Entrevista con la joven compositora onubense María José Arenas, en la que queremos desgranar sus principales facetas dentro de la creación.
Carmen Pineda Jorro: En primer lugar, muchas gracias por aceptar nuestra invitación y acceder a dedicarnos su tiempo para responder a esta entrevista. Se ha convertido en una de las compositoras de relieve en el ámbito nacional. ¿Cómo fue empezar a interesarse y adentrarse en el ámbito de la composición? ¿Qué le motivó a convertirse en compositora?
María José Arenas: Mi descubrimiento del mundo de la composición se produjo de una manera muy natural, muy orgánica. Comencé mis estudios musicales con cinco años a través del piano, por lo que puedo decir que empecé a leer música a la misma vez que textos. Así, a medida que pasaban los años, y con la llegada de asignatura de armonía, el lenguaje sonoro comenzó a tener un sentido contextual para mí, lo que me apasionó desde el primer contacto. Luego llegaron las primeras clases de composición con el profesor Francisco Martín Quintero en el Conservatorio “Javier Perianes” de Huelva y en ese momento supe que quería dedicarme a la composición. A partir de entonces cursé el Título Superior de Música en la especialidad de Composición en el Conservatorio Superior “Manuel Castillo” de Sevilla a la vez que la compaginaba con clases magistrales de compositores nacionales e internacionales. Y una vez terminada mi formación reglada, siempre he considerado a David del Puerto como mi maestro y a él acudo cuando necesito orientación o consejo.
C.P.J.: Con respecto al proceso de composición de sus obras ¿Cuál es su proceso creativo al componer la música? ¿Hay algún lugar o momento del día en el que se sienta más inspirada?
M.J.A.: Para mí hay dos tipos de compositores, los de mapa y los de brújula. Los de mapa son aquellos que necesitan tener hasta el mínimo detalle pensado antes de sentarse a escribir y los de brújula son aquellos que se dejan llevar por el discurso sonoro partiendo de un esquema poco o nada planificado de antemano.
Yo me considero “compositora de mapa” en cuanto a la organización de la obra, a veces excesivamente planificada. Desde el momento en el que recibo el encargo de una obra hasta que comienzo a escribirla pueden pasar meses, si los tiempos de entrega lo permiten. Durante ese periodo me dedico a pensar en diversos aspectos; desde la búsqueda de un “trampolín” o idea inicial -en la mayoría de los casos un texto literario, pintura, fotografía, concepto filosófico, etc.- hasta la materialización de esa idea en percepciones sonoras. Me ayuda mucho trabajar desde el concepto textural mediante la realización de dibujos; al principio muy difusos y, poco a poco, se van enfocando a través de mis decisiones musicales (texturas, alturas, ritmos, dinámicas, etc.).
El resultado es, como comentaba antes, un mapa o tablero en el que tengo resueltas la mayoría de las decisiones que debo tomar en la obra. Por supuesto, hay que ser flexible y dejar un margen de libertad al proceso de escritura en sí. Así, una vez que empiezo a escribir soy bastante rápida en plasmar el pensamiento en la partitura.
Con respecto al lugar o momento del día, no tengo una rutina establecida. Cada día es diferente y adapto el tiempo de composición en función de la agenda que tenga. Es difícil compaginar el trabajo de compositora con el de docente, además de las obligaciones familiares, especialmente en un país en el que las enseñanzas artísticas no contemplan que el docente, además, sea creador, y donde la conciliación familiar es una quimera. Aun así, con mucha organización, mucha voluntad -y pocas horas de sueño-, se consigue. Y sobre el lugar de trabajo, suelo hacerlo en mi estudio en casa, donde dispongo de instrumentos y bibliografía, no obstante, también suele variar en función del tiempo disponible. Mi forma de trabajar a través de mapas visuales me permite, una vez tomadas las decisiones, escribir casi en cualquier parte; me gusta mucho hacerlo en cafeterías, con el ruido ambiente de fondo, otras veces aprovecho tiempos muertos en el aula o en el tren. En este sentido sí me considero una “compositora brújula”.
C.P.J.: La música siempre ha sido un gran canal de comunicación universal, traspasa las barreras lingüísticas y es comprendida por todo el mundo ¿Cómo cree que la música puede ser una forma de expresar la identidad cultural y las experiencias personales?
M.J.A.: El proceso creativo está intrínsecamente unido a lo que somos como individuos y actúa como un filtro en el que se recogen todos nuestros pensamientos y emociones. Partiendo de esta premisa, todo lo que experimentamos a nivel sensorial o cognitivo va formando un caldo de cultivo del que surge la composición. Personalmente creo que es muy difícil disociar una cosa de la otra; cada individuo está marcado por el lugar en el que nace, su familia, amigos, profesores, experiencias e intereses, y esta es la clave para llegar a conseguir un “lenguaje personal” en el proceso de la creación.
