponticello: Recientemente has asumido la dirección artística del Festival Internacional de Música de Canarias (FIMC). ¿Qué supone para ti este nombramiento y cuáles son las principales líneas de trabajo que quieres impulsar en esta nueva etapa?

Samuel Ramos Manzano: Para mí supone un emocionante reto y un orgullo asumir la dirección artística de este proyecto. De una parte, poder hacer algo que me apasiona y que es mi profesión en uno de los festivales más relevantes que existen a nivel nacional e internacional como es el FIMC. De otra parte, el hecho de que esta oportunidad se dé, además, en casa, en mi tierra, le aporta un componente emocional que para mí personalmente es muy importante e ilusionante. Más aún después de haber residido fuera durante casi dos décadas. Asumo este rol desde una enorme vocación de servicio público de cara a la sociedad civil y a la propia cultura.

En cuanto a líneas a seguir, de manera general vamos a mantener la misma estructura, en el sentido de que queremos seguir desarrollando tanto el propio FIMC, que va camino de su cuadragésimo tercera edición, como sus dos festivales asociados: el Festival Paralelo, con el que buscamos diversificar la programación y acercarnos a otros públicos; y el Festival Contemporáneo, enfocado en la música de creación actual. Dentro de esa continuidad, velar y trabajar por ofrecer una programación de calidad debe seguir siendo uno de nuestros principales compromisos, apostando por el talento local, nacional e internacional, tanto consolidado, como emergente. Al mismo tiempo, garantizar que llegan propuestas adecuadas al conjunto del archipiélago y seguir mostrando nuestro apoyo al fomento de la nueva creación, algo que está ligado a la historia y a la idiosincrasia del propio FIMC.

A partir de aquí, la idea es profundizar en algunas cuestiones que, si bien se han comenzado a implementar, creemos que podemos llevar todavía un poquito más allá. A medio plazo me gustaría seguir avanzando en términos de accesibilidad: pensar qué nuevos formatos de mediación podríamos incorporar y en cómo podemos llegar y comunicarnos aún mejor con nuestros públicos. En relación con esto, estamos trabajando ya en algunos proyectos relacionados con el desarrollo de audiencias. El FIMC ha dado también visibilidad en los últimos años a compositoras y compositores que, pese a la calidad de sus trabajos, por diversas razones han quedado históricamente relegados a un segundo plano. No hablo aquí necesariamente de música contemporánea, sino de figuras que históricamente no han recibido el reconocimiento que merecían. Creo que, sin descuidar el equilibrio de la programación y sin dejar de escuchar a nuestro público, debemos dar un paso más también en ese sentido y contribuir a la visibilización de esos artistas y de  la recuperación de ese patrimonio. Estamos repensando también de qué manera podemos avanzar e implementar proyectos y políticas inclusivas y programas específicos que permitan a niños, jóvenes y familias disfrutar aún más del festival. Pienso, además, que es muy relevante impulsar trabajos destinados a preservar el legado del FIMC: digitalizar y catalogar el archivo de grabaciones históricas, fotografías, programas y, en definitiva, de un conjunto de documentación que es de un altísimo valor histórico y patrimonial.

Por otro lado, en mi opinión, el FIMC está en un momento idóneo para dar un paso más en su posicionamiento exterior. En este sentido ya estamos trabajando en algunas cuestiones orientadas hacia ese objetivo y valorando formatos y maneras de poner en marcha algunas producciones propias (o coproducciones) que puedan, partiendo del FIMC, incorporarse luego a otros circuitos y festivales. Pero esto es algo complejo, que requiere de tiempo y recursos, y sabemos, además, que necesitaremos establecer alianzas y encontrar los socios adecuados para ello.

S.P.: El FIMC es un festival con décadas de historia, de una importante proyección internacional y, al mismo tiempo, debe llegar a su territorio, las islas Canarias. ¿Cómo se equilibra la excelencia artística y lo internacional, con esa vocación de servicio público y vertebración territorial?