Yo considero que haber nacido cerca del mar ha condicionado no sólo mi forma de ser, sino la de todo mi entorno, y esto marca desde la infancia. Además, pertenecer a una tierra como Andalucía, donde el flamenco o los carnavales están tan presentes, también constituye un condicionante. Con esto no quiero decir que mis influencias directas procedan de esas dos músicas populares, pero sí creo que constituyen un poso profundo que de alguna manera aflora en el proceso de creación, aunque sea de manera inconsciente.
Después, es indiscutible que la formación y experiencias musicales de cada uno van conformando el camino y van “haciendo callo” en la trayectoria como compositor. Es muy importante tener siempre “el lápiz caliente” y que todas las vivencias que experimentamos y que, de modo irremediable, nos van formando como personas queden reflejadas en nuestra música.
Por todo esto, es importante que la identidad musical del compositor sea reconocible pero también la evolución personal a través de la música. El ser humano es una transformación constante y esto debe reflejarse en la música. Decía el escritor Eloy Tizón que el proceso de escritura nos transforma a medida que escribimos una obra, y el escritor que empieza a escribir un libro no es el mismo que el que lo acaba. Llevado este pensamiento al terreno musical, estoy totalmente de acuerdo. Para mí el proceso de escritura ha sido sanador en muchas etapas de mi vida: soy una persona muy nerviosa, activa y con tendencia ansiosa, y creo que esa parte de mi carácter se aprecia en mis composiciones, donde predominan los ritmos rápidos, agresivos y con sonoridades especialmente tensas. Hace muchos años, durante mi etapa como alumna de piano, un profesor me dijo que interpretar a Mozart era como tocar desnudo, ya que “se nos veía todo”, las virtudes y los defectos pianísticos. En la composición pasa lo mismo; cuando expones una obra tuya al público estás exponiendo tu personalidad, tus virtudes, pero también tus defectos y tu propia vulnerabilidad.
C.P.J.: Centrándonos en su música y sus composiciones ¿Cómo describiría su estilo musical y qué influencias han contribuido a su desarrollo?
M.J.A.: Desde mi época de formación hasta ahora he pasado por diferentes etapas y he experimentado con diferentes recursos hasta encontrar un estilo en el que, a día de hoy, me siento cómoda. Para mí es necesario que la música que escribo sea una canal para expresar mis emociones, y creo haberlo conseguido a través del tratamiento del ritmo como elemento generador y sin dejar de lado la melodía. No obstante, a pesar de que son dos elementos básicos en mis obras, estoy abierta también al uso de técnicas extendidas cuando lo requiera el sonido que quiero expresar. Además, en las últimas obras estoy incorporando elementos electrónicos y me estoy divirtiendo mucho con ello. Es una experiencia sonora específica de nuestro tiempo y me siento muy a gusto en este campo.
Con respecto a mis influencias, son muchas y muy diversas. Tenemos la ventaja de vivir en una época en la que toda la música que queramos oír está al alcance de un “clic”, lo cual nos diferencia claramente de todos los compositores de épocas pasadas hasta fechas relativamente recientes. Internet nos permite acceder, de manera gratuita, a música de cualquier parte del planeta, lo que nos aporta una visión muy globalizada de las posibilidades sonoras, más allá de las influencias europeas o americanas.
Mis influencias no solamente provienen de repertorios clásicos o clásicos contemporáneos, sino que me alimento mucho de géneros como el rap o el rock. Recientemente, escribí una obra en la que se me pedía que estuviera basada en una diosa de la mitología japonesa y estuve muchos meses documentándome sobre los instrumentos de esta cultura, que es fascinante, usando de manera electroacústica estas sonoridades e incluso adquiriendo algunos de estos instrumentos para experimentarlos en primera persona. Tengo “muy buen estómago” para este tipo de músicas y estoy abierta a fusionarlas con mi propio lenguaje.
C.P.J.: Es evidente que, en el mundo de la composición, históricamente, hemos estado discriminadas por ser mujeres, es más, usted ha asistido a distintos seminarios de composición, siendo la gran mayoría de los asistentes hombres, como Mauricio Sotelo, Jesús Rueda, Tomás Marco, Cristóbal Halffter… ¿Esta condición le ha afectado en su día a día? ¿Su trabajo ha sido cuestionado o se ha podido sentir inferior en algún caso?
M.J.A.: Yo no he sido muy consciente de esta discriminación hasta que decidí realizar mis estudios musicales superiores de Composición. Ahí fue cuando me di cuenta de que el número de alumnas era muchísimo inferior que el de alumnos (en mi promoción fuimos 2 chicas solamente).
Una vez que entras en el circuito profesional de encargos y estrenos te das cuenta de la gran brecha existente entre las posibilidades según el género.
Hay una doble moral en este sentido: por un lado, está muy de moda el encargar/interpretar obras de mujeres en pro de la igualdad, pero, por otro lado, se da la paradoja de que todas actividades se realizan dentro de un programa o concierto especial para nosotras: “concierto de compositoras”, “obras de compositoras”, “concursos para compositoras”, “charlas de compositoras” como si constituyéramos un universo aparte. Con esto, muchos festivales o programadores se consideran inclusivos, pero pienso que no es así. Personalmente, puedo afirmar que el 80 % de mis actividades se realizan bajo estas características y esto me deja siempre un sabor amargo; por un lado, me dan la oportunidad de poder dar a conocer mi música, algo por lo que me siento agradecida y afortunada, pero por otro lado te planteas si estás en ciertos programas por tu calidad artística o por ser mujer. Esto para mí no es igualdad ni feminismo; la verdadera igualdad (que es lo que considero el término feminismo) reside en el mismo tratamiento hacia las obras de mujeres y hombres, que el trabajo entre creadores de diferentes sexos siempre se realice de la mano, nunca delante ni detrás.
Es necesario plantear la igualdad de una manera mucho más natural; programas donde se combinen otras de compositores y compositoras, charlas y conferencias mixtas, etc., y que la notoriedad de la carrera de un/a compositor/a resida en su calidad artística y no en su género.
C.P.J.: Además, siguiendo en esta línea sobre las mujeres compositoras en la historia de la música, usted ha sido incluida en el libro “Compositoras españolas: la creación musical femenina desde la Edad Media hasta la actualidad”, además ha participado en la creación de un libro de análisis musical, donde se recoge el trabajo de 15 compositoras y también ha formado parte del “Taller de mujeres compositoras”, que se realiza durante el Festival de Música Española de Cádiz. ¿Cuál es el fin principal de su participación en estas actividades? ¿Crear modelos de mujeres compositoras para futuras generaciones? ¿Ensalzar la figura de la mujer dentro de esta disciplina?
M.J.A.: El principal objetivo es buscar la visibilidad, ya que no la tenemos de otro modo. El Taller de Compositoras del Festival de Cádiz, el único de estas características que tenemos en España, surgió con ese objetivo y después de más de veinte ediciones puede presumir de haber dado voz a muchas compositoras y encargado decenas de obras en estos años. Además, en acuerdo con el Centro Nacional de Difusión Musical, se ha conseguido que forme parte del circuito nacional, por lo que las obras encargadas no sólo se interpretan en Cádiz, sino que suenan en diferentes ciudades de la geografía española. Este taller es muy necesario y yo estoy muy agradecida por formar parte de él desde hace ya quince años y haber podido trabajar con intérpretes de la talla del Trío Arbós o Neopercusión, pero como comentaba antes, ojalá un día deje de ser necesario y se nos incluya en la programación general, y no como algo aparte.
C.P.J.: Por otra parte, ¿Usted cree que nos favorece escribir obras/libros exclusivamente de mujeres? ¿Tienen la misma repercusión que lo escrito por hombres?
M.J.A.: En la misma línea de lo ya dicho, es necesario para darnos visibilidad, pero no creo que nos favorezca, ya que nos aleja del hombre más que equipararnos a él.
C.P.J.: Para terminar, y si nos lo puede revelar ¿va a participar próximamente en algún evento u obra que esté relacionado con esta cuestión de género?
M.J.A.: En estos días estoy trabajando en una obra que se estrenará en las Xornadas de Música Contemporánea Santiago de Compostela 2024 con la JONDE en junio. Se titula El Aljibe y está basada en el relato homónimo de la escritora argentina Mariana Enriquez. Mariana es una escritora extraordinaria, con un tremendo oficio de la escritura y está especializada en la escritura de terror, pero un terror no convencional, es decir, se aleja de las historias de fantasmas y espíritus habituales para adentrarse en los miedos cotidianos que todos podemos sufrir en nuestra vida diaria: inseguridades, ansiedad, depresión, condicionantes sociales, etc.
El Aljibe habla de eso, de los miedos que sufre Josefina a lo largo de toda su vida y que son heredados de sus familiares más directos, su madre y su abuela, y enmarcados en una serie de creencias religiosas y mágicas que se producen en una determinada zona geográfica: Corrientes (provincia de Argentina). Se trata de un cuento construido de manera magistral donde todos los elementos se van hilando de una manera muy inteligente y esto me está permitiendo construir un discurso sonoro perfectamente articulado y con una estructura muy clara. Además, estoy en contacto con la autora, que está encantada con la idea y con la que puedo intercambiar impresiones sobre el relato, y esto lo hace doblemente enriquecedor.
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