S. R. M.: Como te decía antes, mi opinión es que el FIMC está en un muy buen momento. Son muchos los artistas de renombre internacional que quieren participar (y repetir) en nuestro festival. Pero nunca debemos confiarnos ni cesar en el empeño de buscar la excelencia en nuestra programación. Y eso pasa necesariamente por un conocimiento, una actualización y una atención constante a las oportunidades que nos ofrece el panorama internacional y, como no, también el nacional y el local. A ese respecto, muchas veces también consiste en anticiparnos, saber qué movimientos se van a hacer a dos, tres y hasta cuatro o cinco años vista (sobre todo a escala internacional para minimizar los sobrecostes que puedan implicar los desplazamientos de grandes formaciones orquestales) y ver qué opciones son las más adecuadas y las que mejor se ajustan a nuestra programación. Y, por supuesto, permanecer vigilantes y atentos ante el talento emergente.

Con respecto a la insularidad, nosotros trabajamos desde el convencimiento de que el FIMC es uno de los proyectos culturales que más contribuyen a la vertebración de nuestro territorio y desde la responsabilidad de llegar a todos los puntos de la geografía insular, ofreciendo propuestas de calidad y de interés para la ciudadanía. Esta es sin duda una de las mayores singularidades del festival. Creo que es algo que llama la atención y es especialmente apreciado tanto por nuestro público como por los artistas que participan en nuestra programación. Es cierto que implica retos importantes a nivel de logística y de producción. Pero creo que, por otro lado, es algo realmente especial, bonito, y que pone de manifiesto la identidad de lo somos, de lo que es Canarias y de lo que es el FIMC.

S.P.: En los últimos años se habla mucho de la necesidad de atraer nuevos públicos a la música clásica-contemporánea. ¿Qué cambios crees que deben producirse en la propia experiencia del concierto y de la programación?

S. R. M.: Desde mi punto de vista, buena parte pasa por entender los contextos en los que tiene lugar cada proyecto y por replantearnos la forma en la que nos comunicamos con los distintos públicos. Te diría que no sólo en lo que respecta a nuevos públicos, sino también en lo relativo a los públicos que ya asisten a aquellos programas en los que damos presencia a esa música “clásica-contemporánea”. En nuestro caso, esa relación con la nueva música se plasma de dos formas: por un lado, el FIMC tiene desde su tercera edición (hace casi ya cuarenta años) una relación con el fomento de la nueva creación. A lo largo de su historia se han producido numerosos estrenos de creadoras y creadores no sólo canarios sino también de otros puntos del territorio nacional, así como estrenos de autores de renombre internacional. Pensemos, por ejemplo, en que Berio llegó a realizar dos estrenos. También Sofia Gubaidulina o Karlheinz Stockhausen llegaron a estrenar en el FIMC; de otra parte, hemos querido dar un espacio específico a la música de nueva creación a través del Festival Contemporáneo, en el que, en tan sólo cinco años, hemos asistido a unos cuarenta estrenos absolutos. Además, el Contemporáneo ofrece la posibilidad de escuchar, de la mano de intérpretes de gran nivel, grandes “clásicos” de la música de los siglos XX y XXI que aún no se habían interpretado en Canarias. Creo que esta es una oportunidad fantástica para el público de las islas.

Pero volviendo a tu pregunta la comunicación es esencial. En ese sentido, una novedad de la VI edición es la implementación del ciclo #en diálogo, con el que pretendemos, en cooperación con distintas instituciones, poner en valor y dar a conocer las relaciones entre la música y otras áreas del conocimiento, sean estas otras disciplinas artísticas o científicas. Creemos que esto puede ser de enorme interés para la ciudadanía y que esos espacios comunes pueden atraer perfiles diferentes a nuestros conciertos y, al mismo tiempo, llevar gente de nuestros conciertos a los ciclos de los museos e instituciones con los que cooperamos. Con respecto a esto, en esta edición exploraremos las relaciones entre la música y la pintura, la neurociencia, las matemáticas, la arquitectura, la naturaleza y la astrofísica. Además, buscamos un formato de charlas con base científica pero divulgativas, breves en cuanto al tiempo y que dejen un espacio de micro abierto para la intervención del público asistente.

Como mencionaba, estamos trabajando ya en algunos formatos y proyectos a medio plazo, creados específicamente para niños y jóvenes. Y para ello hemos buscado la cooperación con otros agentes e instituciones. Creo que es algo que necesitamos incorporar en la programación no sólo del Contemporáneo, sino que también debemos recuperarlo en las programaciones del FIMC y del Festival Paralelo.

Nos importa también la manera en la que nos relacionamos con la gente y la participación del público. A este respecto, otra de las novedades que presenta esta VI edición del Contemporáneo ha sido la de abrir una encuesta a través de nuestras redes sociales, para que sea el público quien vote entre dos obras y nos ayude a terminar de cerrar los programas de los conciertos de las dos formaciones canarias que participan en esta ocasión: Ensemble Difracción y Ensemble Lothar Siemens.

Otra parte de nuestra estrategia con respecto a este tema tiene que ver con lo que te comentaba de los contextos. Es impensable plantearnos simplemente importar proyectos y conceptos que funcionan en otros lugares. Al menos no sin estudiarlos profundamente en relación a nuestro entorno, porque cada realidad social es diferente. Estamos abordando en este sentido distintas estrategias destinadas a conocer mejor a nuestros públicos, estrategias que nos den información útil sobre estos y sobre la eficacia de la manera en la que nos comunicamos con ellos. Por ejemplo, en el marco del Contemporáneo este año llevaremos, en colaboración con los proyectos y líneas de innovación cultural del Instituto Canario de Desarrollo Cultural (empresa del Gobierno de Canarias desde la que éste organiza el festival) un proyecto piloto para medir las respuestas físicas involuntarias de un pequeño grupo de personas no asiduas a la música clásica-contemporánea. Lo haremos con el equipo médico y de ingenieros de un instituto canario especializado en neurociencia. Nuestra idea es medir si estos parámetros pueden aportarnos información de relevancia, de cara a implementar investigaciones más profundas en el futuro para conocer mejor a nuestros públicos. En uno de los conciertos, con el Quatuor Diotima, nos gustaría indagar si ese mapeo emocional a través de electroencefalograma durante el concierto brinda diferencias notables entre personas a las que se les ha presentado previamente de forma didáctica el programa de concierto y personas que asisten al concierto sin información sobre el mismo; en otro concierto, a cargo del dúo conformado por Sofya Melikyan y Tanja Becker-Bender y que presenta, a propósito del centenario de Kurtág, un recorrido musical desde 1726 hasta la actualidad, pretendemos explorar a través del mismo mecanismo en qué medida la programación de músicas del Barroco, el clasicismo y el Romanticismo junto a música de creación actual tiene (o no) alguna relevancia en la manera en que un público no asiduo a la contemporánea percibe esta última. Es decir, en ver si esta combinación tiene algún tipo de influencia a la hora de que un público no experto sea más receptivo y tenga un mayor disfrute ante la escucha de la música de nueva creación.

En esta misma línea, pero de cara al FIMC y desde un ámbito ajeno a la neurociencia estamos trabajando con una consultora en la elaboración de cuestionarios que nos permitan conocer mejor a nuestros públicos y de su relación con nuestras propuestas de programa.

Por último, continuamos trabajando en la formación: en el marco del Contemporáneo colaboramos con el Conservatorio Superior de Música de Canarias y con los conservatorios profesionales de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife para acercar la música de nueva creación a sus estudiantes. En esta edición ofrecemos varias formaciones, una de ellas en un proyecto financiado gracias a la Agencia Estatal de Investigación y en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid.

S.P.: Tu perfil combina múltiples facetas: compositor, historiador, gestor cultural y docente. ¿Cómo dialogan todas esas áreas en tu biografía y práctica profesional?

S. R. M.: Mi apuesta a nivel personal siempre fue la música y, principalmente, la composición. Pero es cierto que a medida que vas recorriendo tu camino personal se van dando circunstancias de vida que te llevan a tomar decisiones y a explorar ámbitos que no te habías planteado inicialmente. Reconozco que hubo un tiempo en el que llegué a preguntarme si quizá “me había perdido”, pero llegó un momento en el que de pronto sentí que todas esas experiencias se integraban: todas se habían dado por alguna razón y hoy me siento muy satisfecho del camino recorrido y de los aportes de todos y cada uno de esos espacios. Si intentara resumirlo en unas pocas líneas, te diría que el haber estudiado historia (algo que me planteé inicialmente como paso previo a combinar el estudio de composición con el de musicología) ha contribuido enormemente a mi manera de entender en el mundo en el que vivimos, a mantener una mirada atenta y crítica sobre la realidad, el entorno y las transformaciones de las sociedades de nuestro tiempo; la composición es algo más personal, tiene que ver con una necesidad de expresarme, de comunicarme, con el reto de plasmar o desarrollar esas ideas de la forma más sólida y fiel posible a nivel técnico y con la experiencia de sumergirme en la escritura y, en ocasiones, de ”parar el mundo” para estar solamente en ese instante. Durante mucho tiempo sentí que definía lo que soy o buena parte de lo que soy; la docencia por su lado me ha dado también muchísimas cosas y es una actividad que me llena muchísimo. De alguna manera, potenció algo que ya me había dado el piano, que es esa habilidad para hablar y escucharte atentamente al mismo tiempo, manteniendo la tensión y la flexibilidad necesaria para modificar o modular el mensaje sobre la marcha. Me ha permitido además ser mucho más perceptivo, por la necesidad de estar en todo momento plenamente atento a lo que puede estar demandando cada grupo a nivel colectivo y cada estudiante a nivel individual. También me ha brindado la maravillosa experiencia de integrarme en grupos de trabajo y equipos educativos. Todo ello, ha enriquecido la manera en la que me comunico con los demás en los distintos contextos profesionales. Y la gestión cultural me ha dado una visión de la actividad cultural desde la otra parte, entender de una manera mucho más compleja todo el contexto, además de descubrir algo que realmente me apasiona y que se ha convertido en mi profesión actual: concebir, diseñar e implementar proyectos culturales. Los últimos tres años dentro del equipo del FIMC (del que ya formaba parte antes de asumir la dirección) me han permitido aprender muchísimo de mis compañeras, sobre todo en lo relativo a la producción de eventos de grandes dimensiones. Me siento muy orgulloso del equipo con el que trabajo. Aprendo cada día de ellas, de mis compañeras y compañeros de otras áreas que también se integran en el FIMC y que son vitales para el proyecto (comunicación, diseño, servicios jurídicos, administración…) y del entorno. Y me siento muy afortunado por ello y por tener la suerte de poder aprender cada día.

S.P.: Has desarrollado buena parte de tu trayectoria en Viena, tanto como compositor como impulsor del SUENA Festival für zeitgenössische iberoamerikanische Musik. Háblanos de todo ello.

S. R. M.: Bueno, llegué a Viena para estudiar composición y, un periplo que estaba previsto que durara cinco años, acabó convirtiéndose en una experiencia de casi dieciocho años. Y en dieciocho años, ocurren realmente muchísimas cosas. SUENA Festival für zeitgenössische iberoamerikanische Musik es una de las experiencias más recientes de mi larga etapa en Austria y una de las más bonitas y satisfactorias. Llega, de un lado, en un período en el que me siento algo desconectado de la composición y siento la necesidad de volver a acercarme a ella y, por otra parte, es un momento en el que siento una atracción y un fuerte impulso hacia la gestión cultural. Nace, además, de la observación de algo que para mí era una paradoja: un número cada vez más creciente de músicos iberoamericanos (intérpretes y compositores) dedicados a la música contemporánea que, por razones profesionales o de estudios acaban residiendo en Austria; combinada con un vacío programático en ese sentido, dado que dos festivales que habían existido hacía muchísimo tiempo en Viena ,“España Sol y Más” y “Spanien Modern”, ya no estaban en funcionamiento o no tenían la misma presencia que en épocas anteriores. En ese momento comienza a rondar la idea de poner en marcha un festival que aproveche lo que todos esos músicos pueden aportar, que tenga la singularidad de llevarse a cabo en Viena, que sirva de puente en las relaciones culturales entre Austria e Iberoamérica y, que, al mismo tiempo, ofrezca una propuesta programática singular y diferente dentro de la enorme oferta cultural que ya existe en ese entorno, que oferte algo que, salvo excepciones puntuales, sólo pueda escucharse en ese festival. Paralelamente a la concepción del festival, que implicaba todo (desde la posible financiación, hasta el nombre, pasando por el logo y otras muchas cuestiones), decidí dar un paso más y hacer un máster en gestión cultural. En medio me puse en contacto con varias personas para trasladarles la propuesta y tratar de formar un equipo: Alba Cruz, Maria Mogas y Dani Serrano son las personas junto a las que tuve la suerte de fundar y poner en marcha el festival. Más tarde se incorporaron Pablo Peula, Pablo Carpio y Pedro Berardinelli.

Una de las cosas más gratificantes fue ver cómo las políticas culturales públicas en Austria casaban perfectamente con la idea de festival que queríamos construir. Era algo que, para mí, y creo que para el resto del equipo también, nacía de una convicción absoluta: un proyecto puesto en marcha desde el tercer sector cultural iba de la mano y ayudaba al estado a implementar, dentro de nuestro ámbito, sus políticas culturales públicas: lo que fue la Nueva Agenda Europea para la Cultura, la Agenda 2030… Y esa claridad dio sentido y reforzó la estrategia de comunicación del proyecto. Recuerdo entrevistarme junto a Dani Serrano con algunos responsables de cultura a nivel local y estatal, y la sensación es que el proyecto tenía muchas posibilidades de ser apoyado. Y así fue. Otra de las cosas que teníamos claras era que un festival de este tipo no debía limitarse únicamente a la programación de conciertos, por mucho que esta fuera la actividad principal. Por eso, desde el principio, pusimos en marcha clases magistrales y charlas de carácter divulgativo o mesas redondas relacionadas, en lo posible, con el eje temático que intentábamos darle a cada edición.

Es un proyecto que nació “de la nada”, lo arrancamos desde cero. Y estoy muy contento de haber participado en su diseño, concepción y puesta en marcha. Realmente creo que es un logro el haber conseguido no sólo iniciarlo, sino que aún siga existiendo y que casi cada año hayan crecido los apoyos.

En julio de 2023, después de haber llevado la dirección artística durante las dos primeras ediciones y dejando diseñada buena parte de la programación de la tercera edición, me incorporé al equipo del FIMC y tuve que renunciar a Suena Festival por cuestiones de compatibilidad. En mayo de 2025 me compatibilicé para reincorporarme al proyecto, desconociendo por completo lo que el futuro iba a depararme meses después: mi nombramiento a finales de febrero de 2026 como nuevo director artístico del FIMC. Desde entonces estoy nuevamente desvinculado de ese proyecto, pero tuvo un papel importante para mí y supuso un enorme aprendizaje.

S.P.: Como compositor, háblanos de tu música, de tus influencias y estrenos más destacados.

S. R. M.: Sinceramente, soy de esos compositores a los que les cuesta o no les gusta demasiado hablar sobre su propia música. Por otro lado, como has visto, mi perfil es amplio y en muchos momentos esto ha significado verme casi obligado a darme pausas con respecto a la composición (algo que no siempre es lo mejor para alguien que escribe). Pero también sé que componer es algo que no voy a dejar de hacer nunca, por una mera necesidad personal. Aunque mi catálogo no sea excesivamente extenso, siempre tengo bocetos, ideas, estudios, apuntes... que es lo que hago cuando no me queda tiempo para sentarme realmente y escribir de principio a fin una obra.

De forma resumida, sí puedo decirte que siempre me ha obsesionado el fenómeno de la percepción. Durante mucho tiempo, estuvo muy enfocado a la percepción del tiempo y del movimiento y la cinética. Der verfolger (El perseguidor) fue una obra inspirada en el relato homónimo de Julio Cortázar y estrenada por Alba Cruz Batista y Noëmi Schwank, en la que lo que me interesaba era captar la singular percepción del tiempo que vivía el personaje principal del relato, John Carter. Otra obra en la que para mí está presente el tema de la percepción es todavía anterior Una realidad aparte (2008) estrenada oficialmente por Theresia Schmidinger (entonces clarinetista de Ensemble Platypus) en la sala Echoraum de Viena, y en la que partí de un acercamiento (probablemente bastante subjetivo) a los conceptos de nagual y tonal dentro de la cosmovisión de algunas culturas mesoamericanas. A nivel musical, de esa época recuerdo que me sentí muy influido por la manera en la que Harrison Birtwistle abordaba la temporalidad. También recuerdo que me interesaba mucho Jonathan Harvey, especialmente obras como Body Mandala o Bhakti. Y, por supuesto, un compositor cuya música y cuya forma de abordar la composición me ha marcado mucho es el que fuera mi profesor, Michael Jarrell. La manera, por ejemplo, en la que aborda la percepción en el proceso compositivo de Casandra, en la que creó un filtro que hacía de una especie de prisma, me pareció entonces muy sugerente. Pero también propuestas muy diferentes como la energía rítmica, la fricción textural y esa fuerza motriz continua característica de muchas de las piezas de Furrer (al menos del Furrer posterior a la escritura de Nuun) también han supuesto una influencia importante para mí.

Otra fase dentro de esa fijación por la percepción estuvo más relacionada con la semántica y los contextos. La experimentación con el uso de un mismo material o de un objeto sonoro en obras y contextos diferentes, su posible recepción y el hecho de que cobren un nuevo significado. Quizá Poema-Horizonte-Espacio influenciada por la poesía existencial de José Ángel Valente y estrenada por Alba Cruz y Anna Fernández vaya más en esa línea. La obra formó parte, además, de una de mis primeras experiencias dentro del ámbito de la gestión cultural: un concierto que ayudé a curar y que tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Viena en 2014. También en esa línea se desarrolla Fragmente, Skizzen und andere Abfälle… estrenada por el fagotista Robert Gillinger-Bushek en el Konzerthaus de Viena. Pero la obra con la que quizá más satisfecho estoy de mi catálogo, aún sin estrenar, es una miniatura cinética para saxofón solista y orquesta, inspirada en la serie “curvas activas” del pintor Felo Monzón y en los “juguetes del viento” de César Manrique, y que creo que recoge casi todos los intereses y pequeñas obsesiones de la época en la que realmente más activo o más centrado he estado en la composición.

En mis años como profesor en el Instituto Cervantes y la Universidad de Ciencias Aplicadas del BFI de Viena me acerqué a Chomsky y a las gramáticas generativas y, de ahí, a los sistemas de Lindenmayer. Esto es algo que, a día de hoy, todavía me interesa muchísimo. Fue en ese contexto como me acerqué realmente a la música de Alberto Posadas, que es otro referente importante.

S.P.: Para terminar, coméntanos tus próximos proyectos, ideas o curiosidades. ¿Qué esperas del futuro?

S. R. M.: Ahora mismo estoy plenamente centrado en el FIMC y enormemente entusiasmado con este proyecto, que no es precisamente pequeño en cuanto a alcance y a dimensiones. El volumen de trabajo es importante, pero la ilusión con la que la afronto es también enorme. En ese sentido, en estos momentos tengo todas mis fuerzas, en lo que al ámbito profesional se refiere, puestas en este proyecto, con un ojo en el presente más inmediato (la VI edición del Contemporáneo y las ediciones del FIMC y del Paralelo en enero-febrero de 2027 y otro puesto en los años venideros y en implementar todo aquello de lo que hemos venido hablando a lo largo de esta entrevista.

Del futuro espero poder hacer un buen servicio a la música, a la cultura y, a través de ellas, a la sociedad civil en su conjunto. Trabajo con una enorme vocación de servicio público y desde el pleno convencimiento de que la música y la cultura tienen muchísimo que decir de cara a la construcción de las sociedades del futuro.

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